La crisis de migrantes y refugiados continúa en Sudáfrica

en |



El movimiento anti-migración March and March seguirá presionando a migrantes y refugiados para que abandonen el país lo antes posible. Su intención es continuar sus manifestaciones todos los jueves.



Por Rafael Armada desde Johannesburgo



Cientos de malauís se concentran a las puertas de su consulado en Johannesburgo esperando la oportunidad para ser repatriados. Muchos han pasado la noche a la intemperie esperando un transporte, que se retrasa, para que los devuelva a su país de origen. Salen huyendo de una tierra en la que no se sienten acogidos y sus palabras reflejan el dolor de las recientes experiencias vividas.

Margareth llegó a Sudáfrica con su hermana hace cinco meses. Dejó a sus hijos en Malaui y se estableció en Durban como empleada en el servicio doméstico. Empezaron a amenazar a su empleador y también a ella diciéndole que le quemarían su casa. Reconoce que no podía ir ni a trabajar ni a las tiendas porque le acosaban para que se marchase del país. También el dueño de su casa le pidió que la abandonara. Deja ahora Sudáfrica con un corazón pesado.

Tzifundo ha estado viniendo varias veces y en esta última ocasión lo hizo el pasado agosto. Trabajaba en una tienda en Johannesburgo. Sus documentos no estaban en regla y el dueño del negocio le pidió que abandonara el trabajo debido a la presión anti-migratoria. Por el momento no piensa regresar a Sudáfrica. Si algunos llegaron hace poco al país, otros lo hicieron hace varios años, como Daniel, originario de Lilongüe, que llegó a Pretoria en 2013 buscando el trabajo que su tierra no le ofrecía.

Miembros del Servicio Jesuita a Refugiados repartiendo comida a personas migrantes asentadas junto al consulado de Malaui en Johannesburgo. Fotografías: Rafael Armada



Varios miles de malauís salieron estos días hacia Mesina, localidad sudafricana en la frontera con Zimbabue, donde el pasado fin de semana cruzaron más de 20 000 migrantes para abandonar Sudáfrica, según refiere Matseliso Ntsoelikane, directora nacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, en sus siglas en inglés).

En la embajada de Zimbabue se concentran unos 200 migrantes, pero aquí las cosas están más organizadas. Un autobús espera y las personas comienzan a cargarlo con sus equipajes.  Sin embargo, un sentimiento parece apoderarse de todos ellos. Sus rostros muestran la frustración de quienes no pudieron llevar a cabo sus sueños.

Las manifestaciones llevadas a cabo por March and March el pasado día 30 de junio fueron más pacíficas de lo esperado, como reconocía al día siguiente el diario Daily Maverick, pero la intención de los organizadores es firme y pretenden continuar manifestándose todos los jueves, presionando así para que salgan del país migrantes y refugiados.

Para el comboniano sudafricano P. Francis Manana, detrás del movimiento anti-migración hay una clara intención política de debilitar el Congreso Nacional Africano, que ha fracasado en la gestión de los asuntos sociales en un país donde no dejan de crecer el desempleo, la corrupción, la desigualdad y la pobreza. Con las elecciones locales de noviembre tan cercanas, el movimiento anti-migratorio culpa a los vecinos africanos más débiles de una situación social en continuo deterioro. La marcha de los migrantes debilitará sin duda aún más la frágil economía sudafricana.

Colabora con Mundo Negro

Estamos comprometidos con la información sobre África

Si te gusta lo que hacemos, suscríbete a nuestra revista o colabora con nuestro proyecto