“Me gusta creer que la esperanza de África nace del desarrollo y la educación”

Por Elena Sánchez Novoa

 

A los 20 años, María Ferreira decidió irse a vivir a África, alentada, en parte, por las historias de espíritus africanos que le contaba su padre antes de dormir cuando era niña. María se embarcó en la aventura más importante de su vida, ebria de vagos e imprecisos recuerdos de una tierra tan bella como lejana que ya sentía como propia antes incluso de conocerla. Colaboradora como periodista freelance de diversos medios españoles como El Mundo, La Razón, Viajes al Pasado o Mundo Negro, María Ferreira ha publicado recientemente su primera novela, Tierra de Brujas. El libro se sumerge en su día a día como trabajadora en un hospital psiquiátrico de Makuyu, un pequeño pueblo cerca de Nairobi. Ferreira ofrece un relato de contrastes en el que se encuentran la modernidad de la gran ciudad frente a las tradiciones del ambiente más rural o la alternancia cotidiana entre la vida y la muerte en un universo sumido en un realismo mágico y abrumador.

 

“África no es el cielo, eso quiero decirle a mi padre”. ¿Qué es África?

Cuando escribo “África” no me refiero al continente, ni a una idea; me refiero a ese lugar idealizado que todos tenemos. En mi caso fue África, para otros puede ser América. Son espacios que sublimas, son espacios ficticios que están tan lejos que no duelen, que no arañan.

 

¿Se retrata la diversidad de África en los medios?

Creo que hoy en día tenemos la suerte de contar con muchísimos medios centrados en la diversidad del continente, medios responsables con la realidad. Gracias a internet quien quiere informarse, quien quiere aprender, puede. Además de Mundo Negro, de Wiriko y de Guinguinbali, por nombrar algunos medios especializados, hay muchísimos periodistas comprometidos con el continente. Sí que es cierto que sigue habiendo un desinterés general por parte de algunos grandes medios. Por ejemplo, en el mes de julio ha habido también ataques terroristas en Somalia y en Kenia, con víctimas mortales, y no ha parecido tener mucha repercusión en la prensa española.

 

¿Son las ONG, tal y como afirma en el libro, una nueva forma de colonialismo?

No sería justo generalizar; hay ONG centradas en el desarrollo y en la educación que están haciendo una labor encomiable. Este libro no es una historia de África, no es ni siquiera una historia de Kenia. Es una historia personal, un viaje personal, y hablo de casos muy concretos y muy acotados. Sí que es cierto que en el país hay un descontento general hacia las ONG internacionales que ha desembocado en una ley que pretende regular los privilegios de los expatriados que vienen a trabajar a proyectos de cooperación.

 

María Ferreira
María Ferreira, autora de la novela “Tierra de brujas”.

Vete, chica, no te queremos aquí. Nadie te ha pedido que vengas. Nadie necesita ayuda.” ¿Se fomenta que la relación que Occidente establezca con África sea de caridad?

Se fomenta como idea de negocio. Se reciben muchos voluntarios que vienen a pasar uno o dos meses, sin formación y sin tener mucha idea de cuál es su misión sobre el terreno. Son voluntarios que dejan dinero a las ONGs y son una fuente de ingresos importante. Sin embargo no pienso que sea la regla general, no es lo que impera, no creo que se fomente esa relación entre Occidente-África; actualmente estamos siendo testigos de un crecimiento económico bestial, muchísimas empresas internacionales están invirtiendo en Kenia; me gusta creer que el futuro es esperanzador y que esa esperanza nace del desarrollo y de la educación.

 

Yo no he dicho que esté aquí para ayudaros a vosotros. He dicho que he venido a ayudar. ¿Cómo sabes que no he venido a ayudarme a mí misma?” ¿Por qué fue a África?

Porque era una peliculera y me parecía muy atractiva la imagen de chica valiente y generosa que quería proyectar. Porque quería ver esa realidad por mí misma. Porque quería irme lejos de casa y crecer. Porque pensaba que podía cambiar el mundo, lo creía de verdad.

 

Kenia es un país que mata, pero mientras mueres te distraes siendo libre.” ¿Qué le ha aportado Kenia?

He aprendido a tragarme el orgullo. En Kenia me he hecho adulta, en Kenia me he equivocado mucho, en Kenia he sido muy infeliz y muy feliz, y he aprendido que no se puede huir de uno mismo; eres la misma persona en diferentes coordenadas. Si quieres que algo cambie tienes que empezar por ti. He aprendido a contar, he aprendido a sorprenderme, he aprendido a no juzgar, he aprendido a pedir perdón. Y el amor. El amor por encima de todo.

 

¿Cómo ha cambiado su visión de la vida y de la muerte?

He aprendido a no poner cara de susto ante la muerte. Y sobre la vida no he aprendido mucho; no tengo ninguna conclusión inteligente, me gusta porque me sorprende, me gusta esta suerte de asombro constante. Y me gusta pensar que, como en la literatura, donde hay conflicto hay acción y eso es pura vida.

 

¿De qué manera se entrelazan la medicina y la brujería en Kenia? ¿Es realmente una “tierra de brujas”?

La medicina tradicional está muy presente en la Kenia rural. Es un problema real; muchos enfermos psiquiátricos son acusados de estar malditos.

 

¿Qué implica ser mujer en África?

Depende del África del que hablemos. En Nairobi conozco mujeres africanas mil veces más independientes, fuertes y emprendedoras que muchas mujeres europeas de mi entorno. Sin embargo en Mandera, donde desarrollo mis proyectos ahora, el 98% de las mujeres son víctimas de la Mutilación Genital Femenina y es de hecho el lugar más peligroso del mundo para dar a luz. Creo en la fuerza de la mujer en Kenia. En Makuyu, por ejemplo, las mujeres son las que impulsan la economía. Y hablo de mujeres que no han ido a la escuela. Se levantan temprano por las mañanas, se ocupan de los niños, se van a trabajar las tierras o se ocupan de sus pequeños negocios, vuelven a casa y cocinan, cuidan de sus familias. Son mujeres fuertes e independientes. Son el motor de la vida.

 

María Ferreira
María Ferreira

“Una vez vi a un paciente señalando a Dios y gritándole: ¡Maldito, maldito! Ven a comernos, cómenos o sálvanos, pero no este daño, no este mearnos encima. ¡Esto no, hombre!” ¿Qué papel juega la religión en Makuyu? ¿Se vive de una manera diferente en una pequeña zona rural que en una gran ciudad como Nairobi?

En Makuyu la mayoría de la población es cristiana, y curiosamente hay unas doce iglesias diferentes, con diferentes creencias y ritos. Es un lugar donde se mezcla mucho la religión con las creencias tradicionales. La religión juega definitivamente un papel muy importante en la sociedad rural. Nairobi es una gran ciudad, hay una presencia importante de musulmanes, de hindúes, de ateos, de cristianos… es cierto que se tiende a la segregación, pero en general no hay problemas de convivencia.

 

Dadaab, el campo de refugiados más grande del planeta, está en Kenia. ¿Son los campos de refugiados la gran solución a la situación de los 60 millones de refugiados que hay en el mundo?

Me da miedo pensar que los campos de refugiados que existen desde hace décadas, como el de Dadaab, forman parte de un sistema económico perverso del lugar en el que se encuentran. Dadaab ha estado fuera del foco mediático durante años, años en los que se han denunciado continuas violaciones de los derechos humanos y sin embargo nadie parecía prestar atención. Ahora es noticia porque se desmantela, pero a la vez que se cierra este campo de refugiados se abre otro en el noroeste del país. Me resulta curioso cómo miles de voces se han unido para protestar contra el cierre de Dadaab, pero esas mismas voces jamás se han alzado en contra de las condiciones de vida en la que muchos de los refugiados han permanecido más de veinte años. Es cierto que la repatriación de estos refugiados a Somalia no es la solución, muchos de ellos han nacido en Kenia y no tienen lazos ni familia en su país de origen, pero Dadaab no era sostenible bajo mi punto de vista.

 

¿Cuál debería ser la respuesta internacional a la situación de estas personas que huyen de la persecución, los conflictos, la violencia generalizada o las violaciones de derechos humanos? ¿Está Europa actuando de una manera ejemplar con la gestión de la “crisis” de los refugiados?

No estoy de acuerdo con las decisiones que Europa está tomando en la gestión de esta crisis, sin embargo me parece una situación tremendamente difícil de pensar. Me encantaría poder creer en que la solución debería partir desde el total respeto de los derechos humanos, pero estaría siendo inocente e ignorante, lamentablemente este mundo politizado en el que vivimos se mueve a otros niveles que poco tienen que ver con la ética o la moral.

 

Ha publicado recientemente un reportaje sobre los mercenarios que viven de matar periodistas por encargo. Publica, concretamente, que matar a un periodista cuesta 30 dólares y que es una práctica bastante habitual en Somalia. ¿Qué consecuencias tiene vivir en un país donde ni la información ni los periodistas son libres?

Si no hay libertad de información no hay libertad en absoluto. Los periodistas que a pesar del miedo trabajan día a día porque lleguemos a conocer lo que está pasando en esos países son verdaderos héroes.

 

¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Voy a seguir formándome para trabajar en el manejo de conflictos. También tengo un proyecto muy ilusionante en Mandera, en la frontera con Somalia. Y, sobre todo, planeo ser muy feliz con mi gente.

 

El periodista y escritor Javier Brandoli habla de este libro como una “cruel y bella historia de amor”. La vida borbotea y se desparrama incansable por la sedienta tierra de las brujas, la muerte se cierne sobre cada recodo de la cotidianidad mientras el influjo de polvorientas tradiciones y añeja brujería envuelven uno de tantos paraísos perdidos. “Unos niños vinieron a jugar con mi pelo y dijeron que mis venas eran azules. Les contesté que las suyas lo eran también. Dijeron no y rieron. Me enseñaron su piel negra. Recorrieron mis venas azules como el río que regaba esas tierras. Tienes ríos en tu cuerpo -dijo una niña-. ¿Cuándo no llueve te secas?”