Volver a la escuela en Kpari

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La Escuela Sacré-Cœur lucha contra el abandono escolar en las zonas rurales de Benín.



Por Texto Andrea Chamorro, desde Kpari (Benín)




Tres religiosas argentinas de la congregación del Sagrado Corazón trabajan en el noreste rural de Benín para luchar contra el abandono escolar, que afecta sobre todo a las niñas. La iniciativa cuenta con el apoyo de la población local.


Es la hora del almuerzo en la Escuela Sacré-Cœur y los todoterrenos llegan al recinto levantando remolinos de polvo rojizo. Los niños dejan de inmediato todo lo que están haciendo para recibir a las hermanas, que regresan tras pasar unos días fuera. Corren hacia la entrada eufóricos y una avalancha de risas, abrazos, apretones de manos y miradas de alegría llenan los minutos siguientes. Las religiosas intentan saludar a todos los pequeños que se agolpan a su ­alrededor.

Estamos en Kpari, una pequeña localidad rural al noreste de Benín, en la zona fronteriza con Nigeria. Allí las hermanas argentinas del Sagrado Corazón han levantado una escuela infantil con el propósito de reintroducir en la educación a los niños que abandonaron la escuela. Este espacio busca ofrecer un entorno estructurado en el que los menores puedan retomar el aprendizaje y obtener las competencias necesarias para que se reincorporen en el sistema educativo beninés. Las hermanas Constanza, María Jesús y Emilia nos abren las puertas de su proyecto, que al mismo tiempo cuenta una dura realidad en el país.

En las zonas rurales de Benín, crecer puede significar asumir responsabilidades desde una edad muy temprana. Hay un momento, casi imperceptible, en el que los brazos de la madre dejan paso a los primeros pasos en el mundo. A partir de entonces, para muchos niños y niñas la infancia transcurre entre la escuela, la familia y unas condiciones económicas que obligan a participar pronto en las tareas que sostienen la vida cotidiana. Ese momento puede llegar pronto: en 2023, la tasa de fecundidad se situaba en 4,6 hijos por mujer, en un país marcado por importantes desigualdades entre el sur y el norte.

Las hermanas Constanza (dcha.) y Emilia en la Escuela Sacré-Cœur, de Kpari. En la imagen superior, La Hna. Constanza Lo Sardo y una alumna de la Escuela Sacré-Cœur participan en una actividad formativa. Fotografías: Fundación Alaine y Andrea Chamorro



Un perfil con sombras

Benín se encuentra entre los países con mayor mortalidad infantil del mundo. De acuerdo con los datos proporcionados por la ONG Humanium, la mortalidad de menores de cinco años alcanza los 90 por cada 1 000 nacidos vivos, a la vez que enfermedades como la malaria, el dengue, la fiebre tifoidea o las infecciones respiratorias son frecuentes. La falta de acceso a agua potable y la desnutrición –que afecta a entre el 16 % y el 23 % de los niños– agravan esta situación.

Benín, que ocupa el puesto 173 [de 193] en el Índice de Desarrollo Humano 2025, es uno de los países más pobres del mundo, lo que limita la capacidad estatal de proveer a la población de sistemas de salud, educativos y alimentarios. Las infraestructuras de transporte también son escasas en el norte del país, lo que dificulta la movilidad de los niños y sus familias para satisfacer sus necesidades.

La escuela es uno de los puntos centrales para el desarrollo de la comunidad y de los propios jóvenes. La educación es de gran ayuda a la hora de romper el ciclo de pobreza, reducir la desigualdad y frenar el trabajo infantil. A su vez, ayuda a la prevención de enfermedades, ya que es un vehículo para el aprendizaje de conceptos y dinámicas de higiene y salud. Además, el acceso a la educación permite adquirir competencias básicas como la lectura, la escritura y el pensamiento crítico, herramientas fundamentales para desenvolverse en la vida adulta. 

Las escuelas también funcionan como espacios sociales en los que se transmiten valores, normas sociales y cultura. En contextos rurales, las escuelas pueden convertirse en un punto de encuentro para la comunidad al promover la participación de las familias en iniciativas conjuntas.

La Fundación Alaine está especializada en proyectos relacionados con la infancia y la protección de la mujer y, entre sus principales líneas de actuación, se encuentra la construcción de escuelas en distintas comunidades. Carlos, miembro de la fundación, constata que una de las demandas más frecuentes por parte de la población es la creación de centros educativos, ya que muchas comunidades consideran la educación como una prioridad para el futuro de sus ­hijos.

Sin embargo, la escolarización no siempre es accesible y efectiva en Benín. En el norte, la población se encuentra dispersa en comunidades rurales conectadas por caminos de tierra que, durante la estación de lluvias, se vuelven difíciles de transitar. Los niños mayores caminan largas distancias para llegar a la escuela, mientras que los más pequeños muchas veces no pueden hacerlo sin acompañamiento. A estas dificultades se suma la cuestión lingüística. Aunque el francés funciona como lengua común en un país donde conviven idiomas como el bariba, el fulfulde, el fon o el yoruba, muchos niños crecen hablando solo lenguas locales. Para algunos, el primer contacto con el francés se produce al comenzar la escuela. La falta de programas bilingües, junto a unas aulas públicas saturadas, dificulta el aprendizaje y la atención individualizada, generando frustración, desmotivación y un atraso escolar que puede comenzar desde las primeras etapas.

La Hna. Constanza, con muchos años de trabajo en la misión de Kpari, hace especial énfasis en este punto: «Fracasan un año, fracasan dos, fracasan tres… y ya no pueden volver a intentarlo. A los nueve años en nuestro país la ley ya no contempla la alfabetización».

Por este motivo, la Escuela Sacré-Cœur ha optado por un modelo de educación bilingüe en las primeras etapas de la escolarización. En estos niveles, los profesores intercalan el uso del francés con la lengua local de los alumnos, lo que facilita una aproximación más progresiva al idioma. A medida que avanzan los cursos, el francés tiene más presencia en la enseñanza, hasta convertirse en la lengua principal cuando los alumnos llegan a los niveles superiores. El profesor de la escuela, Kassimou Soupian, puntualiza: «Se necesitan al menos dos años para que el niño se adapte a nuestras realidades. Esa es una de las principales dificultades».

Religiosas y profesores organizan una actividad al aire libre en el patio de la escuela. Fotografía: Fundación Alaine y Andrea Chamorro



Causas y consecuencias

El abandono escolar en Benín responde a profundas causas sociales y económicas. En las zonas rurales, la agricultura y la ganadería de subsistencia requieren la participación de toda la familia, llevando a muchos niños a dejar la escuela para contribuir a su sustento. Las niñas se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, ya que la falta de educación limita sus oportunidades profesionales. A esto se le suma la persistencia de matrimonios antes de los 18 años. De acuerdo con los datos de la ONG Girls Not Brides, el matrimonio de niñas de 15 años se sitúa en el 6 %. La organización también declara en su página web que «el 28,9 % de las mujeres que solo han completado la Primaria se casaron antes de los 18 años, en comparación con el 4,2 % que han completado la Secundaria o superior». Sin embargo, existen numerosas iniciativas tanto nacionales como internacionales para luchar contra el abandono escolar y el matrimonio infantil. La Hna. Constanza relata: «Las niñas son entregadas al matrimonio muy jovencitas, muchas no van a la escuela. Ante este panorama, entendimos que había que hacer algo a nivel educativo. Empezamos la búsqueda y comenzamos el trabajo de sensibilización en el pueblo. Qué es lo que el pueblo pensaba respecto a sus niñas y al matrimonio infantil. Y entonces el pueblo dijo: “Nosotros queremos algo para mejorar la situación”». De este modo, con el convencimiento y el compromiso de la comunidad, más el trabajo de las hermanas, se puso en marcha el centro escolar.

A su vez, existen motivos de carácter económico vinculados a la estructura familiar por los cuales las niñas abandonan la escuela. Las familias beninesas, con unos cinco hijos por mujer, según datos del Banco Mundial, son más extensas que la media de los núcleos familiares europeos. Este tamaño implica una mayor presión sobre los recursos disponibles, lo que con frecuencia obliga a redistribuir las responsabilidades dentro del hogar. En este contexto, la educación de las niñas puede pasar a un segundo plano frente a las necesidades familiares del ­momento. 

Cuando las chicas tienen entre 12 y 13 años, momento en el que pasan a la adolescencia y son consideradas mujeres, pueden ser requeridas para cuidar de sus hermanos o ayudar en la casa. Además, existe una práctica común que consiste en enviar a las niñas a vivir con familiares que se encuentran en entornos urbanos, donde colaboran en tareas del hogar o negocios familiares. Aunque se presente como una oportunidad, esto puede suponer una interrupción en su vida académica que luego vuelve más compleja la posibilidad de reanudarla.



De vuelta a la escuela

Lograr que los niños regresen a las aulas no es una tarea sencilla. Las hermanas trabajan estrechamente con las familias para facilitar su reincorporación al sistema educativo. En la zona de Kpari, cristianos y musulmanes conviven en paz. Sin embargo, las religiosas relatan que al comienzo de su presencia existía un pequeño recelo por parte de la población de que la educación fuese solo cristiana. Al comprobar que la religión no entraba en el currículum formativo, se produjo una mayor matriculación en la escuela. «Cuando se inició la escuela, las hermanas invitaban a las familias, las visitaban… Pero en el origen estaba la decisión del pueblo, no de las hermanas. Fue el pueblo el que pidió cambiar su realidad y por eso solicitaron una escuela», explican las religiosas.

La educación se considera uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de las comunidades locales. Sin embargo, existen todavía importantes obstáculos a nivel económico y social que dificultan la alfabetización. Algunos de esos retos también se trasladan a la escuela, sobre todo en lo relativo a la financiación de la iniciativa. Dentro de sus posibilidades, las Hermanas del Sagrado Corazón en Kpari ofrecen a las jóvenes una vía para reintegrarse en la enseñanza que puede ser la escalera social por la que suban miles de niños y familias para mejorar su situación.   




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