«Sudáfrica necesita una catarsis para acabar con la corrupción»

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Hablamos desde Johannesburgo con Oscar van Heerden, analista político y miembro del CNA. Autor del libro Two minutes for midnight (2020)

Tres años le ha costado al presidente sudafricano empezar a hacer limpieza. Cyril Ramaphosa ganó las elecciones internas de su partido para ser el candidato que en 2019 se pondría al frente del país del África austral, comprometiéndose a combatir una corrupción que en la actual situación económica del país es todavía más flagrante. Analizamos con Oscar van Heerden, miembro del Congreso Nacional Africano (CNA) y analista en el periódico Daily Maverick, la situación del partido más antiguo del continente.



¿Está viviendo el CNA una confrontación más?

No, es un momento importante. El origen de la situación actual está en la conferencia de 2017, el pequeño margen con el que Ramaphosa ganó y que hacía inevitable una presidencia precaria y muy contestada, con sucesivas batallas políticas. Ramaphosa ganó a Nkosazana Dlamini-Zumala –expresidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA)–, candidata del entonces presidente, Jacob Zuma, quien permaneció en el poder. Ocurre desde siempre, se elije a un presidente mientras que otra persona al frente del partido, optará a las elecciones generales, por lo que se constituyen dos centros de poder. Entonces se pide a la persona que está al mando de la república que dimita para tener un único presidente en el partido y el país. No es un buen mecanismo porque crea tensiones. Fue lo que ocurrió con Zuma, al que tuvieron que forzarle, pero dimitió.

Y hoy ha crecido esa tensión al ponerse sobre la mesa los casos de corrupción.

En la gran guerra en el CNA para que Ramaphosa fuera el candidato en las elecciones de 2019, el actual presidente hizo una promesa a los votantes: «Voy a limpiar…, voy a asegurarme de terminar con la corrupción». Y eso significa empezar a aislar a ciertas personas en su propio partido, asegurarse de que son acusados y de que llegan a la justicia, lo que ha generado tensiones y problemas políticos, porque aquello se vio como si una facción del CNA quisiera enviar a la otra a la cárcel, y empezaron a pelearse. Uno de los protagonistas es el secretario general del CNA, Ace Magashule, quien cuando era primer ministro de la provincia de Free State, parece que cometió fraude en varias ocasiones, como por ejemplo con las ayudas que recibió para sustituir antiguos tejados de amianto, que son peligrosos para la salud, en viviendas de protección social.  El asunto llegó a la justicia y el fiscal general empezó a investigar y le acusó de negligencia en sus responsabilidades. En el momento en que le acusaron, el CNA le dijo que no podía seguir como secretario general, entrando y saliendo del tribunal desprestigiando el nombre el partido. Le pidieron que se apartara del cargo (aplicando la norma del «step aside» –apártese–) y resolviera sus asuntos para regresar si resultaba inocente.

Oscar van Heerden, analista político y miembro del CNA.
El caso de Magashule está vinculado con el del expresidente Zuma, que este lunes vuelve a sentarse en el banquillo para retomar unas acusaciones que se remontan a hace 15 años.

Está relacionado porque en 2018, antes de que Ramaphosa llegara a la presidencia del país, el exmandatario Jacob Zuma estableció una comisión para investigar el tema de la “captura del Estado” (se considera como una forma ilegítima de apropiación de lo público) y la corrupción en el Gobierno. Esta fue una de las primeras comisiones que se establecieron con este fin en África. Lo que está saliendo en la comisión no es solo corrupción en el Gobierno, sino también en el sector privado, también está arrastrando a los bancos, las empresas… Es una catarsis que necesita el país. Estamos intentando desmarcarnos de la trayectoria tradicional de los Estados africanos poscoloniales, que caen en un completo caos por la corrupción… Queremos ser capaces de contenerlo y, aunque no se llegue a la erradicación de la corrupción, al menos poner en marcha mecanismos e instituciones capaces de gestionarlo de forma efectiva.

¿Por qué va a ser Sudáfrica diferente?

Porque estamos hablando, lo hacemos de forma abierta, pública, todo el mundo está implicándose, en el radio, la televisión, debatiendo, la gente está participado y adquiriendo un compromiso público. Se espera que haya detenciones, y las habrá, aunque no para todos, porque la política es siempre algo muy contestado. Habrá cargos simbólicos, unos pocos que irán a la cárcel, pero lo importante es el principio, que los sudafricanos vean que no estamos barriendo y metiéndolo debajo de la alfombra. Se está investigando a las organizaciones, deteniendo a gente… Los medios hablan solo de los grandes nombres, pero están pasando muchas cosas. Hay empresarios medianos, de bajo perfil, que están respondiendo ante la justicia por todo tipo de escándalos…

¿No parece que todos los dirigentes del CNA estén remando hacia el mismo lado en la lucha contra la corrupción? Al ser acusado y suspendido del cargo, Magashule anunció que suspendía al propio presidente.

El secretario general está suspendido. No es la primera vez que se suspende a un miembro del partido, pero nunca había sido a un cargo tan alto ni había reaccionado así. El Comité Nacional Ejecutivo tomó la decisión de suspenderlo y le pidió que abandonara el puesto antes de 30 días. No lo hizo y le han suspendido.

Pero su salida ha estado marcada por las amenazas e incluso el chantaje hacia algunos miembros contra los que ha lanzado alegaciones de corrupción.

La carta en la que suspende al presidente Ramaphosa y la entrevista en una televisión pública hizo que llegara al límite, por lo que se puede enfrentar incluso a la expulsión del partido. Está claro que lo que pretende es sembrar la división en el CNA porque ha ido muy lejos al acusar al presidente e intentar limpiar trapos sucios. Este comportamiento desquicia al CNA.



Aquí y en la imagen superior, Constitucional Hill, donde estaba la antigua cárcel, hoy reconvertido en el Tribunal Supremo, máximo baluarte de la Constitución y la democracia del país. Fotografía: Carla Fibla García-Sala


¿Quién le protege?

Los que se encuentran en una situación similar, con cargos criminales o de corrupción ya a sus espaldas.

¿Y el expresidente Zuma?

Absolutamente, le apoya, siempre han estado juntos y reaccionan igual. Zuma cree que es la gran víctima, que todo el mundo está conspirando contra el gran Jacob Zuma. Escribí un artículo recientemente para contar a los sudafricanos que es poco probable que Zuma pase un día en prisión.

¿Por qué?

Porque es el antiguo presidente del CNA, de la República. Siempre hay cierta controversia, cosas que no se hicieron bien… Todos los presidentes tienen puntos negros, como ahora con la gestión de la pandemia causada por la COVID-19. Es complicado meter a un expresidente en la cárcel porque se enviarán señales equivocadas. Creo que el sistema judicial le encontrará culpable por algunos de sus crímenes, pero es poco probable que el CNA permita que entre en prisión.

¿El CNA está por encima de la justicia?

El CNA es el que gobierna y es probable que el presidente le perdone.

Pero, ¿no es necesario que Zuma entre en prisión para que Sudáfrica demuestre que, como explicaba antes, es diferente?

El hecho de que esté apareciendo en el tribunal ya lo hace diferente. Pasará por lo que llamo «el camino de la vergüenza», lo tiene que recorrer, porque lo que hizo al país es inaceptable. Debe ser ridiculizado y avergonzado, pero de ahí a entrar en prisión, tengo mis dudas. Habrá una presión enorme sobre el presidente actual para perdonar a Zuma. Si pasa más de un día o dos, me sorprendería mucho. Desde 1994, Sudáfrica ha demostrado que es un país único donde se ha pedido a presidentes que se vayan y lo han hecho, como pasó con Mbeki o Zuma. Eso no ocurre en otros países del mundo occidental.

Siempre que todo esté supervisado por al poderoso CNA.

Es un sistema proporcional en el que el partido decide quiénes son los representes públicos, quién va al Parlamento, quién está en el Legislativo, quien será el presidente… Esto sitúa al partido en un lugar muy interesante, porque cuando el CNA les dice a esos individuos, incluido al presidente, «no estás haciendo un buen trabajo», es el partido el que también lo recuerda, de la misma forma que puede decir al presidente que «creemos que debes perdonar a esta persona aunque se le haya declarado culpable».

¿Eso es autoritarismo, o forma parte del sistema democrático?

Forma parte del sistema democrático, porque la decisión de tener una representación proporcionada se tomó porque había una preocupación por los derechos de las minorías, y si las minorías deciden votar por un partido determinado deben tener una voz y estar representadas. Ahora se está hablando en la sociedad y en ciertos círculos que de que, quizás, se debería separar el partido de la elección del presidente, que debería ser elegido como en EE. UU., o en otros países. Pero eso aún no se ha decidido. Por ahora el partido decide quién es el presidente.

¿Por qué no se ha tomado esa decisión?

No ha habido suficientes circunstancias para que se convierta en una visión popular, la gente se habría manifestado, habrían hecho que se escuchasen sus voces. El sistema democrático que tenemos se centra en las conferencias nacionales del CNA cada cinco años, con 5.000 delegados que llegan de cada rincón del país y eligen al Comité Nacional Ejecutivo del CNA. El sistema de representación proporcional elige al número uno del partido, nuestro presidente, y le nominamos para que presida el país, porque confiamos en él para presidir el partido. Se puede elegir a otro, pero no ocurre. En este punto está la discusión… qué significa este sistema y si es realmente democracia. Porque hay personas que dicen que si el partido es el que decide, para qué sirve su voto, pero eso es la representación proporcional.

¿Qué le pareció la comparecencia de Ramaphosa ante la Comisión Zondo, que investiga una presunta trama de corrupción en el Gobierno de Zuma para beneficiar a una familia de empresarios afines?

Envió dos mensajes claros: que el CNA y el presidente apoyan a la Comisión Zondo; y que, aunque haya muertos en el armario, el CNA está preparada para hablarlo, que se interrogue… Es posible que no gusten las respuestas, pero como indicó el presidente, cuando vienes de una historia como la nuestra, y tienes un partido político que sigue viéndose como una organización de liberación, quieren asegurarse de que avanzamos hacia una visión particular. Ha habido algunas manzanas corruptas, es parte del juego, no siempre puedes dar con la gente adecuada y a veces se cometen errores, pero lo importante es que cuando te das cuenta de los errores, los corrijas. Y ese es el proceso en el que estamos inmersos. Eran personas equivocadas nombradas por Zuma porque tenían su propia agenda. En 1994, el CNA tuvo que enviar a los mejores al Parlamento, al Legislativo o al gabinete de Mandela para demostrar que los negros sudafricanos podíamos gobernar. Eso formó parte de la estrategia de despliegue que continúa. Algunos opinan que esto debería remitir para ir hacia la profesionalización, pero en este continente la historia nos ha mostrado que 20 años es el período en el que las cosas colapsan, lo vimos en Zimbabue y en tantos otros sitios de África. Y nosotros acabamos de pasar esos 20 años. No estamos en una buena posición, la economía esta mal, estamos gestionando la pandemia, luchando contra el estado capturado y la corrupción, intentamos que el milagro sudafricano sea un éxito para asegurarnos de que no se difama el sueño de Mandela, pero debemos encontrar a buenos líderes, a líderes éticos para gobernar el Estado, así no habrá problemas con el despliegue.

¿Por qué decepcionó tanto la declaración de Ramaphosa en la Comisión Zondo?

Porque esperaban más. Lo que debe comprender el mundo exterior sobre la política sudafricana es que sigue siendo muy racista en su forma. No se sale de un pasado racista y de repente todo el mundo es liberal; las lentes a través de las cuales los blancos y negros sudafricanos ven las cosas siguen siendo muy racistas. ¿Qué esperaba la gente? ¿Que el presidente no defendiera a su organización, en el nombre de la transparencia? Dijo algunas cosas y en otras prefirió no responder, porque son problemas del partido que se están intentando resolver de forma interna. Lo importante es que se sometió a un interrogatorio, respondió de forma sincera a lo que pudo y dio legitimidad a la Comisión Zondo.


¿Cómo describiría la corrupción actual?

El país se encuentra en pausa, porque vemos que incluso durante la pandemia hay gente corrupta que se intenta beneficiar de las ayudas de protección social. Pero no se puede decir que no se haya empezado un proceso para intentar gestionarlo. La corrupción en este país es endémica, pero posiblemente aún no sistemática, por eso debemos evitar que entre en la cotidianidad. Hay corrupción en cada nivel del Gobierno y en el sector privado. Durante el apartheid había una cultura de la corrupción, no solo en el Gobierno, escondiendo dinero, enviándolo al extranjero al desconfiar del sistema político. Solo recientemente se ha expuesto a los bancos por estar intentado evitar cargos y vemos cómo pagan rápidamente la fianza que probablemente proviene de lo sustraído. Necesitamos más investigaciones periodísticas y ciudadanos activos que combatan la corrupción antes de que sea sistémica.

¿Le ha decepcionado Ramaphosa en estos tres años de presidencia?

No, porque cuando decidieron traer a Ramaphosa al partido como vicepresidente de Zuma en 2012, cuando se celebró el centenario del CNA, lo hicieron bajo falsas pretensiones, porque creían que sería alguien manipulable, que daría legitimidad y credibilidad, pero sin querer que fuera el siguiente presidente, y le subestimaron. Ganó las elecciones. Desde 2017 ha intentado unir el partido, y se siente fuerte porque un CNA unido es lo mejor para el país. Por desgracia, los que perdieron en la conferencia de Nasrec le echan atrás constantemente, y cuando deberíamos estar concentrándonos en luchar contra el desempleo, la desigualdad y la pobreza, estamos centrados en la captura del estado, la corrupción, y la norma de mantenerse a un lado. Y todo el país está sumergido en esto… Porque si hay problemas en el CNA, los hay en el país.

¿Cuál es su estrategia?

Ramaphosa puso en marcha un proceso cuyos resultados estamos empezando a ver. Primero cambió el liderazgo de instituciones independientes en el país, que deben defender la Constitución y los derechos, después dijo que se tenía que cambiar el liderazgo de las empresas del Estado, con líderes mejores y más éticos; y él les dice que no les puede decir lo que deben hacer porque son independientes, pero les pide que hagan su trabajo, sin miedo ni favores. Esto no va de una agenda por facciones, si Ramaphosa o alguno de sus partidarios están relacionados con actividades criminales, el CNA irá tras ellos, no es sectarismo sino que, el que lo hace mal, lo paga.

¿La corrupción que hoy está en los tribunales nace en el congreso de 2007, con la compra de votos?

Antes de 2007 no era tan obvio quiénes estaba detrás, porque la contestación no estaba tan clara, pero cuando eligieron a Zuma fue la primera vez que se vio dinero como parte de la oposición, y ahora la gente sabe que pueden ser comprados. Desde entonces se han corrompido completamente la política del CNA. Y fue en ese momento cuando aparecieron las regiones llamadas de la «primera liga», jugaban el papel de grandes políticos, conversaciones basadas en el dinero, asesinatos, eso fue lo que hicieron y la mentalidad que trajeron a la conferencia de 2012 en la que Zuma fue reelegido y creyeron que volverían a conseguirlo en 2017, pero uno de los suyos les traicionó, David Mabusa. También se ha generado división al decir que lo que pasó en Nasrec fue una bofetada para los zulúes porque llegaron arrogantes y se les bajaron los humos, pero fue un recordatorio de que el tribalismo no tiene lugar en el CNA. Recuerdo que en 2007 fue la primera vez que la gente venía con camisetas en la que podía leerse: «100% zulú». ¿Qué es eso? Sabemos que la tragedia de los africanos es el tribalismo, y el CNA ha trabajado muy duro durante décadas para que no ocupe un espacio en el partido porque sabemos que nos puede destruir.

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