Namibia: El genocidio olvidado

Namibia

Fotografía: Getty

20/02/2018
Namibia busca justicia por el exterminio de hereros y namas en el siglo XX.

 

Por Carolina Valdehita / Desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica)

 

Las comunidades herero y nama sufrieron una terrible matanza entre 1904 y 1908 en Namibia. La historia lo considera el primer genocidio del siglo XX, mientras que Alemania se resiste a asumir su responsabilidad.

El año 2004 conmemoraba dos genocidios perpetrados en suelo africano: 10 años de la limpieza étnica tutsi en Ruanda por parte de la mayoría hutu, y 100 años de las masacres de dos tribus namibias, los hereros –también llamados ovahereros– y los namas, llevadas a cabo por colonos alemanes entre 1904 y 1908. Entonces Namibia tenía el nombre de África del Suroeste y junto con Togo, Camerún y la parte continental de Tanzania, eran la porción del pastel africano que correspondía al II Reich, gobernado por el káiser Guillermo II, tras la Conferencia de Berlín de 1884. El genocidio ruandés fue uno de los más mediáticos y por el que se han promovido más campañas por el perdón y la reconciliación. Por el contrario, el de los hereros y los namas es una de las matanzas más olvidadas de la historia, justificada por el transfondo colonial y el paso del tiempo. Pero desde el centenario, los descendientes de los afectados reclaman justicia para ambas comunidades.

La aridez que caracteriza a Namibia, donde se extiende uno de los desiertos más impresionantes del mundo, hace que las tierras fértiles estén localizadas en ciertas regiones. Los primeros alemanes que llegaron al país no tardaron en percatarse de que las poblaciones locales estaban asentadas en los lugares con el mejor subsuelo (en el centro y en el sur). Los recién llegados procedieron a la expropiación de la mayor parte de las tierras, especialmente en la región central del país, entre 1885 y 1903. Este expolio no sentó bien a las comunidades locales, que terminaron sublevándose en contra de los colonos a sabiendas de que era una batalla perdida. La rebelión de los hereros, ganaderos tradicionales, en 1903 acabó con la vida de cerca de 200 civiles germanos. A su cruzada se unieron también los namas, quienes veían peligrar sus tierras sureñas tras el desembarco del hombre blanco. La respuesta de los alemanes en ambos casos fue implacable. Un año después, Guillermo II envió a Namibia 14.000 soldados comandados por Lothar von Trotha, conocido por su pasado sangriento en otras rebeliones ocurridas en colonias alemanas.

 

Wolf-Thilo von Trotha

El 13 de octubre de 2007, Wolf-Thilo von Trotha, visitó Namibia para pedir perdón por la actuación de su antepasado. Fotografía: Getty

 

Los héroes del genocidio

El lema fue letal: «O se rinden, o serán disparados hasta su exterminio». Con apenas armamento para hacer frente al Goliat alemán, namas y hereros sufrieron una masacre en pocos meses. Hombres, mujeres y niños fueron fusilados, ahorcados en árboles o condenados a morir de sed y hambre en el desierto, adonde habían huido. La premisa de Von Trotha era que nadie regresara con vida. Documentos posteriores corroboraban estas directrices: los soldados habían recibido órdenes de envenenar los pozos de agua en los desiertos del Namib y Kalahari, una trampa a la que casi ningún exiliado sobrevivió. El régimen nazi condecoraría como héroe nacional a Von Trotha en 1933 y, 13 años después de su muerte, una calle de Münich luciría su nombre. Con el transcurso de las décadas sus acciones fueron repudiadas por su familia y por su país. En 2006 la calle con su nombre pasó a llamarse Herero Straße y un año después sus descendientes viajaron a Namibia para reunirse con representantes del pueblo herero y pedir perdón por aquella masacre de la que se sentían «profundamente avergonzados».

Los historiadores calculan que antes de este episodio la población herero oscilaba entre 80.000 y 100.000 personas. Cuatro años después eran unas 15.000, lo que supone que el 85 por ciento fueron exterminados. En el caso de los namas, cuya población rondaba los 20.000 miembros, la mitad perdió la vida y la mayoría de los supervivientes fueron enviados a campos de concentración.

 

Delegación namibia en Alemania

Una delegación namibia viajó en 2011 a Alemania para devolver a su país una veintena de cráneos robados por los alemanes para investigar con ellos. Fotografía: Getty

 

Hoy día en Namibia conviven de manera pacífica 11 etnias diferentes, siendo los hereros el cuarto grupo más importante. Parte de esa prevalencia de los hereros y los namas actuales se debe a que muchos de sus familiares consiguieron huir a otros países y garantizar su vida en el exilio. Precisamente la diáspora del pueblo herero es uno de los actores que más presión está ejerciendo sobre Alemania para que reconozca su implicación en el genocidio.

Es el caso de Ngondi Kamatuka, presidente interino de la Asociación Ovaherero contra el Genocidio, con sede en Estados Unidos. Abandonó Namibia en 1974 y se trasladó a Zambia como refugiado. Poste­riormente emigró a Estados Unidos para cursar sus estudios universitarios. Ahora es profesor en una universidad de Kansas, donde reside desde hace 40 años. Su tarjeta de presentación es una lección de historia: «Tengo sangre alemana en mis venas», dice mostrando una fotografía de su abuela paterna a través de una videollamada. Ella, como muchas otras mujeres, fue víctima de abusos sexuales. Kamatuka remarca que el lugar en el que vivían los hereros y los namas marcó su propia sentencia de muerte. «Los hereros se encontraban en las mejores áreas para cultivar y tenían mejor acceso desde el puerto de Walvis Bay. Por su parte, las tierras ocupadas por los namas en el sur eran una zona rica en diamantes y minerales», señala. En su alegato añade que los alemanes no querían prescindir de Namibia como colonia, ya que eran conscientes de que les iba a reportar bastantes beneficios. Desde hace años Kamatuka trabaja para recuperar la memoria histórica del genocidio que acabó con su pueblo y hacer justicia en nombre de quienes perdieron la vida. «Debemos a nuestros antepasados el luchar por ello y ser recordados. Hay hereros y namas exiliados en Sudáfrica que han perdido toda conexión con sus raíces y ya no hablan la lengua. Queremos que su legado continúe y se haga ­justicia”.

Un namibio contempla uno de los cráneos que Alemania devolvió al país africano. Fotografía: Getty Images

Juicio retrasado

No resulta difícil entender por qué Alemania nunca ha sido partidaria de revelar los trapos sucios de su pasado colonial. A día de hoy, muy pocos conocen esta masacre que sus antepasados llevaron a cabo en tierras africanas. No obstante, durante la conmemoración del centenario de la matanza, hubo algunas concentraciones en Berlín y Friburgo para presionar al Gobierno alemán a reconocer su implicación en el genocidio. Como era de esperar, no hubo una gran repercusión. «En las facultades de Historia sí se estudia el pasado colonial de Alemania, pero es algo que no se proyecta hacia el público. En general, la gente no sabe qué ocurrió”, explica Reihart ­Koesseler, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Friburgo a ­Mundo Negro. Algo que contrasta con el período en el que se llevó a cabo el genocidio, cuando la masacre fue abiertamente difundida y elogiada en los medios de la época. «La comunicación pública del genocidio como un acto heroico de los alemanes fue una importante campaña electoral en 1907. No se mantuvo en secreto como ocurrió con otros genocidios del siglo XX», relata Koesseler.

 

Críticas a Windhoek

Los representantes de los hereros y los namas también han criticado el escaso reconocimiento del Gobierno namibio hacia este suceso. En el país no hay ninguna estatua o monumento que recuerde a las víctimas del genocidio. Tan solo en el Museo de Historia de la capital, Windhoek, se puede conocer la lucha del pueblo namibio a lo largo de su historia de ocupación. Lo más estremecedor de las matanzas es que los alemanes obligaron a mujeres supervivientes a limpiar cráneos de cadáveres que posteriormente fueron enviados a Alemania para ser estudiados durante la época del furor por demostrar la supremacía de la raza aria. Tras años reclamando la vuelta de esos restos, en septiembre de 2011 Alemania devolvía a Namibia una veintena de ellos que estaban en manos de los descendientes de los colonos y en universidades germanas. Estos estudios y la brutalidad con la que fue tratada la población de estas dos comunidades, supone que muchos historiadores, y el propio Kamatuka, vean claro que el germen del holocausto nazi nació en los campos de concentración de Swakopmund, una convicción que no es unánimemente compartida entre la intelectualidad.

Aunque no se puede trazar una línea de causalidad entre ambos episodios, el hecho de que el entonces gobernador de Namibia, Heinrich Goering, fuera el padre de la mano derecha de Adolf Hitler –Hermann Goering–, es un dato a resaltar.

Una mujer herero con su hija. Fotografía: Getty Images.

Las conversaciones oficiales entre Alemania y Namibia empezaron en 2006. Ese año una resolución en el país africano especificaba que el Gobierno namibio sería el intermediario en cualquier negociación entre Alemania y los hereros para buscar una solución que contentase a ambas parte. Tras una década larga de conversaciones, hereros y namas denuncian que han sido comple­tamente excluidas del proceso, no ha habido compensaciones a las comunidades afectadas y, por supuesto, las tierras que fueron expropiadas continúan en posesión de los herederos de los colonos alemanes. Esta ausencia de los afectados en la mesa de negociación les motivó a presentar una demanda en un tribunal de Nueva York en 2016. «Acudimos a la justicia estadounidense con la base de que se cometieron crímenes contra la humanidad y que debería considerarse como genocidio, con lo que debe tener el tratamiento y las compensaciones como tal», cuenta Kamatuka. La vista del juicio ha sido pospuesta en dos ocasiones, en julio y octubre de 2017, en las que Alemania no se presentó. «Alemania está utilizando todas las tácticas dilatorias que le otorga la ley, pero no puede retrasar lo inevitable, ya que el tribunal determinó en marzo de 2017 que nuestra queja tenía fundamento para proceder», dijo a esta revista antes de que se fijase la nueva fecha, prevista para el 25 de enero de 2018 (después del cierre de esta edición).

 

El término genocidio

Aunque en julio de 2015 el Gobierno alemán aseguró que aceptaban el término genocidio para calificar lo ocurrido más de un siglo atrás, nunca hubo ninguna publicación oficial que lo ratificase y nunca se ha utilizado ese vocablo. El término genocidio implica que ha habido un pensamiento previo para llevar a cabo una matanza con el objetivo de eliminar a un grupo, ya sea por cuestiones étnicas, políticas o religiosas. «Esto es lo que pasó en Namibia. El genocidio no sucedió en un día, sino que fue planeado y llevado a cabo bajo las órdenes del káiser», sostiene ­Kamatuka. Por su parte, Koesseler añade que «si Alemania se disculpa por el genocidio, no pueden únicamente contentarse con que las disculpas serán aceptadas, sino que tiene que dar algún tipo de compensación». Y aquí no se alcanza el consenso. Los hereros están dispuestos a dialogar sobre qué tipo de compensación es la más adecuada, mientras que Alemania sostiene que no tiene por qué dar más fondos, puesto que Namibia es el principal receptor de ayuda humanitaria germana. Pero esa ayuda que recibe el país no va dirigida a esas dos comunidades, sino que se invierte en el país en lo que el Gobierno considera oportuno. «En 2016 Alemania pidió a Turquía que reconociera el genocidio de Armenia, pero no quiere usar el término genocidio con lo que ocurrió con los namas y los hereros, de manera que se puede ver el doble rasero que tienen. Queremos el mismo tratamiento y respeto que hubo con la creación del Estado de Israel», reclaman.