«Los hombres han fallado, intentémoslo con las mujeres»

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Bahijjatuh Abubakar, experta y activista medioambiental

Fue una de las primeras nigerianas que estudió Ingeniería de Energía y Medioambiente. Trabaja con el Gobierno nigeriano apoyando a la sociedad civil. «El futuro de mi país es verde», asegura, convencida de que las nuevas generaciones lo exigen y son conscientes de que de ello depende su supervivencia.

Se declara una «buscadora de problemas», acostumbra a ir contracorriente, a plantarse cuando algo no le parece bien y a trabajar muy duro. Bahijjatuh Abubakar ha creado en cuatro años una «poderosa» red con más de 5.000 asociaciones de mujeres y dos millones de personas conectadas, en la que se combina la lucha contra el cambio climático, la sensibilización sobre aspectos socioculturales y la necesidad de que las mujeres se cuiden.


¿En quién cree más para reducir los efectos del cambio climático? ¿En las personas o en los políticos?

No soy una política ni una diplomática, soy una ingeniera, y antes de eso soy un ser humano; soy una mujer por naturaleza. Siendo sincera, si va al médico y le dice una mentira, no tendrá nunca un buen diagnóstico, por lo que yo creo en la gente. Pero esas personas también están en el Gobierno. Si cuentas con buenas personas habrá buenas políticas, aunque también son importantes las alianzas civiles. El bien puede llegar desde la humanidad. Mi objetivo en la vida es aportar lo mejor a las personas.

¿Está la población luchando contra el cambio climático?

Tengo mucha esperanza en la gente joven. En mi generación solo éramos activos unos pocos en los temas de cambio climático, y pensaban que estábamos locos. Creían que como había ido a una universidad en el extranjero, el hombre blanco había abierto mi cabeza y puesto algo malo ahí. Pero ahora nuestros hijos y nietos son muy listos, será la gente la que fuerce las políticas sobre cambio climático. Ellos eligen reciclar, rechazan ir al bosque a cortar los árboles… El cambio sale primero de uno mismo. Yo estoy al lado del Gobierno y estimulo a las bases para que haya una intervención real por el cambio climático. Me concentro en las mujeres y las niñas, porque son a las que más va a afectar. Por desgracia, los hombres nos han fallado, intentémoslo con las mujeres.

La contaminación del aire en el vertedero Olususom, del barrio de Ojota (Lagos). Fotografía: Getty
¿Sigue habiendo tiempo para combatir el cambio climático?

Sí. Y además hay un repentino frenesí porque todo el mundo se está dando cuenta de que el tiempo se acaba y no tenemos adonde ir. Lo que antes habríamos hecho en 10 años, ahora la gente se lo plantea en cinco meses. Ese frenesí me da esperanza de que podemos lograrlo.

¿Está la población al tanto de lo que ocurre? ¿De lo que arriesgan?

El despertador es la salud. Cuando seamos capaces de introducir la salud en la lucha contra el cambio climático obtendremos la atención de todo el mundo. Incluso los parlamentarios escuchan porque saben que están en riesgo. Los contaminantes de corta vida, básicamente el carbón negro PM2.5, van a tu cabeza y afectan a la sangre. Si llegan a tu cabeza sufres un derrame cerebral, y si van a tu corazón tienes un infarto… Temen esto y piensan en sus hijos. Cada día van a la escuela, les dan un beso y es como si fueran a la guerra porque las calles están muy contaminadas. Los niños regresan tosiendo, te preocupas. En algunos países la gente almacena comida, víveres, máscaras… He tenido reuniones con miembros del Gobierno y todos tosían; cuando cogí el micrófono dije: «Este es el mejor aplauso que puedo tener». Todos tosiendo, es el mejor ejemplo del cambio climático. No lo entendían, pero les dije: «Vais a morir muy pronto». Me puse dramática pero se dieron cuenta de que el cambio climático no está en la televisión sino en nuestros pulmones. Hay que hacer algo.

¿Qué se está haciendo?

En Delhi tienen un medidor de la calidad del aire. Pusieron unos pulmones artificiales en las calles que debían durar 30 días, pero en 48 horas estaban negros. Es importante hacerlo visible. Tanto India como Nigeria están desarrollando muchos proyectos de limpieza, analizando los efectos de la deforestación y la contaminación del aire. En 2016, cuatro de las 20 ciudades más contaminadas del mundo estaban en Nigeria. Y tres entre las 10 primeras. Fue un desafío, pero hoy seis de las ciudades más contaminadas de Nigeria han pasado a ser las más limpias porque el gobernador ordenó que cualquier vehículo cargado con madera cortada del bosque fuera confiscado y vendido. También se hizo apicultura en los grandes árboles que usaban como leña: si cortan el árbol, las abejas se dispersarán y se extinguirán. Ahora la comunidad, en lugar de vender leña, vende miel. Se ha creado e-movility, triciclos conducidos por mujeres, y en los pueblos se está estimulando la economía con linternas solares, negocios verdes; a los agricultores, en lugar de quemar el cultivo, que contamina la atmósfera, se les está enseñando para que usen los residuos en la fabricación de ladrillos, que después pueden vender. Usamos tecnologías contra el cambio climático para combatir la pobreza.

Una mujer aventa el grano. Fotografía: Getty
¿Desde cuándo combate su Gobierno el cambio climático?

Desde 2016, cuando salió el informe al que hacía referencia. Introdujimos el factor salud, y la OMS se sumó a la campaña Respira vida, que se apoya en la combinación de aire limpio y cuidado del clima. El cambio debe ser global, nadie quiere ocupar la primera posición en esta clasificación. Las ciudades nigerianas más contaminadas son Onicha, Kaduna, Abaa y Umurahia. Hay que salir de la lista.

¿Por qué se concentra la contaminación en las ciudades?

El principal problema es el transporte. En Nigeria usamos fuelóleo; están los generadores –más del 70 % de los nigerianos no tiene acceso a la electricidad y tener más de un generador indica un mayor estatus social–, luego está la forma de cocinar…

Ha mencionado la colaboración con Delhi. ¿Ocurre lo mismo con países africanos que comparten esta problemática?

Hay una iniciativa del doctor Edem Bart Williams, en Ghana, que localiza a expatriados africanos para juntar conocimiento y soluciones destinados a los Gobiernos africanos. Estamos haciendo ecociudades y ecoaldeas. El problema en África es que parece que tenemos que elegir entre desarrollo y cambio climático. Hay que demostrar a los Gobiernos que es posible el desarrollo de forma sostenible, con un coste mínimo para el cambio climático. Lo que hemos hecho en Nigeria con niñas y mujeres se está replicando en Costa de Marfil. Llevamos a nuestras mujeres a zonas rurales de India para que vean que son pobres como ellas y están usando una tecnología neutral para resolver problemas de cambio climático. Y cuando regresaron a Nigeria enseñaron a mujeres de otras aldeas cómo usar residuos para producir energía, lámparas solares para reducir la contaminación en el aire. Y lo más importante, cómo lograr hacer dinero con ello.

Un taller de reparación de generadores en Port Harcourt. Fotografía: Getty
¿Cómo?

África no se ha beneficiado de créditos climáticos y hay muchos países y empresas desarrolladas que quieren ayudar: el problema es la transparencia. Tenemos un proyecto que usa el mejor aparato de cocina del mundo, muy eficiente, con el que estamos reduciendo el uso de carbón negro.

¿Se fabrica en Nigeria?

Las mujeres los montan en Nigeria, pero emplean una tecnología que viene de fuera. Para usarla, la empresa debe aceptar enseñar a las mujeres a ensamblarlo, para que cuando haya un problema puedan resolverlo solas. Por ahora no hay una industria que domine la reducción de carbón negro. En el norte de Nigeria son grandes familias, un hombre con cinco mujeres, 30 niños… Son grandes consumidores de leña, y nadie está resolviendo ese problema. Es un desafío en el que estamos trabajando. A cambio de la cocina les pedimos un dólar al mes que sirve para financiar proyectos medioambientales en África. De este modo conseguimos donantes climáticos, con un certificado, a la vez que personas que quieren financiar iniciativas en el continente. El proyecto está en África pero se puede ver en tiempo real a través de Internet: cuando la cocina empieza a funcionar y pasa de cierta temperatura esa información va al servidor, que ya sabe que en ese hogar se está cocinando. Sabes que la mujer a la que le estás pagando la reducción del carbón negro está cocinando y cuántas horas lo ha hecho. Ella cocina mientras otro paga para reducir las emisiones de carbón, y todo se hace a través de una aplicación. Lo siguiente será que ese control desde Europa se pueda ejercer de forma global, que veas todas las casas de un lugar determinado, con sus fotos, la dirección, y puedas llamarlas. Quiero que los donantes del norte de Europa, las empresas estadounidenses o japonesas, confíen en la lucha contra el cambio climático que estamos ejecutando.

¿Hay un proyecto con Japón para erradicar las lámparas de aceite?

Sí, hay que sustituir las lámparas de queroseno por las solares. Nuestros niños leen aún con esas lámparas, lo que provoca que pierdan su vista y sus pulmones. Nuestro futuro pinta muy verde. Cada niño que quiera esa lámpara deberá plantar un árbol delante de su casa, si el árbol muere habrá una inspección y retiraremos la lámpara solar.

Soluciona y, a la vez, educa.

Sí, eso es.

Un almacén de ayuda humanitaria para personas desplazadas en el noreste del país. Fotografía: Getty
Es una realidad que no se da solo en África.En Europa también se sufre el cambio climático. ¿Hay puntos de unión en los que se pueda colaborar?

En Europa existe el síndrome de «lo sé todo». Muchas organizaciones viene con dinero y me duele, porque lo tiran a la basura, se sientan en sus oficinas con sus ordenadores y proyectos de diseño, con sus consultores europeos que se quedan en hoteles de lujo, hacen un taller, un simposio, muchas fotos y se van a casa. Y así muchas organizaciones. Tengo mala reputación porque los rechazo. Pero es que no funciona, no lo hacen por nosotros. Muchas veces me niego a firmar su informe final. Cuando vienen para que firme es cuando me preguntan qué es lo que quiero, y eso lo tendrían que preguntar al principio, ¿no? Las agencias donantes y contrapartes multilaterales deben contar siempre con un consultor local que apoye al internacional. Lo hacen mal: gastan mucho dinero en los consultores y no en el proyecto. El 50 % de su presupuesto se queda en viajes y hoteles.

¿Prefiere no trabajar con ellos?

Sin duda. Si no van a añadir un valor, ¿para qué vamos a trabajar juntos? Es una pérdida de tiempo. Si desde el primer día me dicen que están aquí para tomar un café, encontraremos el tiempo para tomárnoslo, pero no me pueden decir que vienen a trabajar y ayudar a mi gente sin que exista un compromiso.

¿Su Gobierno piensa como usted?

Como le dije, me suelo meter en muchos problemas. A veces un ministro se enfada conmigo, pero la mayor parte de las veces sé lo que hago. Doy mi opinión y me preguntan que porqué me he comportado así, de forma tan poco diplomática. Cuando insisten, les recuerdo que yo soy la profesional y ellos los políticos. Otras personas pueden equivocarse y hacerlo mal, pero nosotros no tenemos porqué.

Dos niños acarrean leña en medio de una explotación maderera. La deforestación es otro factor que está acelerando las consecuencias del cambio climático. Fotografía: Getty
¿Cree que mujeres y niñas tienen más sensibilidad en relación con la destrucción del entorno?

Tiene que ver con la madre Tierra. Es una mujer que comprende a una mujer… En muchos lugares de África si la mujer viaja, la casa es un caos; y si la mujer muere, la familia muere. Y por el sentimiento natural de asegurarnos de que todo el mundo está bien, al final nos preocupamos de nosotras. Si las mujeres y las niñas entran en el debate sobre cambio climático habrá un gran progreso. Los hombres en África son egocéntricos, son los cabezas de familia, pero ellas son el cuello, y la cabeza va en la dirección que le dice el cuello.

¿Les dejarán hacerlo? ¿Está preparado el sistema?

Estamos rompiendo el techo, porque el sistema no está preparado. Con gente como yo, directamente han tirado la toalla, pero sé que hay aceptación. Creé el proyecto en mi departamento cuando tuve información suficiente sobre el daño que causaba la cocina tradicional a las mujeres y sus hijos. Expliqué lo que estaba ocurriendo y se quedaron impresionados. Buscamos la solución con el exministro de Medioambiente nigeriano, John Oudey. El Gobierno no podía comprar las cocinas y por eso creamos una organización gestionada por las mujeres. Estoy muy orgullosa de Rural Women Energy Security (RWES), un proyecto en el que participan más de dos millones de mujeres. La mayoría de ellas son analfabetas, pero están fabricando cocinas, lámparas solares, conducen triciclos motorizados… Son empresarias. Cuando las conocí no levantaban la mirada del suelo, y ahora viajan por el mundo para contar a otras mujeres lo que han aprendido.

Bahijjatuh Abubakar, el día de la entrevista. Fotografía: Carla Fibla García-Sala
¿Quién forma parte de RWES?

Organizaciones de mujeres con al menos 30 miembros. Ya hay más de 5.000 organizaciones. Si tenemos que difundir algún mensaje, contamos con una red muy poderosa. Ellas eligen las casas que deben tener cocinas verdes y lámparas solares. Vamos a usar la misma aplicación para enseñarles alta tecnología sobre cuidados de la infancia o maternidad responsable. Así también tendrán tiempo para cuidarse y aprender cosas. El futuro de RWES está asegurado para las próximas tres o cuatro generaciones.

¿Le gustaría ser ministra?

No, conozco mis límites. No soy una política ni quiero convertirme en una porque, en los primeros seis meses, me pegarían un tiro o me despedirían del partido. Los políticos dicen cosas que saben que son incorrectas, pero no quieren avergonzar a su partido. Quiero seguir siendo una técnica, me gusta sentir el suelo, me encanta el olor de las mujeres en las aldeas.

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