
Publicado por Boniface Gbama en |
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Karonga es una diócesis joven. Erigida por el papa Benedicto XVI el 20 de julio de 2010, se encuentra en el extremo septentrional del lago Malaui, en la región Norte. A pesar de las obras en curso que mejorarán las infraestructuras viarias, la llegada por carretera es difícil. El viaje desde Mzuzu, tercera ciudad más grande de Malaui y capital de la región, solo se puede realizar en taxis colectivos, pues los autobuses de línea desde Lilongüe solo llegan hasta esta localidad.
Monseñor Martin Anwel Mtumbuka es el primer y hasta ahora único obispo de Karonga, una diócesis cuenta con 43 sacerdotes y 17 parroquias para atender a una población de más de medio millón de habitantes. En conversación con MUNDO NEGRO, la secretaria del obispo, Judith Kamanga –la única mujer al frente de la secretaría de un obispo en el país–, laica de 44 años y madre de tres hijos, explica que «algunas parroquias se ubican en zonas montañosas y rurales con accesos muy complicados».
A estos enclaves remotos, donde a menudo hay que caminar más de diez kilómetros entre cerros para celebrar la misa, administrar sacramentos o asistir a los enfermos, son enviados los sacerdotes más jóvenes, mientras que los mayores permanecen en núcleos urbanos, donde la movilidad es mejor. Pese a ello, todos comparten el mismo lema diocesano: «Iremos a ellos». Monseñor Mtumbuka y su equipo son conscientes de que este apostolado requiere recursos extraordinarios para forjar una Iglesia autosuficiente y promover el desarrollo integral. Por ello, desde 2017 han apostado por proyectos agroempresariales en las plantaciones de Mughese y Chipunga, centradas en la producción de café y nueces de macadamia.

La primera de ellas, con ocho hectáreas, fue adquirida por la diócesis en octubre de 2025. Situada a 1 550 metros sobre el nivel del mar, se tarda en llegar hasta allí cerca de tres horas en coche desde la ciudad de Karonga, por caminos que serpentean entre colinas verdes y tramos de tierra roja que, tras las lluvias, solo pueden atravesar con seguridad vehículos todoterreno. Kamanga cuenta que la diócesis ha plantado 20 700 arbustos de café y 4 400 árboles de plátano. Ambas especies se cultivan juntas pues, según nos explica el administrador de la finca, Charles Mtumbuka, «el café necesita sombra para desarrollarse mejor y el plátano le protege del sol intenso y reduce la temperatura. Esto conlleva una mejoría de la calidad del café».
Sin embargo, el proyecto diocesano más importante y ambicioso se encuentra en otro territorio vecino de la diócesis situado a unos 25 kilómetros al norte de Mzuzu, en el distrito de Nkhata Bay. Adquirida en 2017, la finca de Chipunga cuenta con 286 hectáreas. Aunque solo 80 están en producción, la previsión contempla ampliar las hectáreas cultivadas poco a poco. Esta finca se centra en la producción de bayas de café arábica y nueces de macadamia de alta calidad que compiten en los mercados internaciones, aprovechando la demanda creciente de ambos productos.
Joseph Mkinga, sacerdote de 35 años ordenado en 2019, indica el doble objetivo del proyecto agroempresarial: «Apoyar las instalaciones educativas y sanitarias de la diócesis, los cuidados de huérfanos y desfavorecidos, iniciativas de justicia y paz y, al mismo tiempo, crear empleos para las comunidades de alrededor y mejorar su calidad de vida». Unas metas que no están carentes de dificultades. Cuando fue nombrado gerente y responsable legal del proyecto por el obispo tuvo que asumir numerosos retos: «Al principio no tenía formación en la producción de café. Todo el conocimiento sobre la materia lo he adquirido a través de la experiencia, talleres y esfuerzo personal». En 2023, el P. Mkinga tuvo que completar un curso en línea del AgriCollege International para profesionalizar la gestión del proyecto y garantizar los estándares de calidad internacional para la producción del café diocesano. Las crecientes tareas de administración, coordinación y supervisión de la finca, así como la formación de los agricultores locales, le han llevado a instalarse de forma permanente en una casa de la finca desde marzo de 2026.

Hasta más de 100 empleados llegan a trabajar en Chipunga, según la temporada y las actividades que hay que llevar a cabo. «A partir de mayo, la explotación suele acoger a muchos trabajadores, ya que tenemos bastantes actividades relacionadas con la cosecha tanto del café como de la macadamia», señala el sacerdote. La finca no está exenta de competencia directa, pues en la región abundan los cafetales. Sin embargo, Chipunga cuenta con un buen incentivo para atraer a más trabajadores, ya que, como explica el P. Joseph, «no en todos los sitios los trabajadores comen, así que prefieren venir a trabajar con nosotros, porque aquí comen, van al campo para cosechar y luego vuelven a sus casas». El presbítero añade que «con esto hemos creado oportunidades laborales y seguimos haciéndolo. Ojalá para 2030 tengamos más de 300 trabajadores aquí».
La creación de cooperativas es otro aspecto interesante que diferencia a Chipunga de otras iniciativas. Hasta 15 cooperativas de la zona cultivan café que luego venden al proyecto diocesano. Cada una de ellas cuenta con un líder con el que Chipunga negocia y firma el contrato. «Cuando se cosecha ese café, lo traen aquí, lo pesamos, analizamos la calidad, lo añadimos a nuestra producción y lo vendemos. Nos aseguramos de que los precios que les ofrecemos estén por encima de lo que se paga en el mercado local para que también les beneficie. Con este programa, la plantación de la diócesis apoya a más de 200 agricultores de los alrededores, de los cuales un 80 % son mujeres», relata el P. Mkinga.
Uno de los mayores desafíos del trabajo en la explotación agrícola es la comunicación con los trabajadores. El P. Joseph nos explica cómo han solucionado el problema gracias a un método tradicional e infalible: la campana. «Para llamar a todo el mundo se golpea varias veces la campana, mientras que para llamar al conductor se toca dos veces cada tres segundos. Si a quien se quiere avisar es al administrador de la finca, se toca una vez cada tres segundos». Para mantener la comunicación con la diócesis, el sacerdote ha instalado una antena conectada a Internet por satélite sobre el techo de su casa, que le sirve también para poder hacer el seguimiento desde un monitor instalado en la mesa de su despacho de la humedad, la temperatura exterior y otros factores imprescindibles para determinar el momento idóneo para la recolección y el secado de la cosecha. El proyecto en Chipunga ha dado, además, un salto cualitativo con la adquisición de maquinarias industriales, financiadas por Manos Unidas, que optimizan procesos de transformación y comercialización que con anterioridad se realizaban de forma manual.
El sueño de Chipunga es que su café sea reconocido en todo el mundo, además de en el continente africano. Por ello, participan de manera activa en las conferencias de la Asociación Africana de Cafés de Calidad (AFCA, por sus siglas en inglés), donde presentan su producto a compradores de diez países miembros, desde Etiopía hasta Sudáfrica pasando por Burundi, Camerún, la República Democrática del Congo, Kenia, Ruanda, Uganda, Tanzania y Zambia. En el despacho del P. Mkinga cuelga con orgullo el certificado de membresía de la AFCA, obtenido en el encuentro celebrado en 2025 en Dar es-Salam (Tanzania). Gracias a esta proyección, Chipunga ya exporta parte de su producción a Italia, Escocia, Estados Unidos y Alemania: «La calidad entusiasma a los compradores y la demanda empieza a superar nuestra capacidad de producción, lo que nos obligará a expandir la plantación el próximo año», concluye el P. Joseph Mkinga.
Mughese y Chipunga representan el camino que recorre la diócesis de Karonga para convertirse en una Iglesia autosuficiente, capaz de financiar su misión y reducir su dependencia de la ayuda externa.

Bajo el liderazgo de Mons. Martin Mtumbuka, obispo de Karonga, la Comisión Diocesana de Cáritas ha consolidado una orientación estratégica robusta, tanto en su arquitectura organizativa como en su marco ético. Constituida poco después del nacimiento de la diócesis, la Comisión coordina y gestiona los proyectos diocesanos de desarrollo socioeconómico. Según detalla en su sitio web, «su labor se articula en torno a cuatro pilares fundamentales: educación, salud, medios de vida sostenibles y promoción de la justicia y la paz».
Mwadi Shaba, actual secretario de la Comisión [en la imagen], es testigo de esta evolución. Procedente de la vecina diócesis de Mzuzu, fue convocado por Mons. Mtumbuka en 2010 para integrar el equipo fundacional de la Comisión. Hoy, la gestión recae sobre una junta directiva compuesta por siete miembros que se reúne de forma ordinaria dos veces al año y en sesiones extraordinarias para dar respuesta a las urgencias del contexto local.
El impacto de Cáritas en la región es vasto. En la actualidad, la Comisión administra siete centros de salud ubicados en zonas rurales desatendidas, además de una red educativa que comprende 83 escuelas primarias y diez centros de Secundaria. Como señala Shaba, el alcance es muy amplio: «Más de 28 000 jóvenes se forman todos los años gracias a este sistema educativo diocesano», lo que convierte a la Iglesia en un pilar indispensable para el futuro de la juventud en el norte de Malaui.
Sin embargo, el camino hacia la autonomía financiera sigue siendo un desafío pendiente. La mayoría de estas iniciativas dependen de la solidaridad de socios y donantes internacionales, ya que, en palabras de Shaba, «nuestros programas aún no han alcanzado el nivel de integración necesario para funcionar de manera autosuficiente». A esta dependencia económica se añade un reto cultural, «la lucha por un cambio de mentalidad frente a prácticas tradicionales como la brujería», que, según el secretario de la Comisión, continúa siendo un foco de violencia social que debe ser erradicado.
Fiel al lema diocesano «Iremos a ellos», la Comisión no se limita a la gestión de centros, sino que apuesta por la sensibilización social. Para ello se apoya en la emisora diocesana Tuntufye (‘alabanza’, en lengua nkhonde), una herramienta clave para romper el aislamiento de las comunidades más remotas. A través de las ondas, la diócesis entra en hogares y aldeas donde otras organizaciones no tienen presencia. Esta cercanía refuerza su credibilidad ante la población y consolida a Cáritas Karonga como un agente de transformación social capaz de llegar allí donde nadie más lo hace.
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