Recrudecimiento de los ataques en el norte de Mozambique

en |


Desde principios de año no han dejado de avanzar y ganar terreno. Estos días circula un vídeo por redes sociales donde algunos jóvenes milicianos aseguran estar en el distrito de Macomía, a unos cien kilómetros de Pemba, la capital de provincia; mucho más cerca de lo que se pensaba.

La afirmación no ha podido ser verificada, pero lo cierto es que, por ahora, parecen imparables en su marcha. Se trata del grupo islamista que opera en la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique.

Ahlu Sunnah wa Jammah, como se hacen llamar, comenzó como una secta islamista en 2014 y en 2017 tuvieron su primera escaramuza con la Policía al atacar el puesto de Mocimboa da Praia. Desde entonces han actuado intermitentemente, pero en los últimos meses parece haber regresado con fuerzas y determinación.

Aunque no hay confirmación oficial, algunos analistas piensan que el grupo está afiliado al Estado Islámico a través de su Provincia de África Central (ISCAP). Las fotos tomadas por satélite tras el ataque a Quissanga que tuvo lugar el pasado 25 de marzo, muestran a hombres enmascarados en uniformes de combate junto a la bandera negra del ISIS. Esta organización también difundió un vídeo donde afirmaba que el Ejército mozambiqueño se habría retirado de Muidumbe tras un duro combate con sus fuerzas. Posteriormente, han vuelto a entrar en Mocimboa da Praia en la que hasta ahora ha sido la operación más importante del grupo con un ataque combinado por tierra y mar que destruyó muchas de las barcazas que se utilizan para desembarcar materiales utilizados en la construcción de las infraestructuras de explotación del gas descubierto en la región. La última incursión registrada data del domingo 12 de abril y tuvo lugar en la isla de Ibo, en el archipiélago de las Kurimbas.

Algunos observadores dicen que los insurgentes utilizan las mismas tácticas que usó  Renamo, el grupo guerrillero y luego partido de la oposición, en los años 80: rodear las poblaciones mientras cortan las líneas eléctricas y los suministros de agua en zonas rurales, que son más difíciles de vigilar, pero dejan fuera de su estrategia a las grandes ciudades.

Preocupa que haya indicios de que algunos miembros de las fuerzas de seguridad apoyan a los insurgentes. Según las redes sociales, el ataque a Mocimboa de Praia estuvo dirigido por Daitão Jamal Tevula, un exoficial de los marines que recientemente habría desertado para unirse a los insurgentes.

Otro de los temores se basa en que los terroristas estarían ganándose el apoyo de la población local a medida que esta pierde su fe en el Gobierno y en las fuerzas de seguridad. Y trabajan fuerte para lograrlo: tras la segunda captura de Mocimboa da Praia, los insurgentes saquearon bancos y tiendas y entregaron el dinero y los alimentos a los residentes, muchos de los cuales les vitorearon, señalan varias informaciones locales. Estas fuentes también afirman que cuando el Ejército retomó la ciudad al día siguiente, varios civiles fueron golpeados en represalia por el apoyo dado a los rebeldes.

Desde un primer momento, el Gobierno mozambiqueño optó por la fuerza para reprimir la rebelión: cientos de personas han sido arrestadas y algunas mezquitas cerradas e, incluso, alguna destruida. Se apunta a que se han contratado mercenarios para apoyar al Ejército en sus funciones. También los veteranos de guerra se habrían organizado para hacer frente a los islamistas.

Los miembros de Ahlu Sunnah wa Jammah son en su origen jóvenes marginados, prácticamente sin educación y desempleados. A ellos se han unido jóvenes migrantes que buscan una oportunidad en la vida y líderes religiosos educados fuera del país, especialmente en Arabia Saudí y otros países del Golfo. Los expertos indican que el surgimiento de este grupo es muy similar a la de Boko Haram en el norte de Nigeria. Empezó como una secta religiosa para, luego, transformarse en un grupo armado. Al igual que los islamistas del oeste, los mozambiqueños tienen como objetivo imponer la sharia, o ley islámica, de ahí su constante ataque a cualquier símbolo de la presencia del Gobierno (como pueden ser las escuelas, el sistema de salud o la ley), pero todavía no se conoce que haya hecho ninguna reivindicación política.

La duda que suscita este grupo es que su surgimiento coincide casi con el descubrimiento de las grandes reservas de petróleo y gas en la región.

Como en tantos otros conflictos, cuestiones económicas, religiosas y de seguridad están detrás del surgimiento de este grupo. La  provincia de Cabo Delgado cuenta con 2,3 millones de personas, el 58% de las cuales son musulmanas. En la última década, se descubrieron en ella enormes depósitos de petróleo y gas, que son explotados por compañías extranjeras y que dejan pocos beneficios en la zona. Gran parte de su población vive en la pobreza y los jóvenes se quejan de la falta de oportunidades.

Son estas causas que se hallan en la raíz de esta insurgencia las que deben atacarse junto o antes incluso que la respuesta militar. Como en otras partes de África, esta solo consigue que la población local se decante por los insurgentes, lo que no ayuda a poner fin al conflicto.

Colabora con Mundo Negro