Carla Fibla recomienda «Cosas que no quiero saber»

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Periodista en MUNDO NEGRO. En 2020 ganó el Premio Saliou Traoré de EFE y Casa África. Es autora de Mi hogar es cualquier parte y de otros títulos. Fue corresponsal en el Magreb y Oriente Próximo para La Vanguardia y Cadena  SER.

Poco antes de viajar a Sudáfrica, donde vive desde hace unos meses, uno de sus libreros de confianza le recomendó El coste de vivir, segunda parte de la trilogía autobiográfica de Deborah Levy. «Era el único que tenía en ese momento, pero me encantó. Cuando ya llevaba dos meses en Sudáfrica, leí la primera parte, Cosas que no quiero saber, centrado más en la infancia de la autora en el país», cuenta Carla Fibla. Con Los bienes raíces, la escritora cerró el proyecto de escribir una autobiografía «en construcción». «Empezó a los 50 y ha seguido haciéndola sobre la marcha. A esa edad podía empezar a mirar atrás y contar cosas de su pasado, pero mezclándolo con el presente», explica la periodista. «¿Está entre las memorias y el diario?», preguntamos. «Sí. Me gusta mucho que se autocuestiona constantemente. Por ejemplo, a los 50 se imagina cómo va a ser cuando sea más mayor, pero según va avanzando el segundo libro se da cuenta de que lo que se había planteado no tiene ningún sentido. Es muy sincera. (…) Decidió escribirlo a partir de un ensayo llamado Por qué escribo, de George Orwell. Quería hacerse preguntas y ver si era capaz de responderlas», contesta Fibla apuntando que el foco principal está dirigido al «hecho de ser mujer y artista, o escritora. Analiza qué lugar tiene en el mundo por el hecho de ser mujer». También aborda la relación entre madres e hijas, «cómo se construye y cómo evoluciona. Da muchas claves. Habla sobre la relación de pasado y presente, que están mezclados…».

Si leer es ya viajar, unir viaje y lectura multiplica los efectos. «Tenía ya muchas referencias del país en el que ahora vivo y fue muy interesante leerlo aquí. La Sudáfrica de su infancia que describe –años 60– es muy distinta a lo que he conocido, pero algunas cosas, por desgracia, siguen sin funcionar 27 años después del fin del apartheid. En identidad, tradiciones, culturas, idiomas… es un país riquísimo y la gente de diferentes orígenes con la que hablo coincide en que la Constitución sudafricana es una de las mejores del mundo. Es verdad, pero solo en la teoría, en la práctica parece inviable», dice Fibla. 

Levy es británica de pasaporte, pero nació en Johannesburgo. Su padre, académico e historiador, estaba muy vinculado al Congreso Nacional Africano de forma activa y en la clandestinidad. Fue detenido muchas veces durante el apartheid. «A los nueve años se la llevan a Gran Bretaña. A partir de ahí, vincula memorias y sensaciones. Por ejemplo, confiesa que la primera vez que se subió a una escalera mecánica en Europa sintió ganas de llorar y que se encontró con un modelo de vida totalmente distinto. Otra de las imágenes potentes es cuando dice que el llanto de una mujer le devuelve la nieve cayendo sobre su padre en el Johannesburgo del apartheid. No sé si tiene que ver con oír a su madre llorando durante una detención o qué, no lo especifica. (…) Me gusta que su vínculo con Sudáfrica no tenga que ver con una añoranza edulcorada. Cuenta los hechos que vivía su familia en ese momento en un contexto de activismo con situaciones que ella no entendía y también con olores y sensaciones que se le grabaron con intensidad», dice.

A nivel de estilo, destaca el sentido del humor de la autora: «Es capaz de contar cosas profundas, casi metafísicas, de manera divertida. (…) Enlaza muy bien las ideas. Me parece una escritora sorprendente».  «Pero, Carla, al final no me has contado qué es lo que no quiere saber la autora». «Es que no quiero desvelarlo. Hay que leer el libro», contesta. Un misterio para intensificar una recomendación.

Imagen de portada: Rafael Armada


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