«No hay otra opción que seguir apostando por la vida y los derechos humanos»

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Nacho Esteve, presidente de La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo de España.



Licenciado en Derecho y máster en ADE, Nacho Esteve suma 22 años de compromiso con la cooperación al desarrollo. Coordinador de Comunicación en la oenegé Entreculturas desde 2014, el pasado 29 de abril fue elegido presidente de La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo de España, una red formada por 77 organizaciones socias, siete entidades asociadas y 17 coordinadoras autonómicas. Más de 600 organizaciones al servicio de la cooperación internacional y la defensa de los derechos humanos.


¿Cómo se siente al asumir la presidencia de La Coordinadora?

Con el orgullo y la alegría de presidir una asociación que celebra su 40 aniversario. Estoy agradecido a la Asamblea General por su confianza y asumo este servicio con profundo sentido de responsabilidad, en especial porque vivimos en un contexto internacional muy complejo, con el mayor número de conflictos armados activos desde la II Guerra Mundial, un aumento del militarismo, cifras récord de personas refugiadas, una emergencia climática, el cuestionamiento del multilateralismo y la insoportable impunidad ante la constante violación de derechos humanos y el derecho internacional humanitario, como vemos en Palestina o Sudán. Además, la cooperación internacional se ha debilitado. Los últimos datos del Comité de Ayuda al Desarrollo muestran que en 2025 la ayuda oficial al desarrollo mundial ha caído más de un 23 % y las consecuencias son devastadoras para millones de personas en el mundo.



¿Cuáles son las prioridades de La Coordinadora?

Queremos defender la cooperación internacional como una política pública indispensable para España. En segundo lugar, poner en valor todos los esfuerzos de transparencia, rigor y buen gobierno que llevamos a cabo en nuestro sector. Además, queremos responder a los preocupantes ataques que se están produciendo contra la sociedad civil y las personas y colectivos con los que trabajamos en España y en los países con los que cooperamos. Según datos de CÍVICUS, la sociedad civil está siendo atacada severamente en 122 países, lo que debilita la democracia y los derechos humanos. Trabajar en red con otros actores de la sociedad civil a nivel internacional y en nuestro país será otra de nuestras prioridades.

Trabajadoras locales de un proyecto de salud de Acción Contra el Hambre en Malí. Fotografía: Toby Madden / Acción contra el hambre



¿Cómo se traduce en la práctica el trabajo de las organizaciones que forman La Coordinadora?

En proyectos que mejoran el acceso a la salud, la educación y la alimentación; en iniciativas de acción humanitaria y construcción de paz, y en la protección de personas defensoras de derechos humanos y de los valores democráticos. También impulsamos la educación para la ciudadanía global, porque creemos que los grandes desafíos de nuestro tiempo requieren una sociedad informada, comprometida y consciente de su responsabilidad. Y, además, desarrollamos una labor de incidencia política para que las administraciones públicas cuenten con políticas de cooperación a la altura de los retos actuales.



¿Qué porcentaje de oenegés de orientación católica forman parte de La Coordinadora?

25 de las 77 organizaciones socias de La Coordinadora son de orientación católica, lo que supone un 32,5 %. El porcentaje es muy similar en el continente africano, donde 18 de las 57 organizaciones socias son católicas. Hablamos de entidades como CODESPA, Cáritas, Entreculturas, Alboan, Religiosos de la Salud, InteRed o Manos Unidas.



En abril se publicó el Informe de las ONG de Desarrollo 2025.¿Cuáles son los datos más significativos?

El Informe confirma la fortaleza y la capacidad de adaptación de las oenegés de desarrollo en el actual contexto internacional. Hemos pasado de trabajar con 47 millones de personas a hacerlo con 58,4 en apenas dos años. Las 72 organizaciones socias de La Coordinadora que participaron en el Informe desarrollan 4 322 proyectos en cerca de un centenar de países. Para ello, gestionan alrededor de 958 millones de euros, de los que el 90,3 % se destina a programas de cooperación, acción humanitaria y educación para la ciudadanía global. En cuanto a la financiación, el 60,5 % de los fondos son públicos y el 39,5 % privados.


¿Es generosa la sociedad española a la hora de apoyar iniciativas solidarias y de desarrollo?

Sí. De hecho, uno de los ­datos más positivos del Informe es que el apoyo ciudadano a las oenegés de desarrollo crece de forma sostenida. La base social del sector supera ya los 2,6 millones de personas, unas 100 000 más que hace dos años, lo que demuestra que la solidaridad sigue siendo un valor muy arraigado en nuestra sociedad y que existe una confianza creciente en el trabajo que realizan las organizaciones. Además, casi 18 000 personas colaboran como voluntarias, un 3,7 % más que en el informe anterior. Es significativo que el 72 % de ese voluntariado esté formado por mujeres.

Varias personas refugiadas participan en un programa de inclusión de CEAR. Fotografía: CEAR


¿Cuánta ayuda de las oenegés españolas llega al continente africano?

Según el Informe, algo más de 236 millones de euros. Esto supone un 36 % de los recursos totales destinados a proyectos. El número de intervenciones asciende a 1 552, que benefician a más de 30 millones de personas.



¿Cuáles son las principales oenegés que trabajan en países africanos? 

57 organizaciones de La Coordinadora trabajan en 45 países africanos, en nueve de los cuales se superan los diez millones de euros en inversión. Las organizaciones con mayor aportación económica en el continente son Acción contra el Hambre, Oxfam Intermón, Manos Unidas, Plan Internacional, EDUCO y Cruz Roja. Estas seis representan el 62 % de la inversión total en África, según datos de 2024.



¿Hay seguimiento de la implementación de los proyectos?

Existe un riguroso control tanto en la formulación como en el seguimiento y la evaluación de los proyectos, porque consideramos importante la transparencia, la rendición de cuentas y la medición del impacto. Aunque es relevante el número de personas a las que alcanzamos, también es fundamental el impacto cualitativo en sus vidas. Menos puede ser más, es decir, que se consigan los resultados esperados y generen transformaciones a nivel individual, comunitario y estructural.



¿Cómo participan los africanos en la implementación de los proyectos?

El trabajo de nuestras socias no sería posible sin las organizaciones locales con las que trabajan. En este caso, el protagonismo de la sociedad civil africana en la propuesta de proyectos y en su ejecución es determinante para conseguir procesos efectivos, alejados de enfoques paternalistas y con una importante carga política de transformación. Ahora bien, debemos abordar cuestiones que tienen que ver con enfoques colonialistas aún presentes. Creemos que la cooperación debe hacer un ejercicio constante de revisión crítica de sus prácticas y de las relaciones de poder que históricamente han marcado el desarrollo internacional. Por eso, en el seno de La Coordinadora, hemos impulsado una política feminista con enfoque interseccional y decolonial que nos ayude a evolucionar como sector y a ser más coherentes con los valores que defendemos.

Un mural que forma parte de un proyecto de AMREF de promoción de la higiene en Etiopía. Fotografía: AMREF HEALTH AFRICA STAFF



¿Qué implica esto?

Reconocer y dar mayor protagonismo a los conocimientos, liderazgos y propuestas que surgen de las propias comunidades y organizaciones de los países con los que trabajamos. También supone defender un cambio de prioridades políticas para situar los cuidados, la sostenibilidad de la vida y los derechos humanos en el centro. Como coordinadora, queremos acompañar a nuestras organizaciones en este proceso de transformación, que no siempre es sencillo, pero que consideramos imprescindible por responsabilidad, coherencia y compromiso con la justicia global.



¿Cómo está afectando al continente africano el recorte de los fondos mundiales de cooperación y ayuda al desarrollo?

La evolución reciente de la ayuda internacional destinada a África es motivo de preocupación. En 2025 se produjo un descenso muy significativo de los recursos disponibles, marcado en gran medida por la reducción a la mitad de la ayuda oficial al desarrollo de EE. UU. La ayuda bilateral a África ­subsahariana cayó un 26,3 % en 2025, más de una cuarta parte en un solo año. A ello se suma otro dato inquietante: la Unión Europea destina más ayuda a Ucrania, que recibió en el último ejercicio 44 900 millones de dólares, que a toda África subsahariana, que recibió 29 200 millones. Sin cuestionar la necesidad de apoyar a Ucrania, creemos que esta situación no puede traducirse en un abandono de otras crisis y desafíos que afectan a millones de personas. Pensemos, por ejemplo, en Sudán, la mayor crisis humanitaria del mundo. En 2026, el plan de respuesta humanitaria de la ONU para este país solo ha recaudado un 16,5% de los fondos que necesita.



A pesar de las ayudas al desarrollo, las desigualdades no dejan de crecer en el mundo. ¿Qué estamos haciendo mal?

Es mucho lo que no se está haciendo bien: relaciones económicas injustas, relaciones coloniales de extracción y explotación de recursos tanto materiales como humanos, una carrera bélica sin límites y ­estructuras internacionales profundamente injustas. Vivimos en una época en la que prevalece el crecimiento económico por encima de los derechos ­humanos y la vida. Esta ­injusticia se agrava ante la concentración desmedida de riqueza en manos de unos pocos que intentan manejar un mundo en el que la sociedad civil se ve amenazada, se persigue a los defensores de derechos humanos y de la casa común, a personas migrantes y periodistas, aumentan las leyes restrictivas en relación a las oenegés… No hay otra opción que seguir apostando por la vida y los derechos humanos.



Llevamos décadas hablando de desarrollo en África, pero, sin negar ciertos avances, parece que el continente no encuentra el camino del desarrollo. ¿Cree que el actual sistema económico y financiero internacional busca, de verdad, el desarrollo de África?

Esta pregunta obliga a mirar más allá de los indicadores de crecimiento económico y preguntarnos quién se beneficia en realidad del modelo actual. África no es un continente sin recursos ni capacidades. Al contrario, posee una enorme riqueza natural y humana. Sin embargo, buena parte de las dinámicas económicas internacionales siguen reproduciendo relaciones desiguales que dificultan un desarrollo justo y sostenible. Lo vemos, por ejemplo, en sectores estratégicos para la transición energética. La extracción de minerales como el litio, el cobalto o las tierras raras genera importantes impactos sociales y ambientales en muchos territorios, pero los beneficios suelen concentrarse lejos de las comunidades que soportan esos costes. No podemos construir una transición ecológica en los países ricos a costa de nuevas formas de expolio en los países del Sur. Además, muchos países africanos afrontan de manera simultánea los efectos de la crisis climática, un elevado endeudamiento y una fuerte dependencia de actividades extractivas. Esta combinación limita sus capacidades para invertir en servicios públicos, reducir desigualdades o impulsar modelos económicos más diversificados y sostenibles. Por eso, más que preguntarnos si África encuentra el camino del desarrollo, deberíamos preguntarnos si las reglas del sistema económico internacional están diseñadas para favorecer ese desarrollo o para mantener desequilibrios históricos y lucrarse con ellos. 

Proyecto de atención sanitaria de Farmamundi en Kenia. Fotografía: FARMAMUNDI



Algunos activistas han acuñado la expresión «Por cada euro que entra en África, salen dos» ¿Qué opina?

Esto apunta a una realidad que no deberíamos ignorar: la ayuda al desarrollo convive con dinámicas económicas que, en muchos casos, generan una salida de riqueza mucho mayor que los recursos que entran a través de la cooperación. Hablamos de flujos relacionados con la deuda, la evasión y elusión fiscal, la extracción de recursos naturales, la repatriación de beneficios empresariales o unas reglas comerciales que no siempre favorecen el desarrollo de los países africanos. La cooperación internacional sigue siendo necesaria y tiene un impacto muy positivo en la vida de millones de personas, pero debemos reconocer que su efecto será limitado si no abordamos las causas estructurales que generan desigualdad y dependencia. La cooperación puede contribuir al cambio, pero para ello no basta con aumentar la ayuda, también debemos transformar las reglas que permiten que una parte importante de la riqueza generada en el continente siga saliendo de él.



¿Cómo se compagina la ayuda al desarrollo con el compromiso político de denunciar las injusticias?

Nuestro trabajo tiene una doble dimensión: por un lado, apoyar a las comunidades y contribuir a garantizar derechos; por otro, denunciar las causas estructurales que generan pobreza, desigualdad y vulneración de derechos. La cooperación es imprescindible y transforma vidas, pero sería incoherente ignorar que muchos países africanos siguen afrontando cargas de deuda insostenibles, impactos de la crisis climática que no han provocado o prácticas empresariales y extractivas que limitan sus posibilidades de desarrollo. Nuestra responsabilidad es señalar esas contradicciones y exigir cambios en las políticas que las perpetúan. La cooperación puede aliviar los efectos de determinados problemas, pero solo la transformación de las estructuras que los generan permitirá avanzar hacia una justicia global duradera.



¿Hay razones para mirar al futuro con optimismo?

Sí, porque, incluso en los momentos más difíciles, la humanidad demuestra una enorme capacidad para resistir, organizarse y defender la vida. Quienes trabajamos en cooperación internacional lo vemos en comunidades que sufren guerras, desplazamientos o pobreza y que, aun así, siguen construyendo futuro a través de la solidaridad, los cuidados y la acción colectiva. También hay motivos para confiar en la ciudadanía. Frente al avance de los discursos de odio, el repliegue identitario o la desinformación, vemos a muchas personas defendiendo los derechos humanos, la igualdad, la convivencia y la democracia. Esa es una fuerza enorme, aunque a veces pase desapercibida. La vida siempre encuentra la manera de avanzar y defenderla sigue siendo nuestra responsabilidad colectiva. Desde La Coordinadora seguiremos haciéndolo todo el tiempo que sea necesario.   



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