«En las prendas proyecto mi persona»

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Blanchard Moussayou, artista textil



Tras estudiar patronaje industrial, pasó del mundo de la empresa al del arte. Blanchard Moussayou presentó su tercera exposición, «Terapia: procesos migratorios y salud mental», que se cerró a finales del pasado mes de marzo en Bilbao, donde reside. Allí conversamos con el creador.



¿Cómo llegó al mundo textil?

Va un poco en mi historia. Mi padre era sastre en Angola y mi hermano mayor también se dedica al mundo de la moda. Yo estudié mecánica, pero alguien me comentó que tenía buen perfil para tiendas de ropa y, por casualidad, acabé en una. Tras varios años, decidí estudiar un grado superior en patronaje industrial. A raíz de eso, ya no solo vendía ropa o entendía de moda, sino que me dedicaba a hacer prendas, a estar en el mundo textil.



¿Qué provocó que ahora se dedique a la expresión artística desde lo textil? 

Creo que es algo gradual. La semilla está ahí supuestamente inactiva, pero llega un momento en el que empieza a crecer. No te podría decir cuándo exactamente, pero es como tu ser, que está ahí latente y va saliendo de alguna manera. Cada vez se ha ido haciendo más grande, más presente. Es como un árbol. En las prendas proyecto mi persona.



¿Cuál es la diferencia entre la moda y lo textil?

La moda es una pata del textil, porque mucha gente no consume moda, pero sí textil. En el textil entran prendas, tejidos para tapicería, etc. Es un mundo más amplio que en­globa todo eso. En los proyectos lo separo porque la moda tiene una limitación, un tiempo y, después de ese tiempo, muere. La idea es que estas creaciones no tengan esa limitación, que trasciendan.



Muchas veces no damos importancia al significado de lo que llevamos. ¿Busca cambiar eso? 

Más que cambiar se trata, quizás, de concienciar desde mi persona. Por ejemplo, cuando llevamos una prenda que tiene unas letras en un idioma que no controlamos, sería interesante saber lo que pone. Es básico, porque somos como un cartel andante. Es propaganda. Quizás estamos yendo en contra de nuestros principios llevando ciertas cosas que igual no deberíamos. Es muy interesante que tengamos en cuenta que lo que nos ponemos signifique algo a nuestro favor, que no sea contraproducente con lo que somos. Cada elemento de las prendas tiene un significado. En el mundo textil, como dice el refrán, no se da puntada sin hilo.



¿Qué buscaba y en qué consistía su primera exposición, «Pensamiento tangible»?

Buscaba conocer esa parte increíble de saber que tengo ideas que puedo llevar a cabo desde cero, sacarlas al exterior y que la gente vea la parte tangible, que la pueda tocar. Después de terminar los estudios me puse a investigar y a hacer ropa, pensando en cómo sería hacer una prenda deportiva con un tejido que no estuviera predeterminado para ello. Se lo mostré a mis amigos y algunos me dijeron que no podía limitarme a eso, que lo abriera al público en general. «Pensamiento tangible» salió de la curiosidad y la investigación.

Una de las obras de «Terapia», en la que aparecen los nombres de los fallecidos en El Tarajal en febrero de 2014. En la imagen superior, Blanchard Moussayou. Fotografía: Gonzalo Vitón


La segunda fue «Luz de sendero», en torno a las figuras de cuatro mártires africanos: Thomas Sankara, Patrice Lumumba, Nzinga Mbande y Steve Biko. ¿Por qué los eligió? ¿Qué buscaba transmitir con ellos?

Una parte fue por una inspiración de Black out, una canción de Youssoupha, uno de mis raperos favoritos. En ella habla de gente a la que silenciaron. El origen fue ver que dentro de la lucha negra se tiene en gran consideración a Martin Luther King o a Malcolm X, pero no a líderes africanos. La idea era usar esa estructura para visibilizarlos, para que se pudiera conocer algo de ellos. Cada prenda tiene una historia, un diseño específico por delante y una frase por detrás. Se trata de traer a los mártires al presente vistiéndolos con una prenda actual y que hablen a través de la frase impresa en la espalda. Es decir, no solo vienen, sino que hablan. Es como si les hubiese invocado, con su permiso, para que vinieran a hablar de lo que dijeron en su día. Por ejemplo, la del Ángel negro o Black Angel está vinculada a Patrice Lumumba. Si piensas en el color de un ángel, ya sabes cuál es, y si piensas en el color de un ángel malo, también lo sabes. Lo que dice esta prenda es que tendrías que mirar la capacidad que tiene el ángel o sus cualidades. Es como si Lumumba le hubiese dado alas al pueblo para volar hacia la emancipación. La sudadera de Steve Biko es Destellos, una prenda que habla de los sentimientos, de la importancia de la parte izquierda del cuerpo. Los revolucionarios tienen que tener un sentimiento de lucha, ser muy valientes, pero también deben contar con unos sentimientos de amor muy fuertes, si no, no harían nada por nadie. Con una cosa tan sencilla como una prenda, estás llevando un mensaje que puede llegar a la gente con la que te cruzas. Me parecía muy interesante lo que puedes aportar desde la misma calle sin tener que ir a Internet o a un libro.



La tercera exposición ha sido «Terapia: procesos migratorios y salud mental», ¿de dónde surge este proyecto?

La necesidad era brutal por el día a día de escucharte, de preguntarte cosas y de estar percibiendo aquello que te rodea. Viene también de la escucha de la gente, que se pregunta, por ejemplo, por el tema de los cayucos, por la cuestión de qué hace esta gente entrando aquí. O por crecer en un sitio en el que, entre comillas, no te corresponde estar. La vida que me correspondía era criarme y crecer en Angola cerca de mi familia, disfrutando de ese entorno. Al llegar al país al que emigras, tienes un montón de cosas externas que te afectan, algunas bien y otras mal. Todo eso que vas recogiendo durante años va haciendo poso en algún lugar y se va convirtiendo en algo más físico. «Terapia» era muy necesaria y lo he notado en el transcurso del proyecto. Liberar y presentar esta iniciativa ha sido muy importante, sobre todo a nivel terapéutico. Todos crecemos con fracturas y heridas que, si no se curan, impactan en la persona.



¿Qué tipo de piezas ha presentado en esta muestra?

Son seis prendas textiles, aunque hay más elementos. La exposición estaba planteada como si fuera un viaje en diez puntos. El primer destino se alcanzaba en el punto nueve, mientras que el décimo y último era el destino final. Es decir, hasta el punto nueve no te podías apear. La lógica de esto lleva a que la gente vea el termómetro de dónde está y diga: «Voy bien, me está gustando» o «Hasta aquí». El punto diez contenía una advertencia: tenías que saber que ibas a ver algo que podía afectar a tu sensibilidad. Si no estabas en el mejor momento, igual no te venía bien. Lo que decía el último punto es que la persona que va no vuelve igual, que no siempre hay finales felices. La parte dura, intrínseca a la vida, está ahí y no podemos escapar.



¿Se visibiliza la salud mental de la población migrante?

Una de las lógicas del proyecto es que a veces no se tiene en cuenta la salud mental de las personas migrantes. Por su dureza o porque creemos que son resilientes, nos parece que las dificultades o la deshumanización no les permean. Siendo todos seres humanos, ¿por qué este aspecto de la salud mental se acepta en unos más que en otros? Son personas que tienen las mismas necesidades que cualquier ser humano. Llega un punto en el que me pesa y me da rabia tener que seguir explicando cosas que ya deberíamos conocer. Se las tengo que explicar a mi hijo de cinco años, pero me parece un retraso tener que hacerlo con una persona adulta. Si yo tengo más derechos que tú, algo falla. Yo no quiero tener más derechos que otro. El tema de la salud mental se basa un poco en esto. Veo a gente a mi alrededor con problemas de salud mental y, ojo, si no tienes una estructura… Creo en el colectivo. Lo individual está bien, pero lo colectivo tendría que ganar valor, porque nos movemos en un constructo colectivo. No solo me bastaría con que a mí me vaya bien, sino que es interesante que al vecino también.



¿Cómo le gustaría que su hijo le viese dentro de diez años?

Suena raro, pero me gustaría que me viera en el mismo lugar, que me viera haciendo lo mismo que ahora, porque seguramente eso me situará en un lugar cercano a donde quiero estar. Quiero que mi hijo me vea siguiendo mi propósito, la clave está ahí. Es una palabra tan pesada, tan potente y con tanto sentido para mí, que es lo que me propongo. Hace diez años, durante una entrevista, me di cuenta de que estaba consiguiendo cosas que no valoraba mucho, porque estoy constantemente en el futuro. Cuando releí esa entrevista, comprobé que en ese momento estaba proyectando lo que luego he hecho durante los últimos ocho años. ¡Qué más quieres que mirar hacia atrás y haber realizado lo que estabas anhelando! Una sudadera que hice para acompañar el proyecto tiene un texto que dice: «Sonríe. Tu yo del futuro dice que lo conseguiste». Evidentemente habrá cosas que no logres, pero habrá un montón de cosas que sí. Ya veremos lo que será, pero lo que está siendo ya es importante. El camino es estar orientado a eso.   



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