«A nuestros políticos no les importa la gente»

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Mons. Ignatius Kaigama, arzobispo de Abuya (Nigeria)



En la última década, más de 200 sacerdotes han sido secuestrados en Nigeria y numerosas comunidades cristianas han sufrido ataques. El arzobispo de Abuya, Mons. Ignatius Kaigama, ha participado en la campaña «Sana Nigeria: que la persecución no tenga la última palabra», que ha desarrollado ACN-España. Durante la entrevista con MN, reflexiona sobre los problemas de fondo que ayudan a comprender esta realidad.


En su página web personal dice que la primera condición para la paz es conocernos y valorarnos mutuamente. ¿Qué falta de todo eso en la Nigeria actual?

Somos un país muy complejo, pero tenemos la esperanza de que los factores étnicos, culturales, religiosos y políticos puedan traernos unidad, aunque a veces, por desgracia, son los causantes de los conflictos y de la falta de progreso.



¿Ayuda o perjudica la imagen que trasladamos de su país desde Occidente?

Sentimos que no nos conocen. Se debería hacer un mayor esfuerzo por conocernos, por ver la realidad, en vez de considerar solo lo que dicen los medios. Debería haber un conocimiento más personal sobre África y no depender tanto de los titulares de la BBC, la CNN o de otros medios. La Iglesia es una fuente creíble de conocimiento sobre Nigeria, mucho mejor que los titulares de los periódicos. 



¿Qué impacto tienen esos titulares en su país? 

La gente se los cree. Una vez que aparece que «300 personas han sido asesinadas en Nigeria», eso es lo que queda. Y si tratamos de explicarlo, se hace más complicado. No podemos contrarrestar esas informaciones.

El presidente del Tribunal Supremo de Nigeria, Walter Samuel Nkanu Onnoghen, acusado por corrupción en 2019. Fotografía: Kola Sulaimon/Getty. En la imagen superior, Ignatius Kaigama el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo



¿Cuál es la situación de su país?

Nigeria es mi país y lo amo. Soy muy patriota y, a pesar de los desafíos, tengo un gran amor por mi tierra. En Nigeria hay muchas cosas buenas. Hemos sido bendecidos con abundantes recursos naturales y humanos. En Inglaterra o en Estados Unidos hay infinidad de médicos, enfermeros o ingenieros nigerianos. Nos falta organización y emplear bien nuestros recursos. Con esto me estoy refiriendo a nuestros líderes. Los jóvenes emigran para buscar «pastos más verdes» en otro lugar. Ante la falta de un buen Gobierno y de empleo, es fácil entrar en la delincuencia. Boko Haram, las bandas criminales y los asesinatos son producto de un mal gobierno. Tenemos el potencial para ser una de las naciones más grandes del mundo, pero los dirigentes permiten que vengan países como China o Estados Unidos, extraigan todo y nos dejen secos. Hay senadores, ministros… que tienen un montón de riquezas y propiedades en Europa que, se sabe, están pagadas con patrimonio robado de Nigeria. La corrupción hace que sea imposible para los jubilados disfrutar de su retiro. Sin embargo, también hay millones de nigerianos en casa que son optimistas, confían en Dios y tienen la esperanza de que algún día esto cambiará. 



En relación con otros países, usted denuncia un sistema que se parece mucho al colonial. ¿Se puede afirmar que se encuentran bajo un régimen pseudocolonial? 

Sí, todavía estamos bajo control remoto. Incluso en períodos electorales, si Estados Unidos o cualquier otro actor decide qué candidato va a ganar, eso sucede. También hablamos de recursos minerales. China se pone de acuerdo con funcionarios corruptos del Gobierno y consiguen un acceso directo.  Así que todavía sentimos el colonialismo, aunque sea de una manera diferente. Y también está el colonialismo ideológico, cuando nos facilitan medicamentos para abortar o nos piden que aceptemos el matrimonio entre hombres o mujeres. Si nos negamos porque va en contra de nuestra cultura y de nuestra religión, nos advierten de que nos negarán esto o lo otro. Durante la pandemia, o con la malaria y el VIH dependemos de Estados Unidos y de otros países europeos, pero esa ayuda desapareció cuando llegó Trump al poder. Muchas personas se han curado porque tuvieron acceso libre a los medicamentos, pero ahora todo se ha detenido, lo que pone en peligro la vida de mucha gente. Hay casos como el Gobierno militar de Burkina Faso, que quiere un auténtico gobierno africano, animado por la cultura local y no por intereses extranjeros. Pero a ellos [a los actores externos] eso no les gusta. Así que todavía, de muchas maneras, hay un control sobre quién se convierte en líder de un país. Incluso en el mío, en las próximas elecciones, no te sorprendas si alguien, en algún lugar, ya ha determinado quién va a ser el ganador. Y saben cómo hacerlo.



¿Denuncia la Iglesia la corrupción?

Sí, ejercemos nuestro ministerio profético denunciando abiertamente lo que está mal. Cada año, los obispos tenemos dos asambleas plenarias y, si se leen nuestros comunicados, siempre hablamos de pobreza, paro juvenil, violencia, hambre… Denunciamos los problemas que vemos y siempre somos recibidos [por los políticos] con sonrisas, con un abrazo, con un café…, pero nada avanza. Cuando nuestro pueblo sufre, nosotros sufrimos.

Retratos de varias personalidades –entre ellas Bola Tinubu y Donald Trump– en una calle de Lagos. Fotografía: Olympia de Maismont / Getty



¿No se sienten escuchados?

Son muy corteses y educados. Te dicen: «Sí, sí, haremos algo sobre esto», pero cuando te marchas, ahí acaba todo. Hay indiferencia. Ellos saben que la Iglesia es la que está en primera fila y visita pueblos y lugares que el Gobierno no ha pisado nunca. Somos nosotros los que acabamos recibiendo las quejas. De hecho, muchas veces me veo a mí mismo más como un trabajador social que como un sacerdote. Cuando voy a algunos sitios, las personas ni siquiera me piden una bendición o que rece por ellos, sino que me piden comida o medicinas. En la Iglesia muchas veces acabamos convertidos en trabajadores humanitarios. 



¿La población se acerca a ustedes por lo que son o porque resuelven sus problemas? 

Ellos creen en nosotros. Cuando salgo con mi sotana blanca la gente quiere tocarme y solo por hacerlo ya se siente contenta. Puedo pasarme una hora y media haciéndome fotos con ellos. En nuestra sociedad hay hambre de amor y ellos son nuestra familia.



¿El impacto de la Iglesia católica es el mismo en el sur que en el norte, de mayoría musulmana? 

En el sur podemos diferenciar el este, donde llegó la Iglesia en 1885, de mayoría igbo y donde hay más católicos, y la parte occidental, donde está Lagos, y donde los misioneros tuvieron menos éxito. En cuanto a la situación en el norte, desde Abuya, de donde soy, hasta la frontera con Níger somos minoritario. El control, incluso políticamente, es casi absoluto de la comunidad musulmana. En el norte hay más de 20 estados y solo tres gobernadores cristianos. De cara a las elecciones del próximo año, el All Progressives Congress (APC), que representa a la mayoría musulmana, está intentando incluirlos en sus listas. Este partido es el del presidente [Bola Tinubu] y del vicepresidente [Kashim Shettima], ambos musulmanes. 



¿Ya no queda nada de aquella tradición por la que se alternaban presidentes católicos y musulmanes? 

Goodluck Jonathan [entre 2010 y 2015] fue el último presidente cristiano que tuvo un vicepresidente musulmán. Después, Buhari tuvo a un vicepresidente [Yemi Osinbajo] que era pastor [en la Iglesia Cristiana Redimida por Dios], aunque apenas tenía voz. Todos los nombramientos de Buhari en el Ejército, la Marina o la Policía fueron para musulmanes o fulanis. Con el presidente y el vicepresidente musulmanes, argumentan que ese hecho demuestra que el islam es la principal religión en Nigeria, pero eso no es cierto. Hay muchos gobernadores cristianos en el país que pertenecen al APC. Cuando yo estaba en Jos, el responsable del partido era católico. Hay muchos cristianos que por razones de poder o dinero se suman a sus filas.

Una mujer espera para recibir atención médica en el campo de desplazados internos de Durumi, en Abuya. Fotografía: Emmanuel Osodi/Getty



¿La apatía del Gobierno con la Iglesia tiene algo que ver con esto?

Sí, el Gobierno está asentado sobre intereses personales. Los nigerianos están entendiendo ahora que no trabajan por las personas, sino que su primera prioridad son ellos mismos. Su principal objetivo es la riqueza de Nigeria. La gente no les importa. Cuando acceden al poder, empiezan a gastar fortunas en países extranjeros, mandan a sus hijos a estudiar fuera, salen a gastar a otros países.



¿Hay diálogo con las comunidades musulmanas en Nigeria? 

Tenemos diálogos y encuentros, pero de manera formal. De hecho, mucha gente cree que no es algo que sale del corazón. Existe el Consejo Interreligioso de Nigeria, en el que participan líderes cristianos y musulmanes al más alto nivel, pero está patrocinado por el Gobierno. Estos encuentros no tienen ningún propósito, simplemente nos encontramos. Tenemos que ser muy serios. Cuando nos reunamos para dialogar, no podemos volver a decirle a la gente que solo lo hemos hecho por hacerlo. Es un camino que tenemos que recorrer juntos. En estos últimos tiempos, las declaraciones de Trump han hecho que el diálogo sea todavía más complicado y han generado más desconfianza. 



Además, ordenó el bombardeo de instalaciones de Boko Haram en diciembre. ¿Qué piensa de esa decisión?

Mientras que muchos líderes se quedan callados o ni siquiera hablan del cristianismo, el presidente estadounidense fue el primero en señalar que los cristianos estaban siendo perseguidos. Cuando él dijo que iba a venir a ayudarnos, nos alegramos. Pensábamos que nos iba a ayudar a erradicar este problema de raíz, que iba a ofrecernos herramientas de inteligencia, que iban a localizar dónde están estos grupos armados, que iban a acabar con sus armas… Pensábamos que nos iba a ayudar. Pero en Navidad nos envió una bomba. No sabemos si tuvo algún efecto y, además, esto ha enfurecido a los terroristas, por lo que han incrementado la violencia. Y no sabemos nada más de Trump. Pensábamos que estaría allí para responder y asegurarnos que estas personas no volverían a actuar. Pero no podemos oírlo ni verlo ni encontrarnos con él, por lo que estamos un poco ­decepcionados. [El pasado 16 de mayo, Donald Trump anunció que el Comando África de EE. UU. y el Ejército nigeriano habían abatido a Abu-Bilal al-Minuki, número dos del Estado Islámico, en una operación conjunta].



¿Tienen la impresión de que en Occidente solo confiamos en la vía de la fuerza para solucionar los conflictos?

Las armas no pueden solucionar todos los problemas. Las estrategias sí solucionan problemas. Hay que bloquear su fuente de ingresos, impedir que reciban armas, debilitarlos y acabar con su infraestructura. No hay que matar a nadie para hacer eso. 



¿De dónde vienen el dinero y las armas? 

Ese es el misterio, aunque creemos que vienen del mundo árabe. Pero mi trabajo no es descubrir esto. Yo soy un sacerdote y mi tarea es rezar y bendecir. Esto es responsabilidad del Gobierno, que debe usar a los servicios de inteligencia, a la Policía o al Ejército.   



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