Imposible romper lazos con China: el caso de Sierra Leona

Por: Chema Caballero - 18/09/2018
Durante la campaña electoral, el nuevo presidente de Sierra Leona, Julius Maada Bio, habló de forma reiterada contra la nefasta influencia de China en el país y prometió terminar con ella. De hecho, las primeras medidas que tomó paralizaron contratos y privilegios concedidos a empresas y ciudadanos de ese país por el anterior gobierno. Ahora, cinco meses después de jurar su cargo (el pasado 4 de abril) la realidad económica le obliga a retractarse y hacer las paces con Pekín. El nuevo proceso de acercamiento se ha concluido en la reciente cumbre China-África celebrada en la capital asiática el 3 y 4 de septiembre.

China fue uno de los temas estrellas de la campaña electoral sierraleonesa. El entonces partido gobernante, el All People’s Congress (APC), se había echado por completo en manos de Pekín, sobre todo en el periodo previo a las elecciones cuando buscaba contratos e inversiones que presentar al electorado para dar a entender que trabajaba por la modernización y el desarrollo del país. El partido contendiente, y ganador finalmente de los comicios, el Sierra Leone People’s Party (SLPP), criticó duramente lo que dijo era la influencia maligna de China en Sierra Leona. Maada Bio llegó a denunciar los proyectos de infraestructura otorgados a China como «una farsa sin beneficios económicos y de desarrollo para la gente». Este fue el principal argumento del ahora presidente: que los proyectos e inversiones chinos no tenían ninguna repercusión en el desarrollo económico y social de los sierraleoneses en particular, y del conjunto del país en general.

El tema chino llegó hasta tal extremo que en el mitin de cierre de campaña del APC, los simpatizantes cantaron consignas como «¡Somos chinos!». Pero mucho más sorprendente fue la aparición en las redes sociales de ciudadanos chinos, vestidos con trajes de fiesta, que hacían campaña por el APC. El SLPP condenó esta publicidad como «el primer ejemplo de clara injerencia de China, o de cualquier potencia extranjera, en las elecciones sierraleonesas desde la independencia».

China lleva años presente en Sierra Leona. Especialmente tras el final de la guerra civil (1991-2002) se observó un crecimiento progresivo de la penetración de empresas y negocios chinos en todo el país. Estos se centraron principalmente en el sector de las materias primas, pero poco a poco se fueron abriendo a otros campos como el de las infraestructuras, la importación de bienes o los pequeños negocios. Sin embargo, fue durante los años de gobierno del APC (2007-2018) cuando esta presencia se ha hecho más visible. Como culminación de esta relación, se cita el llamado Edificio de la Amistad, una construcción de siete pisos, que comenzó a elevarse en 2017, y que es un regalo del Partido Comunista de China al APC para albergar la sede regional y que quiere simbolizar «la profundidad de los lazos políticos entre Pekín y Freetown». Para los críticos, sin embargo, es un ejemplo claro de la intromisión china en la política sierraleonesa, al aliarse con uno de los partidos políticos.

Con este gesto, China también rompía una de las reglas que supuestamente han regido su política exterior: la no interferencia en los asuntos internos de otros países. Según Pekín, fuera de relaciones comerciales beneficiosas para ambos estados, no tenía ningún interés en influir en cómo cada país africano se gobierna. Algo que, no solo en Sierra Leona, sino en tantas otras partes de África parece haber cambiado.

Todo esto llevó a que tras ser proclamado presidente, Maada Bio afirmarse: «Este es el comienzo de una nueva era. La gente de esta nación ha votado para tomar una nueva dirección». Todos los analistas entendieron que con estas palabras el jefe de Estado declaraba que la nueva política exterior del país se alejaba de la influencia china. De hecho, más de uno predijo que el Gobierno lucharía por reconducir las relaciones entre los dos países. Sin embargo, pocos meses después de aquellas declaraciones de intenciones vemos que las cosas no han cambiado mucho, pese a las primeras acciones tomadas al llegar el nuevo presidente al poder.

El país asiático desempeña un papel muy importante en el campo de la formación: una media de 30 estudiantes sierraleoneses por año se han beneficiado de las becas que ofrece el Gobierno chino desde la década de los 70. Solo en 2017, fueron 113 los que han conseguido una de estas bolsas de estudio. Pero, por encima de esta aportación, no se puede olvidar que China financia grandes obras de infraestructuras en el país, como el nuevo aeropuerto que cuenta con un presupuesto de 318 millones de dólares, construido por una empresa china y que se espera esté concluido para 2022. Igualmente se ve la  mano china en las nuevas carreteras que han florecido en el país, en la construcción del nuevo edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores, o de hospitales y centros de salud. También, China es el mayor importador de pescado y madera sierraleonesa…

Como en tantos otros países africanos, el tema de las infraestructuras es fundamental para Sierra Leona. Así lo reconoció Maada Bio en una conferencia que dio en Reino Unido en diciembre de 2017, tres meses antes de las elecciones. En ella afirmó que las infraestructuras serían una las prioridades de su gobierno. Igualmente, el programa de desarrollo económico sierraleonés recogido en la Agenda for Prosperity que pretende convertir a Sierra Leona en un país de ingresos medios para 2035, pone en el centro de toda estrategia el desarrollo de las infraestructuras.

Posiblemente el encuentro con la realidad del día a día y el deseo de empezar a implementar sus planes de desarrollo, han sido responsables de que el presidente Maada Bio se eche atrás en las promesas realizadas y vuelva a abrazarse a China, ya que sin el apoyo y la inversión de este país es difícil embarcarse en este campo.

El cambio de actitud se ha escenificado en la reciente Cumbre China-África en la que el presidente sierraleonés agradeció al país asiático «la ayuda sincera» que prestó a su pueblo cuando más lo necesitaba, especialmente durante la crisis del Ébola (2014-2016). Para, a continuación, afirmar que «Sierra Leona está dispuesta a aprender de la experiencia de China en el campo de la gobernanza, a aumentar la cooperación comercial, financiera y de inversiones y a profundizar más en las relaciones bilaterales». Finalmente, elogió, frente al proteccionismo que se impone en el mundo, «la determinación de China para promover un comercio internacional justo, lo que será muy beneficioso para África».

Sierra Leona puede presentarse como un ejemplo de lo difícil que puede resultar para un país africano liberarse de los lazos que le atan a China. La necesidad de ayuda y de inversiones, y las raíces que el país asiático ha echado en el continente hacen casi imposible que un país africano pueda distanciarse del gigante chino.