
Publicado por Javier Fariñas Martín en |
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Érase una vez un parlamento que se puso a la tarea de crear un diccionario común para un ente compuesto por 27 países al que podríamos llamar, por ejemplo, Unión Europea.
Y empezaron a trabajar. Por la letra ‘a’.
Tortugueando, iban devanando neologismos para conceptos que discurrían amables por los diccionarios. Sobrepasaron ‘alter ego’ y llegaron a ‘alteridad’.
«Nosotros lo llamamos alteritá», dijo el italiano. «Anderssein», añadió el alemán. «Másikosság», replicó el húngaro. […] Así hasta 27 formas de llamar a aquello. No hubo consenso para nominar la condición del «otro». «¿Para qué queremos hablar del “otro”?», preguntó alguien desde un extremo de la sala.
Como pasaron días y días sin resultado, decidieron sacar la «alteridad» del futuro e hipotético tesauro.
«Si la palabra no existe, debe desaparecer su realidad correspondiente», matizó un experto en realidades.
Otra comisión cogió el relevo.
Sin el freno de la lengua, comenzaron a crear un cuerpo legislativo que hiciera desaparecer a los otros, a los diferentes, a los que no eran como ellos. Pensaron [poco] y llegaron a un acuerdo. Llamaron a aquello, por ejemplo, Pacto de Migración y Asilo. El texto, elaborado y farragoso, sí dejaba claros dos conceptos: «los de dentro» y «los de fuera». Emplearon muchas palabras para explicar a «los de dentro» y dejar claro a «los de fuera» que estos últimos no eran bienvenidos, que las iban a pasar canutas para poder entrar, que los iban a expulsar con motivos y sin ellos, que no los querían, que no estaban en sus diccionarios, que no los querían en su realidad.
La medida y el borrado del diccionario entraron en vigor un 12 de junio, por ejemplo. La ausencia de la palabra y la ley habían embrujado a los hechos. Las sociedades comenzaron a suavizar el pantone de sus ciudadanos, que después fueron monocromáticos. La gente rezaba a un único dios. Bailaba un único son. Todo eso poco después –aunque mucho antes de lo esperado– de que unos parlamentarios devenidos en lingüistas decidieran expulsar del diccionario y de la vida un término, ‘alteridad’, que no encajaba en su diccionario. O sea, en sus discursos.
Colorín colorado.
En la imagen superior, un grupo de personas intentan cruzar el Canal de la Mancha en septiembre de 2025. Fotografía: Sameer Al-Doumy / Getty.
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