Mbolo moy dole (La unión hace la fuerza)

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Asociacionismo africano en España

 

Por Vanessa Cadena Garcia

 

Presentes en España desde la década de los 90, las asociaciones de africanos en España tratan de mantener los valores sociales y culturales de los miles de migrantes que llegan, a pesar de las trabas de las administraciones.

 

El tejido asociativo africano en España es bien diverso, así como lo es el continente, formado por 54 países –55 si consideramos como tal a Sahara Occidental–. La comunidad africana representa el 2,4 % de la población en España y muchas son las historias y situaciones que envuelven a estas personas. Estas historias, las adversidades, proyectos de vida, así como el deseo de ayudarse entre ellos, son los motivos que llevan a activistas, mediadores, voluntarios y profesionales de nuestro continente vecino a juntarse, protegerse, reivindicarse y luchar por sus derechos. La idea de formar asociaciones y colectivos africanos en España nació mayoritariamente en los años 90. Aunque existen decenas de ellas, no existe ningún registro en la actualidad que indique su número exacto, a pesar de la gran ayuda que ofrecen a la comunidad.

Con distintas maneras de organización, tienen un claro objetivo en común: el bienestar de los africanos y africanas en España. Principalmente se centran en la asistencia, acogida y manutención de los recién llegados. Una vez ubicados, muchas de ellas prestan servicio jurídico en temas de documentación, orientación para permisos de asilo, arraigo, servicio sanitario o compra de ­medicamentos. Estas agrupaciones, que normalmente no tienen suficientes recursos económicos, a menudo se apoyan o trabajan con oenegés u otras asociaciones de mayor tamaño. Utilizan, por ejemplo, instalaciones, espacios, locales o albergues con l0s que cuentan organizaciones como Karibu, Cruz Roja o Cáritas. El apoyo y la ayuda se coordinan y están dirigidas principalmente a menores no acompañados, mujeres vulnerables o personas enfermas, aunque también se ofrece colaboración a profesionales cualificados a los que ayudan en centros de formación para aprender español, talleres y cursos externos para poder acceder a la bolsa de empleo.

 

La autora del texto con Ass Ndir, de AISE. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Ass Ndir, miembro de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España (AISE) es una de las personas que ayuda en estas asociaciones: «Tenemos todos los servicios necesarios para que los paisanos que están aquí puedan ir mejorando sus condiciones de vida. Nosotros tenemos como costumbre ayudarnos entre nosotros. Nuestra cultura fomenta ayudar a las personas, y en la mayoría de los casos nos toca colaborar económicamente. Trabajamos con organizaciones, asociaciones u otros grupos que quieran colaborar con nosotros. Abrimos las puertas a quien quiera ayudar, pero dentro de esto hacemos un filtro. Desde los miembros de la Junta, organizamos y vemos qué gente puede dedicarse más a los jóvenes, a mujeres, qué gente tiene conocimiento del territorio o de la lengua para acompañar a las personas a hacer gestiones… Todos los que estamos aquí somos voluntarios, lo hacemos por nuestros compatriotas. Intentamos hacer talleres de mujeres y adolescentes para guiarles y, a la vez, recordarles su cultura. Por ejemplo, en Navidad, hacemos todo lo que podemos para que los hijos de nuestros compatriotas que están aquí no se queden sin regalos».

 

Manifestación del colectivo de manteros en Madrid. Dos de las líneas principales de acción de las asociaciones de africanos son el soporte legal y la lucha contra las leyes discriminatorias. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Asociaciones nacionales

El asociacionismo africano en España, además de soporte jurídico o asistencial, también se ha vinculado a la cultura, con iniciativas como la Asociación Cultural Mandjani, o al ámbito empresarial, con la tienda Top Manta, que surge del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona. El objetivo también es que las personas africanas, una vez aquí, puedan desarrollar su proyecto de vida.

La amplia red de colectivos africanos en España tiene otro aspecto característico, pues se teje en base a la nacionalidad de sus miembros. «De los 54 países que conforman el continente, más de la mitad tiene asociaciones. Cada país, si no tiene una asociación bien organizada, al menos tiene un grupo de paisanos que se reúnen. Lo pueden llamar asociación o no, pero ya es un vínculo que se puede crear», señala Nicole Ndongala, congoleña y directora de Karibu desde 2018. Esto se debe a que dentro de África, como en cualquier otro continente, las diferencias entre países son notorias y también condicionan el trabajo de las asociaciones. El hecho de que los propios africanos se organicen para ayudar a los africanos hace que se produzca más confianza y cercanía entre ellos y que la ayuda prestada pueda ser más efectiva. «Uno de Senegal conoce la situación de Senegal. Sabe qué es lo que hace falta para poder ayudar a un senegalés. Por lo tanto, creo que es importante que existan estas asociaciones. No significa que sean asociaciones que vayan por libre. Siempre trabajan con otras asociaciones españolas, y no creo que sea mala idea que existan asociaciones de los propios africanos que trabajen con africanos», comenta Ndongala, que además de presidenta es mediadora cultural en Karibu.

Nicole Ndongala, mediadora cultural y presidenta de Karibu desde 2018. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

En cuanto a la gestión, la gran parte de estos grupos intentan estar autogestionados y suelen recaudar fondos a través de las aportaciones de voluntarios o socios, ya que en la mayoría de los casos no consiguen recibir subvenciones del Estado. Este hecho, que a menudo dificulta su labor, es uno de los aspectos que más reivindican. «Es muy difícil, porque somos asociaciones sin ánimo de lucro», dice Ass Ndir, de AISE. Además, las diferencias que se encuentran respecto a otras organizaciones se resumen en que «las asociaciones que reciben más subvenciones son las asociaciones grandes o muy conocidas. No todas tienen la facilidad de poder presentarse para recibir subvenciones, porque hay unas exigencias que no todas las asociaciones cumplen. Hay muchas dificultades que hacen difícil el trabajo de las asociaciones: tanto el tema económico, como el tema de papeleo. Aunque la voluntad está ahí, nos encontramos con que hay leyes. No sería una mala idea si se abriera la posibilidad, desde la Administración, de que esas asociaciones puedan pedir subvenciones para poder trabajar con los colectivos de sus países», opina Nicole Ndongala.

 

Camino, barreras y fronteras

Pese a todo ello, las agrupaciones africanas prosiguen con sus objetivos. Con la voluntad de sus miembros y las personas que echan una mano, van facilitando mejores condiciones de vida a sus paisanos. Además, la propia actividad de cada asociación se convierte, en muchas ocasiones, en la oportunidad laboral que no han podido lograr por otras vías y pasan de ser voluntarios a trabajadores de estas entidades, que a veces pueden ofrecerles incluso un contrato laboral. Es el caso de Nicole Ndongala y Ass Ndir. Ambos comenzaron como voluntarios, y ahora ella es directora y mediadora de Karibu, y él secretario general de AISE. Ambos coinciden en que el trabajo es complejo y que se encuentran muchas trabas, sobre todo administrativas y económicas.

«No podemos sustituir al Gobierno. Las asociaciones estamos intentando dar respuestas, sobre todo a aquello a lo que el Gobierno no llega», señala la congoleña. «La barrera que nos estamos encontrando es que las autoridades españolas no nos prestan la atención que necesitamos como asociación. Esto está haciendo que no podamos hacer muchas cosas con la Administración, lo que provoca desconfianza dentro de nuestra comunidad. Cosas que vienen a pedirte y que tú podrías ir a pedir a la Administración». Ass se refiere a los numerosos requisitos que piden las administraciones para inscribir como asociación a un colectivo. Algunos requisitos como una sede física permanente, determinados recursos económicos o la aportación de los documentos identificativos de sus miembros son, en ocasiones, imposibles de cumplir. «Presentamos proyectos a las autoridades, pero siempre es lo mismo. Te reciben y te escuchan, pero no te dan nada. Tenemos que ir detrás de otras personas, porque las administraciones nacional, local y regional no nos están ayudando en esto».

El camino al que se ven dirigidos es al de la dependencia de otras grandes organizaciones de origen nacional. Esto se traduce en una cierta pérdida de autonomía que es, precisamente, lo que buscan. En el caso de Karibu la colaboración es fundamental. «Entre todos intentamos dar respuesta a lo que la gente nos viene a solicitar», defiende su directora. En esta asociación, que nació de la mano de un grupo de personas españolas, cinco de sus nueve trabajadores y muchos voluntarios en la actualidad son de origen africano.

 

El viaje de vuelta

Los obstáculos administrativos y económicos no son los únicos a los que se enfrentan las personas que deciden migrar en busca de una vida mejor. En ocasiones el trauma de sus viajes, la nostalgia y el sufrimiento por haber dejado a sus familias en sus países de origen son pesos que no pueden soportar. En este sentido, en los últimos años las asociaciones africanas se han encontrado con la situación de que algunos de sus conciudadanos quieren regresar. Por ello, asociaciones como Colectivo Courage, encargado del grupo de refugiados que llegaron en el buque Aquarius en 2018, se encarga de recolectar fondos en actos solidarios. «Ahora hay muchas personas que lo están pasando económicamente mal. Estamos intentando que a la gente que ya no ve que su vida puede seguir aquí se les pueda ayudar para que retornen», señalan desde AISE, que también se ha encontrado con este problema.

 

Un grafiti contra el racismo en el barrio madrileño de Lavapiés. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Pese a todo, las fuerzas no decaen. Son muchas las personas que gracias a la ayuda de estas asociaciones han tenido apoyo, han podido regularizar su situación y han encontrado una oportunidad. El trabajo de estos colectivos no cesa, enriquece y allana el trayecto de las personas que deciden migrar. Desde los años 90 –­germen del nacimiento de esta telaraña asociativa africana– hasta la actualidad, han sido muchas las encargadas del sustento de sus compatriotas. Han sido años de lucha, desarrollo y duro trabajo que ha llevado a plantear la idea de una suma de fuerzas para crear una común y más potente. Para la responsable de Karibu «lo importante no es que crezca el número de asociaciones, sino que den una respuesta adecuada a las personas que están llegando». Además, el hecho de que el continente africano sea tan diverso se traduce en que, lógicamente, los intereses de cada asociación sean diferentes, lo que conlleva también a distintas vertientes y enfoques a la hora de trabajar. De momento, la labor humana sigue brotando de diferentes partes, y entre los objetivos futuros que se plantean están el crecimiento económico e idear estrategias para conseguir una mayor independencia. En la misma dirección está visibilizar y demostrar la valía de sus proyectos y hacerse un hueco entre las grandes asociaciones en España para seguir ayudando y garantizar oportunidades a aquellas personas que lleguen. Por supuesto, y no menos importante, es su labor de apoyo a quienes han conseguido impulsarse y salir adelante, así como insistirles en que no se olviden de los compañeros que vienen y que pueden necesitar su colaboración. Una tarea relevante también es la de nutrir de referentes a la comunidad afro, y concienciarla de que sus ideas, planes de negocio y su cultura son importantes, válidos y ­realizables.

 

Una lucha política

Desde el lado político, numerosos son los colectivos que piden mayor amparo para los africanos y para la comunidad migrante en general. Luchan por la prohibición de leyes como la Ley de Extranjería, el cierre de los CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) o que se acabe con la persecución de la población africana y migrante por parte de las fuerzas de seguridad, que se les permita tener un puesto de trabajo y vivir en condiciones dignas. El objetivo final es la convivencia y respeto en un mismo territorio con igualdad de oportunidades y derechos. Un espacio de personas que compartan valores y culturas que se traduzca en solidaridad y unión.

En estos valores se sustenta la cultura africana, y son estos principios los que tratan de transmitir. Detrás de cada tarea hay personas con un imaginario común, con voluntad por cuidar del prójimo. Son personas que saben lo que es salir de su hogar, tuvieron la fuerza de empezar de cero en un lugar distinto y que, una vez conseguido su propósito, decidieron sembrar aquello que recogieron. Como dice un proverbio wolof en Senegal y Gambia, Mbolo moy dole. O lo que es lo mismo, la unión hace la fuerza.

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