La paz y sus mil luchas

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Mozambique elige presidente en medio de numerosas incertidumbres
El presidente mozambiqueño, Filipe Nyusi, opta a la reelección, y lo hace en un momento intenso y complejo para el país austral. La lista de temas susceptibles de llevar a Mozambique a las primeras páginas de la actualidad no es precisamente corta.

Un acuerdo de paz que pretende ser histórico; la recuperación tras los ciclones Kenneth e Idai, que provocaron «la peor catástrofe natural de la historia del hemisferio sur»; la crisis de la deuda vinculada a uno de los mayores casos de corrupción conocidos, pendiente de resolución por parte de la justicia –con pugna con EE. UU. incluida–; la violencia, de corte yihadista o no, en la provincia norteña de Cabo Delgado; la problemática situación económica a la espera de la explotación del mayor yacimiento de gas descubierto en las últimas décadas; o la reciente visita del Papa Francisco. Si no sale Mozambique en los telediarios no será porque no pasen cosas.

Acuerdo de paz

El Acuerdo de Paz de Roma puso en 1992 fin a 16 años de guerra civil entre la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo) y el Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) abriendo un período de cierta estabilidad. Los dos grupos se convirtieron en partidos políticos, pero la RENAMO conservó una rama armada que ha mantenido una guerra de baja intensidad con los cuerpos del Estado, monopolizados por el Frelimo. Este verano, primero con el Acuerdo para el Cese de las Hostilidades, firmado en Gorongosa, bastión de la Renamo, y después con el Acuerdo de Paz y Reconciliación, en una ceremonia en Maputo, las partes han alcanzado un nuevo acuerdo que debería ser definitivo. La guerra «invisible» amenazaba con convertirse en abierta, especialmente durante los encontronazos que se produjeron entre 2013 y 2016, tiempo en el que se iniciaron unas conversaciones que ya no se interrumpieron, pese a la muerte del líder de la Renamo, Afonso Dhlakama. Su sucesor en la formación, Ossufo Momade, y el presidente mozambiqueño, Filipe Nyusi, fueron los protagonistas del acuerdo. Este último destacó que se trataba del primer acuerdo nacido como resultado de una negociación directa, y recordó su reunión con Dhlakama en las montañas de Gorongosa hace dos años. Momade habló de la necesidad de que hubiera una contienda política a nivel nacional y de que Mozambique siga siendo un país único e indivisible.

Tras la firma, Nyusi promulgó una ley de amnistía y, esa misma semana, miembros armados de la Renamo comenzaron su desarme, cumpliendo parte del acuerdo que contempla su integración en los cuerpos armados. Se espera que 5.200 combatientes abandonen las armas.

Filipe Nyusi y Ossufo Momade se abrazan tras la firma del acuerdo de paz. Fotografías: Getty

Sin embargo, ya han surgido algunas dudas. A los dos días del acuerdo, el portavoz de la Renamo, Jose Manteigas, denunció que decenas de militantes de su partido habían sido hostigados por miembros del Frelimo y la policía en distintas partes del país. Además, miembros relevantes de la Renamo se han desmarcado del trato y durante las últimas semanas se han producido acciones de guerrilla en algunas carreteras. Consultado por MUNDO NEGRO, João Mosca, director del Observatorio del Medio Rural de Mozambique (OMR), ha señalado que el grupo escindido demanda que la reintegración de los combatientes no se limite solo al Ejército, sino que también se produzca en todas las fuerzas policiales; además de una mayor atención económica y social para los soldados y las zonas de las que son originarios. Claudio Zuccata, de la Sociedad de Misioneros de África, dijo a FIDES que este acuerdo permitirá que las elecciones se celebren pacíficamente.

Elecciones y economía

Para las elecciones del próximo 15 de octubre no se espera nada distinto a una victoria del Frelimo, frente al que concurrirán la RENAMO, con Ossufo Momade, y el Movimiento Democrático de Mozambique (MDM) de Daviz ­Simango. Este último, que ha adquirido una mayor presencia pública tras los ciclones Idai y Kenneth, ha pedido el voto apelando a la liberación de un Estado «capturado» por el partido del Gobierno. No obstante, será el tercero en discordia, lejos de las dos históricas formaciones, aunque puede tener alguna importancia en la provincia de Sofala. Por su parte, el partido de Momade se impondrá probablemente en Nampula y Zambezia y disputará otras tres o cuatro provincias. Los tres partidos se han comprometido a no fomentar la violencia en las elecciones. Sin embargo, las cosas no van todo lo bien que podría esperarse. Junto a las acciones provocadas por los renamos reacios al acuerdo de paz, se han producido protestas por parte de Momade, que acusa al partido de Nyusi de impedir su campaña en algunas zonas del país, por lo que ha pedido una interlocución directa con el presidente. João Mosca cree que, aunque puedan surgir situaciones de inestabilidad durante las elecciones, en la mayoría del territorio discurrirán con normalidad dado que los disidentes de la Renamo que se han desmarcado del acuerdo están muy concentrados y no tienen capacidad logística para extenderse más allá de sus feudos.

Al cierre de esta edición coleaba el tema de la aglomeración en un acto electoral de Nyusi en Nampula que había provocado la muerte de diez personas y casi un centenar de heridos. Parte de la prensa local ha acusado a la guardia presidencial, responsable de la seguridad del acto, en un enclave en el que el Frelimo no gana desde 2008. En Carta de Moçambique inciden en que no han circulado imágenes del momento del accidente.

Los indicadores de Mozambique lo sitúan en los últimos puestos de la tabla, y la tendencia estos años ha sido peor de lo que se prometía hace una década. El azote de los ciclones Idai y Kenneth ha provocado que algunas zonas, como la ciudad de Beira, necesitarán cinco años para recuperarse (ver MN, junio 2019, p.13). Los problemas sobrevenidos han dejado patente una estructura económica volcada hacia fuera que no responde a las necesidades del mercado interno mozambiqueño, en un país en el que la mayoría de la gente sobrevive gracias a la agricultura familiar. La debilidad del Estado, víctima de una crisis de deuda y del descrédito internacional, se concretó al destaparse en 2015 un escándalo de corrupción acaecido durante la presidencia de Armando Guebuza. Miembros del Gobierno y de dos bancos, uno suizo, Credit Suisse, y otro ruso, VTB, acordaron utilizar empresas públicas y contrajeron deudas por valor de más de 2.000 millones de dólares. Los inversores internacionales volaron entonces, dejando al Estado sin recursos y con una deuda difícilmente pagable.

En relación con el caso, Sudáfrica detuvo a Manuel Chang, exministro de Finanzas. La Justicia del país vecino podría decidir en las próximas semanas si lo extradita a Mozambique o a EE. UU., que también lo pretende. La Fiscalía General preferiría juzgar a Chang en Mozambique, lo que serviría para aumentar la credibilidad del país. Frente a esa posición, en la calle no faltan los que dudan de la Justicia y manifiestan su deseo de que sea juzgado en el país norteamericano.

En los últimos meses, las instituciones mozambiqueñas han detenido a una veintena de implicados. «Durante cuatro o cinco años el tema estuvo encima de la mesa y la Justicia no hizo nada. Ahora se han empezado a mover, pero se puede sospechar también como una maniobra electoral del Frelimo ya que el sistema judicial está tomado por el partido», explica Mosca desde Maputo.

Así las cosas, para algunos la esperanza está en los yacimientos de gas descubiertos en el norte del país y en su capacidad para atraer inversiones. Se trata de una de las más importantes reservas sin explotar, pero se encuentran alejadas de la costa, lo que complica su rentabilidad a corto plazo.

Un hombre pasa delante de un muro con propaganda electoral. Fotografía: Getty

Violencia y visita papal

En la misma región, Cabo Delgado, han surgido brotes de violencia protagonizados por Al Shabab, un grupo yihadista local que no guarda relación directa con el grupo homónimo que opera en Somalia. Se sabe poco de la naturaleza de estos ataques y, aunque haya un componente yihadista, podrían tener además otros orígenes relacionados con la delincuencia y el control de las redes de narcotráfico. En todo caso, se aprovechan de un Estado extremadamente frágil en la zona. Según Mosca, hay mozambiqueños que han estudiado en Arabia Saudí y Sudán y, tras su regreso, se han podido movilizar con ese componente de fanatismo religioso, «pero no es descartable que, incluso, haya élites que quieren mantener un Estado debilitado en la zona para controlar los corredores de droga, piedras preciosas o marfil». Se trata de una zona cuya población es pobre y sufre problemas de ocupación de la tierra y de acceso a los medios, así como ciertas tensiones étnicas.

Con estos escenarios, el Papa visitó Mozambique en septiembre. La llegada de Francisco se vio como un gesto que puede ayudar a la consolidación del proceso de paz. Así lo dijeron políticos de distinto signo en los días previos a su llegada. Ossufo Momade señaló durante la firma del acuerdo en Maputo que Francisco llegaba en un buen momento para «purificar» los corazones de los dirigentes. Por supuesto, se especuló con la utilización electoralista que, sobre todo por parte del Gobierno, podría hacerse de la visita. «No parece que se haya hecho una utilización descarada hasta el momento», comenta Mosca. En definitiva, Francisco llegó a un país con problemáticas varias que, en su mayoría, no se resolverán a corto plazo.

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