
Publicado por Javier Sánchez Salcedo en |
Compartir la entrada "Un futuro más grande que sus heridas"
Por Javier Sánchez Salcedo
El paso por Bamenda el 16 de abril, la principal ciudad de la región anglófona del Noroeste, fue uno de los momentos cruciales de la visita de León XIV a Camerún. «Espero que su presencia traiga la paz», expresaba a El País una víctima del conflicto que azota a las regiones Noroeste y Suroeste, donde vive la minoría de habla inglesa, alrededor del 20 % de los cameruneses. Los enfrentamientos entre los separatistas anglófonos y las fuerzas estatales, que duran ya una década, han causado al menos 7 000 muertos, el desplazamiento de un millón de personas y la necesidad de ayuda para otros dos millones, según datos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.
El lema elegido para los tres días que duró la visita del Pontífice fue «Que todos sean uno», frase extraída del evangelio de san Juan. «Es una alegría para mí estar entre ustedes en esta región tan atormentada», dijo León XIV al dirigirse a los congregados en un encuentro por la paz celebrado en la Catedral de San José de Bamenda. «¡En Dios, en su paz, siempre podemos volver a empezar!», dijo el Papa. Su mensaje, cargado de deseos de paz y esperanza, estaba enmarcado literalmente en una tregua, una pausa de la violencia en la región. Los separatistas del Consejo de Gobierno de Ambazonia decretaron un alto el fuego para garantizar la seguridad en los desplazamientos del Papa y de los cameruneses que desearan encontrarse con él. Tres días sin miedo a secuestros, ejecuciones extrajudiciales o violencia sexual derivada del conflicto. «Les doy las gracias, porque –¡es cierto!– estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero», continuó el Pontífice. «La crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un movimiento por la paz a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto».
El día anterior, un par de horas después de que aterrizara en el aeropuerto de Yaundé, en un encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, el presidente camerunés, Paul Biya, le expresó la importancia de su presencia, en especial para los que más sufren. «Su viaje apostólico a Camerún tiene lugar en un contexto internacional particularmente difícil. El mundo está sacudido por crisis y conflictos cada vez más graves que siembran la muerte y la desolación», expresó el mandatario. «En este caos que se anuncia, el mensaje de paz y de concordia del que usted es portador resuena con una fuerza particular en nuestros corazones, como una fuente refrescante y vivificante que viene a calmar la sed de armonía que nos atormenta».
Camerún no atraviesa por un buen momento. Aparte de la crisis anglófona, el Gobierno de Biya –en el poder desde 1982– ha sido criticado por corrupción sistémica y represión de la oposición. Las elecciones presidenciales de octubre, en las que fue reelegido con el 53,7 % de los votos, fueron denunciadas por fraude y seguidas de protestas masivas en las que se produjo una violenta represión que dejó decenas de muertos y miles de detenidos, según organizaciones de derechos humanos. En aquel primer encuentro en el Palacio Presidencial, el Papa dirigió unas palabras veladamente críticas hacia el presidente, sentado a su lado, y a su régimen autoritario: «San Agustín, hace 1 600 años, escribía palabras de gran actualidad: “Hasta los que mandan están al servicio de quienes, según las apariencias, son mandados. Y no les mandan por afán de dominio, sino por su obligación de mirar por ellos; no por orgullo de sobresalir, sino por un servicio lleno de bondad”. Desde esta perspectiva, servir a la propia patria significa dedicarse con mente lúcida y conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo: de la mayoría, de las minorías y de su armonía recíproca». El Pontífice señaló de forma más explícita uno de los principales problemas en Camerún, país que, según los informes de Transparencia Internacional, es uno de los más corruptos del mundo: «La transparencia en la gestión de los recursos públicos y el respeto al Estado de derecho son esenciales para restablecer la confianza. Es hora de atreverse a hacer un examen de conciencia y dar un valiente salto cualitativo. Las instituciones justas y creíbles se convierten en pilares de estabilidad».
El de León XIV es el cuarto viaje que un papa hace a Camerún en cuatro décadas, donde los católicos son alrededor del 29 % de sus 30 millones de habitantes. Además de Yaundé y Bamenda, León XIV visitó Duala, donde celebró una gran misa en el estadio de Japoma, donde se congregaron más de 120 000 personas.
Es difícil saber si la visita del Papa tendrá un efecto directo sobre los problemas que aquejan a Camerún, principalmente el conflicto anglófono y la deriva autoritaria del Gobierno. Su visita a Bamenda –Biya no ha viajado a la región desde que comenzó el conflicto en 2016– tiene una importancia indudable para visibilizar el sufrimiento de las víctimas y mostrar una cercanía no solo retórica, sino física. En sus discursos insistió en no perder la esperanza, dirigiéndose en varias ocasiones a los jóvenes –el 40% de la población tiene menos de 15 años–. En uno de los encuentros más íntimos de la visita, en el orfanato Ngul Zamba en Yaundé, León XIV pronunció una hermosa frase dirigida a los niños del centro. «Ustedes están llamados a un futuro más grande que sus heridas». Unas palabras que podrían aplicarse a todos los cameruneses que esperaban de esta visita luz y consuelo.
Por P. Christophe Mbango* desde Yaundé (Camerún)
Desde las visitas del papa Juan Pablo II (1985 y 1995), seguidas de la de Benedicto XVI (2009), Camerún se ha ido imponiendo como un lugar importante para los grandes encuentros de la Iglesia en África. La visita de León XIV, del 15 al 18 de abril, se inscribe en esta continuidad, aunque reviste una importancia particular vinculada al contexto sociopolítico actual del país.
Durante estos días, Camerún ha vivido la presencia del Papa en una atmósfera que ha combinado fervor espiritual, movilización popular y atención internacional. En las ciudades de Yaundé, Duala y Bamenda, grandes multitudes se han reunido para participar en las celebraciones eucarísticas, mostrando un profundo apego a la fe católica, pero también una necesidad colectiva de esperanza. Los cantos, las vigilias de oración, los mensajes difundidos en los medios y los intercambios en las redes sociales han mostrado un país ampliamente involucrado, más allá de los fieles católicos.
Las visitas al orfanato Ngul Zamba (‘Fuerza de Dios’), en Yaundé, y a la Universidad Católica de África Central han puesto de relieve las realidades sociales del país y el papel de la Iglesia en la educación y la protección de los más vulnerables. En Duala, su presencia en el hospital católico Saint Paul de Nylon ha sido percibida como un gesto fuerte de compasión y solidaridad hacia los enfermos y las poblaciones desfavorecidas. En Bamenda, región marcada por las tensiones en las zonas de habla inglesa, la presencia del Papa ha sido un signo de pacificación y escucha, especialmente por parte de los jóvenes.
En el plano social y político, esta visita ha tenido un simbólico efecto apaciguante. En un clima poselectoral tenso, los repetidos llamamientos de León XIV a la paz, al diálogo y a la reconciliación han encontrado un eco importante entre la población. Muchos cameruneses han visto en sus palabras una forma de legitimación moral de sus aspiraciones a mayor justicia, transparencia y cohesión nacional.
Esta visita ha reforzado el papel de la Iglesia como mediadora social y actor de paz, especialmente en las regiones en crisis. Por otro lado, podría fomentar una mayor implicación de los jóvenes en la vida ciudadana, poniendo énfasis en la responsabilidad, la ética y el servicio al bien común. El llamamiento a luchar contra la corrupción y las injusticias, si es respaldado por las instituciones locales, podría también alimentar dinámicas de reforma, incluso progresivas.
En el plano internacional, la visita ha contribuido a reubicar a Camerún en el centro de atención, no solo como un país en medio de tensiones, sino como una nación capaz de acoger un evento de gran envergadura y de llevar un mensaje universal de paz.
A la manera del papa León XIV y en el espíritu de san Daniel Comboni, debemos ser artesanos de paz, justicia y reconciliación en el corazón de las comunidades, permaneciendo cerca de los más vulnerables y comprometiéndonos a construir una sociedad fraternal basada en la esperanza y la dignidad humana.
Fotografía: Alberto Pizzoli / Getty
Compartir la entrada "Un futuro más grande que sus heridas"