Un oasis en el Área 25

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El CfSC es una referencia para la investigación social en Malaui


Fundado en 2002, el Centre for Social Concern busca transformar las estructuras injustas de Malaui a través de la investigación social. Sus promotores, los Misioneros de África, han logrado que esta institución sea una referencia para los actores sociales y políticos del país.



Después de constatar que la Iglesia local no hacía lo suficiente en el diálogo interreligioso ni denunciaba las carencias económicas y sociales de Malaui ante las autoridades del país, los Misioneros de África (Padres Blancos) decidieron fundar en 2002 el Centre for Social Concern (CfSC). Desde sus orígenes, el objetivo de esta iniciativa ha sido «transformar las estructuras injustas de la sociedad malauí mediante la investigación y la incidencia, así como garantizar cambios sostenibles en las políticas en favor del bienestar de todas las personas». Su actual director, el sacerdote ghanés Mathew ­Wedamdaga Banseh, indica que la principal motivación fue poner en marcha una estructura que «visibilizara la situación de los pobres y vulnerables, quienes la mayoría de las veces carecen de voz o son silenciados». La iniciativa, ubicada en el barrio conocido como Área 25, cerca de Kanengo, una localidad situada al norte de Lilongüe, la capital del país, «se inspira en la Doctrina Social de la Iglesia y en el carisma de la congregación», subraya Wedamdaga Banseh.



Un termómetro del país

El CfSC articula su labor en torno a cuatro pilares fundamentales que constituyen el núcleo de sus actividades: la justicia económica, las condiciones sociales, el diálogo interreligioso y el desarrollo humano y social. Kondwani Hara es el responsable del departamento encargado de estudiar las condiciones sociales de las zonas rurales y urbanas del país. Hara explica cómo se llevan a cabo los estudios en estas últimas: «Realizamos investigaciones todos los meses en las cuatro principales ciudades del país: Lilongüe, en la región Centro; Mzuzu, en la región Norte, y Blantyre y Zomba, ambas en la región Sur. Allí, se va a los mercados y se recopila información sobre los precios de los productos básicos –maíz, judías, huevos o pan–, información que luego se utiliza para calcular el coste de la vida. También seleccionamos hogares donde recogemos información sobre gastos como el alquiler o servicios públicos básicos como agua y electricidad». La finalidad de la encuesta es saber cuánto puede gastar una familia al mes en las zonas urbanas del país.

Un chico consulta un libro en la biblioteca. En la imagen superior, dos jóvenes estudian en una de las salas del CfSC. Fotografías: Gonzalo Vitón.



Agnes Nyirongo, responsable del Departamento de Justicia Económica, también forma parte del equipo de analistas del CfSC. Ella es quien nos explica el método de trabajo en las zonas rurales: «El centro distribuye hojas de registro a familias elegidas de manera aleatoria en diversas aldeas. Les pedimos que anoten estrictamente cada alimento que consumen al mes y en qué cantidad». Una vez recopilados los datos, el centro verifica y contrasta la información con instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia de la ONU para la Alimentación (FAO), entre otras, antes de publicar el informe correspondiente. Esta investigación permite al CfSC «comprender la realidad social de la población malauí desde la base, abogar por salarios más altos y exigir cambios en políticas y prácticas que impiden una buena gobernanza», apunta Hara.

Uno de esos informes, elaborado a partir de una investigación realizada en 2025 en colaboración con MISEREOR –institución de la Iglesia católica alemana– y publicado en la web del CfSC, se ocupó del coste de la vida en Malaui en 2025. La conclusión del estudio habla por sí sola: «El coste de la vida ha aumentado más de un 46 % en un año, afectando principalmente a los trabajadores de bajos ingresos», afirma Agnes Nyirongo. Y añade: «El Gobierno puede lanzar campañas de desinformación afirmando que la economía mejora, pero el termómetro en la calle marca la fiebre real. Y cualquier persona puede consultarlo».

Este y otros trabajos han convertido al CfSC en un espacio atractivo para los sindicatos del país, al que acuden todos los meses para obtener datos y claves interpretativas de la realidad de Malaui, así como para formarse sobre cómo negociar con las empresas. ­Kondwani Hara detalla que «uno de los sindicatos se encuentra en Dowa, en la región Centro, y otro en Chikwawa, en la región Sur. Acuden a nosotros buscando información que les sirva como base para negociar la subida salarial».

Si bien el país cuenta con una Oficina Nacional de Estadística que publica informes ­anuales, este organismo suele estar sometido a fuertes presiones políticas, por lo que tiende a maquillar las cifras para no alterar a la opinión pública. Mientras, «el CfSC mantiene su autonomía y publica los datos recopilados en un formato accesible, con total trazabilidad y evitando cualquier manipulación estatal», subraya Mathew Wedamdaga Banseh. Las injerencias externas no están permitidas en el proyecto que pusieron en marcha los Misioneros de África.



Una convivencia pacífica

El Centre for Social Concern destaca también por su compromiso con la convivencia entre las diferentes religiones presentes en el país. Según el Anuario Estadístico de la Iglesia 2022, los católicos suman el 36 % de la población, mientras que los musulmanes, situados sobre todo en el sur del país, llegan al 14 %. A ellos se suman un 43 % de fieles de otras confesiones cristianas y un 6,5 % que practican religiones tradicionales. Tobias Jere, uno de los miembros más veteranos de la institución y responsable del Departamento de Diálogo Interreligioso desde los orígenes del centro, afirma que «es más barato prevenir que curar. Trabajar para este diálogo ­ tiene como objetivo fomentar una sociedad pacífica en la que las personas interactúen y se toleren mutuamente». Convencido de la necesidad de convivir en armonía, el CfSC ha llevado a cabo varias actividades de sensibilización en el área de Mangochi, conocida por ser la zona con más presencia musulmana del país. Según el P. Mathew ­Wedamdaga Banseh, dicha región presenta conflictos recurrentes entre comunidades cristianas y musulmanas. Por ejemplo, durante las elecciones de septiembre de 2025, en las que resultó vencedor el octogenario Peter ­Mutharika –que había perdido en los comicios de 2020, tras su primer mandato–, el CfSC impulsó campañas de sensibilización con gran éxito, lo que aumentó la conciencia sobre la tolerancia y la convivencia pacífica. Jere rememora un hecho que tuvo lugar durante una visita a una de las comunidades en las que trabajan: «Me sorprendió que un jefe tradicional invitara a un pastor a decir unas palabras en el funeral de un musulmán», un gesto que no era habitual hasta entonces. 

Varios vecinos de un barrio de Lilongüe. Fotografía: Gonzalo Vitón




Apoyo académico

Además de los programas de investigación social, el CfSC cuenta con una biblioteca de acceso público, la segunda más grande de la capital. Desde 2011, el espacio abre sus puertas a los jóvenes de la zona que no disponen de un entorno adecuado en sus hogares para estudiar o preparar sus exámenes. Desde el centro recuerdan que en la zona hay 14 escuelas secundarias, pero solo dos de ellas cuentan con biblioteca. La primera impresión al entrar es el silencio. Son muchos los alumnos que están estudiando con libros, ordenadores portátiles y botellas de agua a su lado. Algunos buscan manuales en las estanterías, mientras otros, a falta de espacio en el interior, se sientan en las escaleras al aire libre o en los jardines del centro, donde se intuyen los ritmos suaves de la música que algunos escuchan con sus auriculares. El acceso al sitio no es gratuito, como explica Mathew ­Wedamdaga Banseh: «La biblioteca es comunitaria, pero les pedimos a los jóvenes que paguen una cuota diaria de 150 kuachas (0,07 €) como gesto de compromiso con el centro». 

La biblioteca no es el único recurso del CfSC. Dispone también de una sala de informática donde los jóvenes acuden para aprender a manejar con soltura el ordenador. La existencia de estos espacios comunitarios, donde los alumnos pueden encontrar información, recursos, servicios e instrucción, demuestra el apoyo y compromiso de los Misioneros de África con la formación de los jóvenes del barrio.

Sin embargo, esta iniciativa de los Padres Blancos no carece de desafíos. Entre los principales se encuentra la falta de financiación. El CfSC «no recibe ningún apoyo estatal», subraya el director. Y añade: «A menudo esto es así porque cuando se reciben ayudas estatales, la independencia del centro está en peligro». Por ello, la institución colabora, entre otras, con organizaciones como la agencia de desarrollo alemana ­Deutsche Gesellschaft für International Zusammenarbeit (GIZ) o ­Trócaire, la agencia oficial de desarrollo de la Iglesia católica irlandesa. El sueño del CfSC es ampliar la red de donativos para garantizar la sostenibilidad de sus programas, proteger su independencia y reforzar su capacidad para incidir en las políticas sociales. Mientras se concretan estas ayudas, el Centre for Social Concern dará, sin duda, un paso decisivo para cumplir su labor.   



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