
Publicado por Gonzalo Vitón en |
Compartir la entrada "Democracia incompleta"
Junio arrancó en Etiopía con una jornada electoral. Según los datos oficiales, más de 50 millones de ciudadanos se registraron para votar y las estimaciones hablan de que casi 40 millones ejercieron su derecho a hacerlo. Los resultados, anunciados 20 días después de las elecciones, certificaron una nueva victoria del Partido de la Prosperidad (PP), que obtuvo 438 de los 501 escaños en liza, controlando así el 90 % del Parlamento. Desde 1991 hasta 2019 el Frente Revolucionario Democrático Popular de Etiopía (FDRPE) estuvo al frente del Gobierno. En ese momento se disolvió y rebautizó como PP, ya bajo el liderazgo de Ahmed. Esta formación, bajo cualquiera de sus dos denominaciones, no ha tenido rival en las tres últimas convocatorias electorales. En 2010, el FDRPE aseguró el 99,6 % de los escaños en el Parlamento, cinco años más tarde acaparó todos los asientos y en 2021, primeros comicios a los que concurrió el PP, sumaron el 97 %. Los de este año, los séptimos desde que se completó el proceso de transición del régimen autoritario al parlamentario, no han sido una excepción a la regla.
La región de Tigré, al norte de Etiopía, mantiene un conflicto con el Gobierno federal desde hace más de una década. Tras las elecciones de 2015, las previstas para 2020 tuvieron que ser aplazadas a causa del COVID-19. Sin embargo, el Gobierno regional tigrino, en un desafío al Ejecutivo federal, decidió organizar los comicios regionales en septiembre de 2020, lo que, a la postre, se convirtió en un desencadenante de la guerra que enfrentó a ambos bandos durante dos años y que dejó alrededor de 600 000 muertos. Las elecciones generales de 2021 excluyeron al Tigré, escenario que se ha repetido este año, lo que significa que los habitantes de la región norteña llevan más de una década sin ejercer su derecho a voto y van a estar dos legislaturas sin representación parlamentaria federal.
Además de Tigré, que quedó excluida en su totalidad, parte de las regiones de Oromia y Amhara, dos de las más pobladas, también vieron limitado su derecho al sufragio. Entre estas dos regiones, al menos 140 circunscripciones electorales suspendieron la votación, aduciendo, en su mayoría, riesgos de seguridad. Esto significa que, de 547 escaños totales, solo se han elegido 501. A la exclusión de todas estas zonas, se suma el hecho de que en otras 65, el único partido que presentaba candidato era el PP, lo que le ha asegurado esos asientos en el Parlamento sin necesidad de contar los votos.
A las elecciones etíopes se presentaron varias decenas de partidos. Una parte de ellos, de carácter regional, están muy próximos al PP, mientras que los que visibilizan a la oposición están muy fragmentados. Ennatu Domingo Soler, politóloga catalana de origen etíope, y John White, periodista especializado en el Cuerno de África, en conversación vía WhatsApp con MUNDO NEGRO, coinciden en señalar la falta de oposición como uno de los elementos más problemáticos de las elecciones. Ambos concuerdan en que la oposición es muy débil, no está coaligada y su campaña ha estado desorganizada y limitada, por lo que ha tenido escaso impacto. A ello se suma la mencionada exclusión de centenares de circunscripciones electorales en las tres regiones, así como el «clima de intimidación presente en varias localidades», según denuncia White. Junto a la falta de oposición, se suma también la baja participación de las mujeres en el proceso. Según señala la periodista Maya Misikir en Sifter, su boletín digital, menos del 25 % de los candidatos fueron mujeres. Además, denuncia casos de violencia e intimidación contra las mujeres en el contexto electoral, lo que provocó que algunas desistiesen de presentarse como candidatas.

Ante la duda de si Ahmed, premio Nobel de la Paz 2019, es la persona ideal para dirigir a Etiopía en un momento de fuertes tensiones internas y regionales, con la amenaza de una nueva guerra en Tigré y de enfrentamientos con países vecinos, como Eritrea, Domingo Soler sostiene que «es la única figura política que tiene el apoyo de las organizaciones regionales (IGAD), continentales (UA) e internacionales». «Además –añade la experta– se ha presentado como un político más moderado y centralizador que las alternativas que había antes». Junto a ello, y como destaca White, el primer ministro «quiere convertir a Etiopía en la tercera potencia económica de África». Sin embargo, la prolongación de los conflictos internos, así como los recelos que está empezando a levantar por su aproximación a Emiratos Árabes Unidos y las Fuerzas de Apoyo Rápido sudanesas pueden erosionar aún más su figura.
«Ya son cientos los nuevos edificios gigantescos y auténticos rascacielos de hasta 30 o 40 plantas repartidos por la capital, hasta crear un auténtico skyline similar al de muchas ciudades de los países del Golfo», detalla John White. Esta afirmación esconde dos realidades. Por un lado, que la gran mayoría de las reformas y desarrollos se circunscriben al área de la capital, mientras que las regiones rurales y periféricas discurren a una velocidad muy diferente. Por otro lado, que esta modernización supone un coste muy alto.
Uno de los proyectos estelares del Ejecutivo de Ahmed es el Corridor Development Project (CDP), un plan de desarrollo urbanístico que se quiere implementar hasta en 58 ciudades del país y que ya está muy avanzado en Adís Abeba. Sobre esta iniciativa, denunciada por organizaciones como Amnistía Internacional, John White relata que ha sido testigo de «la devastación que, tanto en Adís Abeba como en las ciudades que he visitado, ya ha causado en miles de familias desplazadas de sus hogares y expulsadas hacia las periferias de las ciudades, a menudo sin ningún tipo de compensación, quedando, además, sin acceso a las pequeñas tiendas informales, donde podían comprar alimentos y bienes de primera necesidad. He visto a algunas personas llorar al relatar la injusticia sufrida». Como resume Domingo Soler, «sus reformas urbanísticas han sido percibidas como un cambio superficial a las necesidades sociales y económicas de la población etíope». La politóloga también resalta la complejidad de este escenario y afirma que «Abiy Ahmed tendrá que encontrar un punto medio para poder conciliar los intereses de las regiones y su afán de centralizar el poder político y también el desarrollo económico», pero avisa que «sin una alternativa de la oposición y sin garantizar la competencia entre las diferentes ideologías y grupos políticos, será muy difícil descentralizar el acceso al poder y también el desarrollo económico en el país». White cierra con dos imágenes tomadas de su círculo cercano, que describen el sentir de millones de conciudadanos etíopes: «Abiy Ahmed se ha transformado de abeja en leopardo» y «¡Parece decidido a eliminar la pobreza eliminando a los pobres!».
Compartir la entrada "Democracia incompleta"