La vida tal y como es

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Adís Abeba y Tigré en la mirada de dos fotógrafas locales.


La Galería Sura, situada en la librería Balqís de Madrid, acoge hasta el 30 de septiembre la exposición «Etiopía: revelando el espacio», un relato construido a partir de las imágenes de las fotógrafas Tsion Molla y Frewoyne Gebru, y la comisaria Edith Arance. La muestra ofrece un viaje inédito y sorprendente a dos lugares de Etiopía, un país sobrecargado de estereotipos y exotización occidental: su capital, Adís Abeba, vista a través de una de sus habitantes ­–Tsion Molla (2003)–, y la región de Tigré, captada por la tigrina Frewoyne Gebru (1999).


Como sucede habitualmente con sus proyectos expositivos, Edith Arance, que además de comisaria es directora de la Galería Sura, descubrió a las jóvenes fotógrafas a través de Internet y contactó con ellas a distancia. «Vi que en las fotos de ambas el espacio era protagonista. Pero a la vez esos espacios están contando mucho de cómo ellas viven la vida cotidiana y de cómo se vive en esos sitios. El título alude a que ellas te revelan su vida a través del espacio donde están habitando. Por otro lado, sus fotografías tienen que revelarse para acabar en una exposición y que otra gente las pueda ver, que no se queden en la cámara o en el teléfono», dice Arance.



El hermoso ritmo de la vida cotidiana
Autorretrato de Tsion Molla.

Tsion Molla no es una persona de muchas palabras. Lo que le gusta es observar y escuchar su entorno y, cuando llega el momento de compartir, hacerlo a través de sus fotografías. Fotografiar también le ayuda a reflexionar acerca de lo que le pasa en la vida y lo que sucede a su alrededor. «Empecé a amar el congelar a través de la fotografía lo que observaba, cosas que siento que de otra manera pasarían desapercibidas u olvidadas. Con la fotografía invito a otras personas a sentir y ver lo que yo sentí y vi», dice.

Empezó a interesarse por la fotografía durante la pandemia de COVID, cuando tenía poco que hacer. En el piso superior de la casa en la que vive con su familia en Adís Abeba, a través de una pequeña ventana, observaba cada día el atardecer. Registrando esos momentos acabó apasionándose por este arte y dándole un sentido propio. «El mensaje principal que quiero compartir es la realidad verdadera e íntegra de nuestra identidad. Durante demasiado tiempo, el mundo exterior solo ha visto una narrativa única y limitada de Etiopía y de África, centrada por completo en la pobreza absoluta. A través de mis fotografías quiero abrir un espacio diferente y mostrar que dentro de nuestra vida cotidiana hay una belleza inmensa, una historia rica, una profunda espiritualidad y valores culturales que nos mantienen unidos como sociedad», explica a MUNDO NEGRO. «Quiero que el público vea que, a pesar de los desafíos históricos y del neocolonialismo, nuestra dignidad y la riqueza de nuestra alma permanecen completamente intactas».

«Contrapunto en Addis», de Tsion Molla.
Adís Abeba: un lienzo viviente

Estudia medios y comunicación en la universidad, pero dedica todo el tiempo posible a la fotografía, mirando como si lo hiciera a través de una lente mientras recorre las calles de la ciudad. Se ve en el futuro trabajando a tiempo completo en esto, contando las historias de su gente y buscando el equilibrio entre tradición y modernidad. «Me encanta ser una observadora silenciosa en las calles de Adís Abeba, documentando los momentos normales y no preparados de las actividades diarias». En la exposición, una imagen muestra los pies de unos pasajeros en un autobús, una persona limpiando en el mercado, un hombre cruzando una concurrida avenida, dos clientes en una sastrería… «Busco los lugares donde coexisten nuestras normas culturales profundamente arraigadas y la vida moderna. Para mí, Adís Abeba es hogar, pero también un lienzo viviente. Representa la imagen perfecta de una sociedad que vive en dos épocas a la vez. Un lugar de bellas contradicciones. Una ciudad donde un edificio moderno de cristal se alza justo al lado de un mercado tradicional al aire libre, y donde el sonido de una construcción pesada se mezcla con el canto silencioso de las oraciones matutinas».

«Compartiendo el espacio», de Tsion Molla.



La capital está cambiando más rápido que nunca. Entiende que, cuando la gente la llama la Nueva York de África se refiere a la velocidad de la modernización, pero no le gusta la comparación. Adís Abeba no necesita ser la Nueva York de ningún lugar, piensa. «Tiene su propia historia, su propia alma y su propia identidad única que no se puede replicar», dice. «Los edificios modernos son el nuevo telón de fondo, pero la gente de Adís Abeba sigue siendo el verdadero corazón de la ciudad». En esta gente es en la que Tsion se quiere enfocar usando cualquier dispositivo que tenga en la mano, ya sea su teléfono o una cámara que alquila o pide prestada. Le interesa quienes están viviendo esta rápida transformación y se aferran a sus rituales y a su sentido de comunidad en medio de un paisaje urbano cambiante.

«Llevando el día», de Tsion Molla.


Le preguntamos qué piensa de que sus fotografías se expongan por primera vez, junto a las de Frewoyne Gebru, en una galería en Madrid: «Es increíblemente conmovedor y emocionante. Ver que mi trabajo tiene el potencial de generar conversaciones más allá de mí misma y de las personas que me rodean significa mucho para mí. Es sorprendente pensar que momentos de mi vida cotidiana en Adís Abeba pueden conectar con personas en todo el mundo».

Retrato de Frewoyne Gebru.




Otra forma de ver Tigré

«Hago fotografías porque me permiten preservar lo que el tiempo no puede», dice Frewoyne Gebru, afincada en Adís Abeba, pero con raíces en Mekele, la capital de la región de Tigré, al norte del país. «Cada vez que levanto mi cámara, intento proteger un recuerdo, un paisaje, un rostro o un sentimiento de su desaparición». De niña veía a su padre documentar los acontecimientos familiares con su cámara Yashica. Aquellos momentos sembraron la semilla de la belleza que hay en preservar los recuerdos, y la semilla fue creciendo silenciosamente con ella. Años más tarde, estudiando Ingeniería Civil en Aksum, comenzó a explorar la fotografía con su teléfono. «Me fascinaba la luz cambiante sobre paisajes antiguos, la belleza tranquila de los pueblos y las historias ocultas en la vida cotidiana». Aprendió con tutoriales de YouTube y horas de práctica. Hizo un curso en Producción y Cinematografía con la asociación artística Chura Abugida, en colaboración con la Universidad de Mekele, y siguió profundizando en el conocimiento de la fotografía a través otros talleres y cursos en línea. Su trabajo se centra principalmente en Tigré.

«Para mí, la fotografía no se trata solo de crear imágenes bonitas. Se trata de dar dignidad a los lugares y a las personas y permitir que sean recordados. También es algo personal, me descubro a mí misma. Cada imagen que hago refleja no solo lo que tengo delante, sino también lo que llevo dentro: mis recuerdos, mis emociones, mi fe y mi profundo amor por la tierra a la que pertenezco», explica.

«La hora plateada», de Frewoyne Gebru



Los paisajes le producen una fuerte atracción. También el patrimonio cultural como las iglesias antiguas talladas en montañas y la vida cotidiana de las comunidades locales que cuentan historias que merecen ser recordadas. Le fascina la relación entre las personas y los paisajes que habitan, en los que la fotógrafa se siente fuertemente arraigada. En los últimos años, Tigré ha aparecido con mayor frecuencia en las secciones de actualidad de los medios de comunicación globales debido a la crisis producida por el conflicto armado que estalló en 2020 entre las autoridades regionales y el Gobierno federal, y que sigue encontrándose en un momento muy delicado, con enfrentamientos puntuales. «Quiero que la gente descubra otra forma de ver Tigré. Para muchas personas, se ha dado a conocer únicamente a través de historias de conflicto. Eso forma parte de nuestra historia, pero no define nuestra identidad», remarca Gebru. «Quiero que los espectadores encuentren otra verdad: una tierra de montañas imponentes, civilizaciones antiguas, profunda espiritualidad, resiliencia y una cultura viva que ha perdurado durante miles de años. Cada fotografía es una invitación a detenerse, a mirar más allá de los titulares y a reconocer que la belleza, la esperanza y la humanidad siguen existiendo incluso después de tiempos difíciles. El conflicto no es algo que observo desde la distancia. Forma parte de mi vida porque ha tocado mi tierra natal, mi comunidad y a personas que amo. Como mucha gente de Tigré, he vivido con dolor, incertidumbre y tristeza ver lugares llenos de historia y recuerdos asociados ahora al conflicto. Por eso siento una responsabilidad aún mayor de fotografiar Tigré con honestidad, dignidad y amor. Creo que todo lugar merece ser recordado en su totalidad. Un solo capítulo nunca debería definir una historia completa».

«El horizonte trenzado», de Frewyone Gebru



Una conversación silenciosa con la tierra

Cuando Frewoyne fotografía a personas, trata de crear una atmósfera de confianza donde puedan ser simplemente ellas mismas. No les pide que posen. Observa en silencio. Los retratos más significativos, piensa, son aquellos en los que las personas se olvidan de la cámara y simplemente continúan viviendo su vida. «Lo que más me interesa es la dignidad. Que cada retrato refleje la humanidad, la fortaleza y la individualidad de las personas, en lugar de convertirlas en objeto de curiosidad». Cuando son paisajes lo que va a fotografiar, dedica tiempo a escuchar ese lugar. Observa la luz cambiante, el silencio y el movimiento de las nubes, la atmósfera que la rodea. Espera hasta sentirse emocionalmente conectada con ese momento. Las fotografías significativas nacen de la paciencia, no de la rapidez, dice. «Quiero que la gente no solo vea el paisaje, sino que sienta su presencia».

«Puerta al cielo», de Frewoyne Gebru



Comenta una de sus fotografías expuestas en «Etiopía: revelando el espacio», titulada Puerta al cielo: «La fotografié en Shimbreyti, en lo alto sobre el valle de Gheralta, justo antes del amanecer. De pie en completo silencio, observé un antiguo arco de piedra enmarcando lo que parecía un mar infinito de nubes extendiéndose bajo las montañas. En ese momento, sentí como si la frontera entre la tierra y el cielo hubiera desaparecido. El arco se convirtió en algo más que una formación natural, lo sentí como una puerta entre lo físico y lo espiritual, entre el mundo humano y algo eterno. Las nubes fluían como ríos de luz bajo mis pies, mientras las montañas permanecían en silencio, portando siglos de historia, fe y memoria. Esta fotografía me recuerda que la naturaleza puede convertirse en un lugar de contemplación, donde nos sentimos increíblemente pequeños y, a la vez, profundamente conectados con algo más grande que nosotros mismos. Esta fotografía para mí es un retrato del alma de Tigré. Y, en muchos sentidos, un retrato de la mía propia».

«La distancia que lleva», de Frewoyne Gebru.


La relación que Frewoyne siente con la naturaleza no es de observación, sino de pertenencia. No se siente una visitante cuando camina por las montañas de Tigré. Se siente en casa. Cada montaña que fotografía le resulta familiar, como encontrarse con un viejo amigo, dice. Cuando recorre estos paisajes, siente la memoria de sus antepasados. «Fotografiar Tigré es un acto de amor. Cuando fotografío esta tierra, no intento poseerla. Entro en una conversación silenciosa con ella».


«Paco silencioso», de Tsion Molla.



Tanto para Tsion Molla como para Frewoyne Gebru –y es algo que comprobará quien visite la exposición en la Galería Sura– la práctica fotográfica está fuertemente conectada con su forma de vivir la espiritualidad. La tigrina lo explica de un modo hermoso: «Muchos de mis momentos más significativos ocurren en silencio: observando cómo la primera luz toca las montañas, de pie junto a una antigua iglesia excavada en roca o caminando por valles donde generaciones han vivido antes que yo. En esos momentos siento una profunda sensación de gratitud, paz y humildad. La fotografía se ha convertido en parte de mi vida espiritual porque me enseña a estar plenamente presente. Y me recuerda que la belleza no es algo que creamos: es algo que aprendemos a reconocer. Mi cámara me permite compartir esa experiencia con los demás».



*La exposición «Etiopía: revelando el espacio» podrá visitarse en la Galería Sura (Madrid) hasta el 30 de septiembre. Aunque la librería Balqís, en la que se encuentra la galería, esté cerrada, habrá visitas a puerta cerrada a la exposición en la última semana de julio y en agosto. Contacto y reservas a través de la web de la galería.



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