El gran tiburón de los negocios 

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Aliko Dangote, empresario nigeriano.



Es el hombre más rico de África y está más de moda que nunca. En plena crisis de abastecimiento de petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz debido a la guerra de Irán, el empresario nigeriano Aliko Dangote emerge como un actor económico decisivo en el intento de romper la dependencia energética del continente. Tras inaugurar en Lagos allá por 2024 la refinería de petróleo más grande de África, ya planea construir otra similar en Kenia o Tanzania para cubrir las necesidades de la región oriental. Nacido en 1957 en el norte nigeriano en el seno de una acaudalada familia de comerciantes, encarna como pocos el viejo sueño de la industrialización africana.

El dinero nunca fue un problema para Aliko Dangote. Tras estudiar en la universidad egipcia de Al-Azhar y con solo 20 años, su tío le dio tres camiones de cemento y un préstamo de algo más de 500 000 nairas a devolver en dos años. Poco después, el joven empresario se había convertido en el principal productor de cemento, no ya de Nigeria, sino de todo el continente. Sobre esta sólida base se lanza a la importación y venta de productos alimentarios como azúcar y arroz y construye todo un imperio económico. Sin embargo, siempre tuvo claro que el verdadero negocio era fabricar y no comprar: en los años 80 construye su propia refinería de azúcar y una industria de empaquetado de pasta.

Ya fuera con un presidente del norte o del sur, con un gobierno civil o una junta militar, siempre se ha llevado bien con las autoridades. Y esto, en Nigeria, es mucho decir. Sus competidores aseguran que buena parte de su fortuna se ha construido gracias a prácticas casi monopolísticas, tratos de favor y amistades en las altas esferas. Nada muy diferente a la mayoría de los grandes empresarios del mundo, con quienes también comparte un gran sentido de la oportunidad y un olfato privilegiado. En su haber está un estilo de vida de rico, pero austero si se le compara con otras fortunas, y pocas ganas de dar la nota, actitud heredada de sus padres, fervientes musulmanes, que le hacen rehuir de la exposición mediática.

En 2007, Dangote hizo una excepción. La revista Forbes, que acababa de publicar su habitual lista de multimillonarios, aseguró que la presentadora y productora de televisión Oprah Winfrey era la persona negra más acaudalada del mundo. «Soy mucho mucho más rico que ella», dijo entonces a los medios. Para ese entonces, su fortuna superaba con creces los 10 000 millones de dólares y en los años siguientes no hizo sino crecer a medida que el empresario diversificaba sus actividades y sectores: en 2013 pasaba el listón de los 20 000 millones de dólares y en la actualidad se calcula que posee unos 32 000.

Comenzó con el cemento, el azúcar y el empaquetado de pasta, pero hoy en día el conglomerado empresarial de Dangote se atreve con casi todo, desde los fertilizantes hasta la harina, pasando por textiles, sal o el negocio inmobiliario. Sus inversiones alcanzan a una veintena de países africanos además de la propia Nigeria, entre ellos Camerún, Ghana, Senegal, Sierra Leona, Etiopía, Sudáfrica, Zambia, Tanzania o la República del Congo.



La joya de la corona

Sin embargo, su proyecto estrella ha sido la refinería de petróleo y gas más grande de África, que también es la séptima del mundo. Con una arriesgada inversión de 23 000 millones de dólares y tras 11 años de construcción, en 2024 se inauguró este complejo industrial que abarca más de 2 500 hectáreas en la zona industrial de ­Lekki, a las afueras de Lagos. Nigeria siempre ha sido un gran productor de crudo, pero esta refinería, capaz de producir 650 000 barriles diarios, ha generado un doble impacto: no solo han caído las importaciones nigerianas de petróleo, de las que dependía su economía y su sistema energético, sino que ahora Nigeria exporta productos petrolíferos al mundo, sobre todo queroseno para los aviones y gasoil.

En los escasos foros económicos en los que participa y en las contadísimas entrevistas que concede, Aliko Dangote insiste siempre en su idea, con la que pretende cambiar el rol tradicional que se asigna a África en el sistema económico mundial de suministrador de materias primas: «Tenemos que construir nuestra propia nación por nosotros mismos. Tenemos que construir nuestro propio continente por nosotros mismos, no dependiendo de la inversión extranjera (…). África ha sido un mero vertedero de productos terminados», y esta refinería representa «un paso fundamental para garantizar que África tenga la capacidad de refinar su propio petróleo crudo, creando así riqueza y prosperidad para su enorme población».

Además de los negocios, la otra gran pasión de Aliko Dangote es el fútbol. Hace unos diez años comenzó a considerar la posibilidad de comprar el Arsenal, el club inglés que entonces atravesaba una seria crisis económica y del que es un auténtico hooligan. En 2020 incluso le puso fecha a la adquisición. «En un año me haré con el equipo», dijo. Sin embargo, el comienzo de las obras de la refinería de Lekki le hizo desistir y ordenar sus prioridades. «Cuando realmente estaba muy muy enfocado en comprar el Arsenal, entonces también me enfrentaba al desafío de asegurarme de que la refinería se completara, el fertilizante, lo petroquímico, etc.», aseguró en una reciente entrevista de pódcast concedida a Norges Bank Investment ­Management.

Con la mira puesta ya en construir una segunda refinería en África oriental –en principio podría ser en Tanzania, pero el propio Dangote se inclina por Kenia–, este empresario se ha convertido en una figura admirada por los jóvenes estudiantes de las escuelas de negocios, una especie de héroe de la economía africana, pero también en un inversor cortejado por jefes de Estado de todo el continente. En la actualidad mantiene un litigio con la empresa estatal que se encarga de suministrar crudo a su refinería, pero el presidente Bola Tinubu, a quien conoce desde hace años, sabe bien que no puede echar un pulso durante mucho tiempo al gran tiburón de los negocios de África.   




En la imagen superior, el empresario nigeriano Aliko Dangote durante su participación en el Semafor World Economy, celebrado en Washington el pasado 16 de abril. Fotografía: Tasos Katopodis/Getty



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