Ignacio Calatayud: “En África todos los días muere gente por caries”

Por: Javier Sánchez Salcedo - 10/05/2017
La estancia en un centro sanitario en medio de la selva de Camerún cambió su modo de ver la profesión. Este dentista madrileño de 47 años es uno de los impulsores de Dentalcoop, una asociación que asiste a poblaciones donde no hay servicio odontológico.

 

 

 

Ignacio Calatayud el día de la entrevista / Foto: Javier Sánchez Salcedo

¿En qué momento te planteas ser dentista con un enfoque altruista?

En 2003 estuve en Camerún durante un mes, con un hermano de San Juan de Dios que llevaba cuarenta años allí y había creado una estructura médica estupenda en medio de la nada con el primer equipo de radiografía panorámica de toda África occidental. Ese viaje me hizo un clic.

¿Fue el comienzo de Dentalcoop?

Un grupo de dentistas con inquietudes parecidas, que habíamos hecho experiencias de voluntariado en Ghana, Guinea Ecuatorial y Camerún, conectamos y empezamos a crear una red que facilitaba que otros compañeros se fueran sumando y se acercaran para recibir también ese clic de realidad en África. Y fuimos creciendo. A día de hoy movemos todos los años a más de 100 voluntarios en Camerún, Guinea, Kenia, Etiopia, Senegal, Gambia, Haití y Sáhara Occidental.

¿Qué hacéis cuando viajáis?

El 90 por ciento del trabajo es dar asistencia odontológica en lugares donde nunca, o casi nunca, hay acceso a un dentista. Camerún tiene aproximadamente 25 millones de habitantes y solo 100 dentistas. Hay zonas del país donde jamás ha llegado uno. En España hoy no se muere nadie por una caries. En África se mueren todos los días. Pero sobre todo, el sufrimiento que tiene la gente a propósito de la boca es enorme. Cuando vamos, trabajo nunca falta. Estuvimos en Zimbabue y trabajábamos desde las siete de la mañana a las siete de la tarde sin agua corriente ni electricidad. Cuando ya no había luz todavía quedaban más de cien personas esperando.

¿Cómo os reciben estas personas?

Están acostumbrados a sufrir mucho con la boca y a que, cuando se la tocan, sufran más todavía. Por eso los primeros días suele haber poco trabajo, porque no se fían. Esperan a que vengan los primeros a ver qué tal. Pero el último día de trabajo estamos siempre desbordados. Ven que es una oportunidad. Piensan que si no vienen y se limpian la boca, como ellos dicen, que a lo mejor implica quitarse todos los dientes y dejar de sufrir, no tendrán otra oportunidad hasta dentro de varios meses, un año o dos.

¿Os apoyáis en gente de allí?

La nuestra es una especialidad muy fácil de implementar. No necesitamos grandes medios. Con una camilla, una silla, instrumental y una cadena de desinfección adecuada es suficiente. Pero podemos hacerlo gracias a las contrapartes locales. En la mayoría de los casos vamos a centros de salud llevados por misioneros, que tienen una forma de trabajar muy seria. Para mí son los auténticos héroes de la Iglesia católica.

¿También dais formación?

En cada viaje intentamos aportar formación. Es de las actividades que más huella pueden dejar. Y otra de las áreas que trabajamos mucho, que es la base, es la prevención, con medidas de higiene bucodental en casa y en las escuelas, o el control de la dieta. Hay algo curioso en África. Los países menos desarrollados suelen tener unos índices de caries muy bajos. Con el desarrollo en muchos de estos países, normalmente impulsado por la comunidad china, además de carreteras y puentes también traen dulces, un producto que no conoce el africano medio. Por otro parte hay costumbre entre muchas ONG y voluntarios de llevar chuches a los niños. En lugares donde no hay conciencia de prevención ni asistencia sanitaria adecuada estamos introduciendo factores dietéticos muy nocivos, una bomba de relojería para la salud general de esos niños que les puede llevar a la muerte. En el Sahara Occidental tenemos un gran problema con el té. Toman muchísimo y muy azucarado. Incluso la leche entera que consiguen en Argelia lleva azúcar.

Ignacio Calatayud el día de la entrevista / Foto: Javier Sánchez Salcedo

Tus últimos viajes han sido al Sahara. ¿Cómo es la situación que te has encontrado?

Había oído hablar de los campamentos de refugiados saharauis que están en Tinduf, Argelia, y del Sahara Occidental ocupado por Marruecos. Una realidad que todo el mundo conoce en España por la ayuda internacional que llega y los niños saharauis que vienen en verano a familias de acogida. Pero desconocía que hay un tercio del territorio que está controlado por los saharauis, llamado por ellos liberado, y separado del Sahara ocupado por un muro de 2.000 kilómetros rodeado de minas. Es una zona absolutamente abandonada donde la cooperación internacional no llega. Habrá entre 10.000 y 20.000 nómadas sin apenas asistencia. Solamente dos veces al año se traslada hasta allí una comisión médica saharaui con varios especialistas. Un amigo montó la primera clínica dental, en el Hospital de Tifariti, y desde entonces en tres años hemos hecho ya 14 grupos que han ido a ofrecer asistencia.

¿Es suficiente?

Tifariti es una localidad que está a 450 kilómetros de los campamentos de refugiados. Se tarda diez horas en llegar a través del desierto. Hay un hospital prácticamente abandonado con una ambulancia, un enfermero y un médico saharaui que pasa estancias de uno o dos meses. Si la ambulancia no está disponible, no hay posibilidades de traslado. El año pasado, mientras estábamos allí, un Land Rover atropelló a un niño de cuatro años que murió en el hospital. Si se le hubiera podido trasladar en dos o tres horas a Tinduf, habría habido posibilidad de salvarle. Esa es la realidad que vive una parte del pueblo saharaui en una zona olvidada de la que nadie, ni los medios de comunicación, hablan.

¿Por qué te metes en esto?

Me lo tomo como una responsabilidad, una obligación. Si yo he tenido la suerte de nacer donde he nacido y se me ha dado lo que tengo, tengo que devolver algo.

Pero no es habitual. Requiere valentía y cierta sensibilidad.

Es mucho más fácil de lo que parece. Todos podemos. En Dentalcoop ponemos fácil que la gente se acerque.  No que se impliquen y se comprometan. Simplemente que se acerquen a verlo y tocarlo. De cada diez personas que vienen, a ocho les da ese clic, uno se compromete hasta la médula y otro no quiere saber nada de esto. Yo se lo aconsejo a todo el mundo porque te hace ver las cosas de otro modo.