«Que lo paguen con hambre»

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Leo en El Salto: «Los precios de los alimentos subieron en todo el mundo un 40 % durante el último año» [léase el tiempo de la pandemia]. En la información se explica que «en el continente africano se encuentra en situación de inseguridad alimentaria una de cada cinco personas». Leo en The New Humanitarian: «Reclaman sexo a cambio de alimentos a mujeres en Burkina Faso». Leo esto y, por asociación de ideas, recuerdo el ensayo El hambre (Anagrama, 2015), del periodista argentino Martín Caparrós, donde explica lo que es la Bolsa de Chicago.

«Chicago ya no es el lugar donde todo se compra y se vende pero sigue siendo el que fija los precios que después se pagarán –se cobrarán– en todo el mundo. Los precios que definirán quién gana y quién pierde, quién come y quién no come» (p. 287). «Antes era un mercado para productores y consumidores, y ahora se ha vuelto un lugar para el juego financiero, la especulación» (p. 288). «La historia de la comida dio un giro ominoso en 1991 (…). Fue el año en que Goldman Sachs decidió que el pan nuestro de cada día podía ser una excelente inversión» (p. 289). «La comida se volvió una inversión, como el petróleo, el oro, la plata o cualquier otra acción. Cuanto más alto el precio mejor es la inversión. Cuanto mejor es la inversión más cara es la comida. Y los que no pueden pagar el precio que lo paguen con hambre» (p. 290).

No hay más citas, señoría.





Fotografía: Cosecha en Etiopía. Fotografía: Jasmine Halki (Flickr / Creative Commons)



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