
Publicado por Javier Fariñas Martín en |
Todo partió de algo breve y sencillo: «Me indigné». Solo dos palabras que, con el tiempo, se multiplicaron por tres: «La tierra para quien la trabaja».
En el caso de la senegalesa Mariama Sonko, nacida en los 70 en Bandjikaky, al sur del país, la indignación y el compromiso con la tierra se encuentran en su árbol genealógico. Hija de una familia de agricultores, vio a sus padres abonar los campos, regar cuando la tierra tenía sed y mirar al cielo en busca de nubes (anheladas cuando se retrasaban, detestadas cuando llovía a destiempo o más de lo debido). Los ritmos del campo ocuparon días y días en Bandjikaky, después en Karongue y luego en Niaguis, en plena Casamance, el pueblo de su marido, con el que se casó a los 17 años.
En este último pueblo arrendó junto a un grupo de mujeres un terreno baldío que hicieron prosperar con el tiempo. Cuando vio que aquel suelo era fértil, el propietario revocó el contrato y recuperó la tierra. Aquella trapacería indignó a Sonko.
Consciente de que la fuerza es mayor cuando hay unión, Sonko ya gestionaba en aquella época una federación de mujeres en Ziguinchor. Luchaban, entre otras cuestiones, para adquirir el derecho real a ser propietarias de las tierras y a trabajarlas de acuerdo a las técnicas tradicionales.
La aparición en 2006 de la Alianza para la Revolución Verde en África, que pretendía imponer un modelo agrícola basado en semillas modificadas genéticamente y en fertilizantes químicos, la convenció de que debía continuar el camino aprendido a lo largo de su vida: «Con las semillas industriales hay rendimientos más rápidos, pero a corto plazo. Con las semillas campesinas podemos investigar para aumentar su rendimiento, pero también para mantener sus características y ser resilientes al cambio climático», declaró a El Español.
Las ideas fueron macerando con los meses y en 2011 creó Nous Sommes la Solution (‘Somos la solución’), una organización en la que hoy participan 175 000 mujeres de ocho países de África occidental.
La voz firme de la senegalesa aúna dos mundos complementarios y fundamentales en el continente africano: mujer y agricultura. Son ellas las que llevan adelante, en muchos lugares, el trabajo en el campo. De paso por Turín (Italia) en 2024, donde participó en una feria sobre la alimentación sostenible, simplificó y aterrizó un concepto de moda en Occidente, el de la agroecología: «En África no es más que una forma de soberanía alimentaria de la que se han encargado tradicionalmente las mujeres», declaró a Planeta Futuro. Antes, en el portal NobelWomanInitiative, preguntada por el significado de la palabra feminismo, respondió sin aditivos: «El feminismo significa, sencillamente, justicia social en nuestra comunidad. La injusticia hacia las mujeres ha existido desde tiempos ancestrales. El feminismo busca corregir esta injusticia a nivel local, nacional e internacional».
Ilustración: Tina Ramos Ekongo