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Por Enrique Bayo Mata
Una alegría desbordante ha acompañado todos los movimientos del Papa en Angola, aclamado con gritos de júbilo en las calles y en todos los lugares que ha visitado. El Pontífice, que ha agradecido el calor de la acogida, ha calificado la alegría auténtica y espontánea del pueblo angoleño como un «tesoro» que ni «las circunstancias más adversas han podido extinguir». De manera implícita, ahí aparecen los largos años de guerra civil -desde 1975 a 2002-, cuyas heridas todavía no han cicatrizado del todo, ni la actual situación de pobreza y desigualdad en un país que goza de abundantes recursos.
El pueblo angoleño es rico humana y materialmente, pero también ha sido empobrecido, hasta el punto de que un tercio de sus ciudadanos subsiste por debajo del umbral de la pobreza extrema. Este contraste no ha sido indiferente para el Papa, que desde su primer discurso recordó que venía a Angola con el deseo de «escuchar y alentar a quien ya ha elegido el bien, la justicia, la paz, la tolerancia y la reconciliación», pero también para «hacer un llamamiento a la conversión de quien elige caminos opuestos e impide el desarrollo armonioso y fraterno». Nada de ambigüedad, siempre distinguiendo «entre quienes han mantenido sus corazones y mentes libres del engaño de la riqueza» y las élites que esclavizan «con riquezas desmedidas».
La crítica social ha estado presente en todas sus intervenciones. Ante las autoridades y miembros del Cuerpo Diplomático denunció los «intereses prepotentes» de quienes acaparan sin pensar en el bien común y subrayó: «¡Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántas catástrofes sociales y ambientales trae consigo esta lógica extractivista!».
León XIV ha querido transmitir un mensaje de esperanza y superación a la comunidad católica del país. Partiendo de la Palabra de Dios de la liturgia del día, ha invitado a renovar la fe y la confianza en el Resucitado, pero siempre con vistas a un compromiso que construya una Angola mejor. En la eucaristía celebrada en Kilamba, municipio cercano a Luanda, la capital, el Papa se incluyó entre los católicos que «podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir».
La Iglesia angoleña vive su fe con intensidad, apoyada en formas de religiosidad tradicional como las largas vigilias y oraciones que buscan la intervención divina. El Papa reconoció esta realidad como perteneciente «a las raíces de la cultura», pero advirtió del «riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual». Invitó a los católicos a «permanecer fieles a lo que enseña la Iglesia» y a «mantener la mirada fija en Jesús». Insistió durante la eucaristía celebrada en Saurimo, ante cerca de 60 000 fieles, en que «cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso» se puede convertir a Dios «en un ídolo al que solo se recurre cuando nos conviene, mientras nos conviene». León XIV ha dado una gran relevancia a esta idea, porque volvió sobre ella en el encuentro que mantuvo con los obispos, sacerdotes, consagrados y agentes pastorales, a los que instó a un estudio serio «para iluminar a los fieles que les han sido confiados, salvándolos sobre todo de la ilusión peligrosa de la superstición».
Un helicóptero llevó al Papa hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Muxima, situado a unos 130 kilómetros de Luanda, donde rezó el rosario acompañado por cerca de 40 000 fieles. Principal destino de peregrinación en África austral, el lugar está en plena reestructuración. El Papa, que apoyó con sus palabras un proyecto que permitirá mejorar la acogida de los millones de peregrinos que cada año lleguen hasta allí, aprovechó también para invitar a todos, y de manera particular a los jóvenes, a «construir un mundo mejor, acogedor, donde ya no haya guerras ni injusticias ni miseria ni deshonestidad, y donde los principios del Evangelio inspiren y moldeen cada vez más los corazones, las estructuras y los programas, para el bien de todos».
En Angola, como en el resto de países africanos que ha visitado, León XIV ha mantenido un equilibrio entre la diplomacia y las palabras proféticas dirigidas a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que han querido escucharle. Los católicos, por su parte, se han sentido animados y acompañados por un pastor que les ha empujado a abandonar toda tentación de pasividad.
Por Hna. Carla Luisa Frey Bamberg* desde Luanda (Angola)
La presencia del Papa en Angola ha tenido lugar en un momento histórico en el que el país celebra medio siglo de independencia y 450 años de la fundación de Luanda, la actual capital. Representa, por lo tanto, no solo una visita a la comunidad católica, sino a todo lo que significa la historia del país. Los católicos angoleños aman y respetan al Papa, no solo como institución, sino también porque escuchan sus mensajes y leen sus documentos. Por eso, la visita apostólica de un nuevo pontífice a Angola, uno de los cuatro países africanos elegidos para este viaje, ha sido motivo de gran orgullo y alegría.
Angola destaca entre los países africanos por la gran presencia del catolicismo en su territorio [un 57,83 %, según el Anuario Estadístico de la Iglesia 2022] y, de manera especial, por su devoción mariana, en particular a Nuestra Señora de Muxima, patrona del país. Las comunidades de fe y las parroquias gozan de gran vitalidad y la espiritualidad ocupa un lugar muy importante en la vida de los angoleños.
En un clima tan fragmentado y lleno de conflictos, recibirlo en nuestra casa ha resultado alentador. Su presencia ha motivado un gran entusiasmo, como se ha reflejado en los momentos en los que ha estado en contacto con el pueblo. Tuve la suerte de participar, junto a 350 personas migrantes y numerosos animadores de la Pastoral de las Migraciones, en la misa al aire libre que celebró en la capital. Allí nos congregamos centenares de miles de fieles que vibramos con su presencia y su palabra, al igual que durante el rezo del rosario en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Muxima. Este es uno de los lugares más concurridos del país. Allí culminan numerosas peregrinaciones y se organizan múltiples retiros y encuentros espirituales. El paso de León XIV supondrá, sin duda, un hito para la finalización de los trabajos de construcción del nuevo santuario mariano.
También fue muy significativa la visita a la archidiócesis de Saurimo, el encuentro que ha mantenido con los ancianos en la residencia o la misa al aire libre en la plaza, donde el Papa ha podido percibir la riqueza cultural de aquel pueblo.
Los misioneros, sacerdotes, religiosos y catequistas hemos tenido la oportunidad de encontrarnos con el Papa en Luanda. Allí el Santo Padre nos ha advertido que no caigamos en la tentación de aprovechar los privilegios de nuestra vocación y nos animó en nuestra tarea: «Vale la pena abrir por completo el corazón a Cristo […] ¡No tengáis miedo de decir sí a Cristo, de configurar completamente vuestra vida según la suya! No tengáis miedo del mañana: pertenecéis totalmente al Señor».
Han sido cuatro días muy intensos, llenos de experiencias enriquecedoras, en los que todos nos hemos sentido conmovidos por las palabras y los gestos de León XIV, demostrando que es posible convivir en una sociedad donde prevalezcan la paz, la reconciliación y la esperanza en días mejores, conscientes de que «el futuro pertenece a hombres y mujeres de paz» y que «la justicia vencerá a la violencia».
Fotografía: Alberto Pizzoli/Getty
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