CINE: Imfura, por Samuel Ishimwe

Por: Sebastián Ruiz-Cabrera - 04/07/2018

Título: Imfura

Dirigida por Samuel Ishimwe.

País: Suiza, Ruanda.

Año: 2018

Género: Cortometraje ficción.

Nota: Nacido en 1991, este joven realizador ruandés encandiló a público y crítica el pasado febrero durante el Festival de Berlín (Berlinale) ganando con Imfura el Oso de Plata.

 

«Perdí a mis padres y a muchos miembros de mi familia en el genocidio de Ruanda. Es inimaginable. Pierdes tal vez el 75 por ciento de las personas con las que estás relacionado. Sin embargo, lo que más me afectó es la secuela: tienes que vivir con esta realidad, e incluso 20 años después aún te afecta. De esto trata la película». Así se expresaba Samuel Ishimwe, el primer cineasta de Ruanda en debutar con una película en el Festival de Berlín (Berlinale), tras meterse en el bolsillo a la crítica.

Sin embargo, este joven de 27 años no busca la compasión. En su declaración simplemente aludía al hilo central de su premiado cortometraje Imfura, una historia ambientada en una Ruanda posgenocidio que sigue al protagonista Gisa en un viaje de regreso al pueblo de su madre. -Desesperado por encontrarse con los que quedan después de la masacre, Gisa termina enredado en una disputa por el legado de la casa de su madre que se encuentra en ruinas. Una metáfora que duele. Pero, como sucede con la mayoría de las grandes películas, la historia de Imfura es mucho más grande que eso. Es una película-terapia que habla de vidas normales y corrientes.

Ishimwe escribió el guion mientras vivía en Suiza, la primera vez que pasaba tiempo fuera de su ciudad en Ruanda. Este choque cultural le ofreció la oportunidad de reflexionar sobre sí mismo, de aceptar su pasado y de sanar las heridas del genocidio de 1994; un punto de inflexión en la conciencia social del país. El estilo de vida occidental individualista que obligó al joven estudiante de cine a cocinar y cenar solo por primera vez en su vida, le permitió confrontarse y mirar hacia adentro. Quizás por este motivo, Imfura puede cambiar la narrativa de Ruanda y mostrar que es un lugar donde la gente sigue con la vida en todos los aspectos.