
Publicado por Gonzalo Vitón en |
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Según la Organización Mundial de la Salud, Malaui cuenta con 0,84 médicos por cada 10 000 habitantes –en España son 44,29–. En las áreas rurales, este número es, sin duda, menor. En un país en el que, además, se han destapado sonados casos de corrupción en el sector sanitario (ver MN 722, p. 8), la iniciativa que las Hermanas Carmelitas pusieron en marcha en 1972 en la parroquia de Kapiri, en el distrito de Mchinji, muy cerca de la frontera con Zambia, cobra aún más importancia. El hospital, gestionado por las religiosas, es una de las 19 instalaciones sanitarias con las que cuenta la archidiócesis de Lilongüe. Brian Odhiambo, responsable de los servicios sociales de la Iglesia católica en esta área, comenta que «lo más bonito de las iniciativas sanitarias de la archidiócesis es que llegamos a las zonas más remotas».
Tal y como cuenta la Hna. Jovita Protazio, las Carmelitas abrieron su comunidad en 1971 y un año después pusieron en marcha el hospital. Comenzaron con un dispensario y la maternidad, a los que han ido sumando otros servicios. En la actualidad el hospital ha multiplicado sus instalaciones y, entre otras, cuenta con sala de rayos X, urgencias, laboratorio, consultas de traumatología y odontología, así como servicios centrados en el tratamiento del VIH. El Servicio de Traumatología es uno de los más necesarios, según nos cuentan en nuestra visita al centro, pues son muchos los pacientes que llegan tras haber sufrido accidentes de tráfico. Por otro lado, el odontólogo, que apenas lleva unos meses funcionando, ya recibe a entre 10 y 15 pacientes diarios.
Las instalaciones del hospital comunitario cuentan también con un espacio dedicado a las familias de los pacientes ingresados, donde disponen de un espacio para dormir, un pozo de agua y un lugar para cocinar. Esto último es fundamental, pues son las propias familias las encargadas de la manutención de aquellos pacientes que se tienen que quedar ingresados varios días.
En total, el centro cuenta con 160 camas y 24 más para las mujeres embarazadas que se reparten en tres pabellones: el infantil, el de mujeres y el de hombres. Para atender a todos los pacientes que llegan a diario al hospital, el hospital dispone de cerca de 150 personas entre todas las áreas y servicios. Esto es un logro porque, como comenta Odhiambo, uno de los mayores problemas que se están encontrando a nivel nacional es la falta de personal sanitario, lo que «afecta de forma considerable a la prestación de servicios en alguno de estos lugares».
El mantenimiento económico del Nuestra Señora del Monte Carmelo, a cargo de la Hna. Rose Guevara (ver MN 723, pp. 62-65), se cubre en parte con fondos de la archidiócesis, pero también con la colaboración del Estado y donaciones privadas. Algunos de los medicamentos, en especial aquellos que se utilizan para el VIH, se reparten de forma gratuita, gracias a los acuerdos que existen con el Gobierno. Sin embargo, hay otros remedios que los pacientes tienen que pagar, al menos en parte. El Servicio de Farmacia es también una parte fundamental pues, como refleja el Afrobarómetro, el 60 % de los malauíes declaran haberse quedado sin medicinas alguna vez. Además, se cobra una pequeña cantidad a los pacientes –500 kuachas para niños (alrededor de 0,25 €) y de 1 000 kuachas para los adultos (alrededor de 0,5 €) en concepto de registro y consulta. Si tienen que ingresar en el centro, niños y adultos deben abonar el doble de esas cantidades. Como estos ingresos no son suficientes, la archidiócesis está trabajando en buscar fuentes alternativas de ingresos que permitan mantener la estructura sanitaria en los siete distritos en los que se divide el territorio diocesano, explica Odhiambo.
Además del económico, el hospital comunitario se enfrenta a otros desafíos severos. Uno de ellos es la energía, pues el consumo eléctrico es bastante elevado debido, entre otros, a la maquinaria médica y la lavandería. El suministro no es fiable, con constantes cortes, por lo que el centro cuenta con un generador diésel, cuyo consumo es significativo. Aunque también han instalado placas solares con baterías, no pueden cubrir la demanda total de las instalaciones. A este problema se suma el de la esterilización del material quirúrgico. La máquina de la que disponen ya no funciona y la reparación es muy costosa, por lo que hasta la llegada de una nueva deben esterilizar el instrumental por métodos tradicionales, lo que los obliga a un cuidado especial para evitar la transmisión de infecciones.
El hospital da cobertura a un área en la que habitan alrededor de 70 000 personas. Las comunidades más alejadas de la instalación se encuentran a más de 20 kilómetros de distancia. Por este motivo, entre los diferentes programas del hospital se encuentran las clínicas móviles. Un grupo de especialistas sale tres días a la semana a visitar las aldeas más remotas. Los martes y los viernes los dedican a la visita a mujeres embarazadas que tienen complicado trasladarse al hospital para sus revisiones, mientras que los lunes están destinados a un programa de vacunación infantil.
Las clínicas móviles son claves en un contexto como el de Malaui, país en el que el 65 % de la población asegura no contar con centros sanitarios cerca de sus viviendas, según datos del Afrobarómetro. Esta es una forma de acercar la salud a los lugares más remotos y seguir prestando un servicio esencial. La labor que las hermanas carmelitas de Kapiri realizan va, por tanto, más allá de la mera asistencia sanitaria. El trabajo de más de cinco décadas se ve reflejado en un buen hacer que destaca frente a otros centros sanitarios del país.
En la imagen, las religiosas Jovita Protazio (i.) y Julita Kasang’azi (d.) visitan a dos mujeres ingresadas en el Hospital Comunitario Nuestra Señora del Monte Carmelo. Fotografía: Boniface Gbama
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