Resistencia africana en el Caribe

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San Basilio de Palenque (Colombia)



Por Yaiza Martín Fradejas 

Hace cuatro siglos, un grupo de negros esclavizados por la Corona española en Cartagena de Indias (Colombia) huyó hacia el interior del país en busca de la libertad. Fundaron San Basilio de Palenque, un pueblo que se acabaría convirtiendo en el primer territorio libre de la América colonial. Hoy mantienen vivas sus tradiciones y, con ellas, sus raíces africanas.

Cartagena de Indias es una de las ciudades más visitadas de Colombia. Sin duda, la fotografía más buscada por los turistas es la imagen de las palenqueras, esas mujeres vestidas con los colores de la bandera colombiana y que llevan sobre su cabeza toda clase de frutas con una increíble destreza. Además de cobrar por el souvenir fotográfico, venden dulces caseros, como las famosas «alegrías». Si bien estas mujeres se relacionan con la ciudad colonial, su nombre indica su auténtico origen: San Basilio de -Palenque. 

En este pueblo, situado a unos 40 km de Cartagena, no se ven ni monumentos coloniales ni grandes edificios, sino casas tradicionales fabricadas con barro y hoja de palma. Aquí las calles no están asfaltadas y sobre los caminos polvorientos circulan con la misma libertad motos, adultos, niños, perros, gallinas e incluso cerdos. 

Del patio de una de estas humildes viviendas emana el sonido de tambores y un estribillo pegadizo: «Alegría con coco y anís… Traigo alegría casera… ¡cómpreme a mí! Así gritan las palenqueras en las calles de Cartagena…»,entona Leonel Torres durante un ensayo del grupo Estrellas del Caribe, uno de los más representativos de la música palenquera. Entre los instrumentos utilizados se encuentra la tambora, de origen africano, fabricada de manera artesanal y uno de los símbolos de la champeta criolla, el género musical por excelencia de este territorio, lanzado al estrellato por la propia Shakira en la edición de la Super Bowl de 2020. 



Una alumna en una escuela de San Basilio escribe en la pizarra en la lengua propia de la comunidad. En la imagen superior, escultura dedicada a Benkos Biohó en San Basilio de Palenque (Colombia). Fotografías Luis Acosta/Getty


Pujanza musical

Pese a contar con unos 4.500 habitantes, en San Basilio de Palenque proliferan las agrupaciones musicales, algunas con proyección internacional, como es el caso de Estrellas del Caribe, pero también de Kombilesa Mio Sexteto Tabalá. En este rincón afrocolombiano la música está presente en cada esquina y sirve para reivindicar los orígenes de sus ancestros. Las escenas de hombres tocando la tambora, el tambor alegre o la marímbula, combinan con la imagen de mujeres y niños bailando descalzos con una energía frenética. 

Para los palenqueros, la música es un medio de comunicación y expresión que llevan hasta la tumba. Cuando despiden a uno de los suyos lo hacen mediante el célebre lumbalú, un ritual de sus ancestros africanos que incluye cánticos y bailes propios de su identidad. -John Salgado, guía que nos acompaña durante este viaje en el tiempo y en el espacio, nos explica que «pese a que nosotros seamos católicos por imposición de la Corona española en su día, el paso del tiempo no ha hecho que olvidemos nuestro principal ritual. En un velatorio se pueden ver imágenes católicas y, al mismo tiempo, oírse cánticos del animismo africano», cuenta. 

El lumbalú es una manera muy peculiar de decir adiós a los muertos, ya que tiene lugar en medio de un clima festivo para «celebrar» el paso del ser querido a otro mundo. Normalmente estos eventos duran nueve días con sus nueve noches, que se corresponden con los nueve meses del embarazo. En sus rezos, los palenqueros evocan a los orishas, espíritus protectores africanos. Si bien se trata de un ritual religioso, el lumbalú tiene en su origen un componente de resistencia, ya que los negros esclavizados cantaban y bailaban con el fin de contrarrestar el dolor de la humillación infligida por los colonos españoles.



 

Dos chicos juegan en una rudimentaria mesa de billar. Fotografía Luis Acosta/Getty


Primer pueblo libre 

La Corona española llevó hasta este lugar a los primeros negros que serían esclavizados en el siglo XVI. Provenían sobre todo de Congo, Angola y Guinea-Bissau, principales países de origen de los palenqueros. El principal puerto de entrada era Cartagena de Indias, donde precisamente comenzó un movimiento anticolonial en torno a 1600, en el que las -personas con raíces africanas empezaron a mostrar su deseo de independencia y liberación. Las primeras huidas de los cimarrones –negros esclavizados fugitivos– tenían como objetivo fundar un territorio libre, un «palenque», que en realidad significa «asentamiento de negros fugitivos y descendientes de estos, fugados del régimen esclavista durante el período colonial». El único que ha permanecido hasta nuestros días y donde el legado africano se mantiene ha sido San Basilio, fundado hace más de 400 años por Benkos Biohó, líder de esta revolución, primero en huir de las garras de la colonización y en llegar al territorio, a principios del siglo XVII. 

En 1603, este cimarrón firmó un acuerdo con la Corona por el que supuestamente podría caminar libremente por Cartagena de Indias, evento que fue la génesis del reconocimiento de la libertad del palenque. «En realidad Benkos fue engañado y cuando lo llamaron para ir a Cartagena fue capturado y ahorcado por el yugo español»,cuenta indignado Salgado frente a su estatua, que domina la plaza principal del pueblo. Habrá que esperar a 1713 para que la Corona española reconozca Palenque como el primer pueblo libre de América. Durante el proceso de liberación tuvo especial importancia un sacerdote de origen italiano, Antonio María Cassiani, que llevó la imagen de san Basilio. Por ello fue llamado Palenque de San Basilio o San Basilio de Palenque. 

Una palenquera en Cartagena de Indias. Fotografía Luis Acosta/Getty

Fue en aquel momento, y por la necesidad de comprensión, cuando surgió el idioma palenquero, una lengua criolla creada a partir del castellano y elementos de las lenguas nativas africanas. «El objetivo era crear una lengua común entre todas las personas esclavizadas, ya que aunque eran originarios de África, procedían de países distintos. Aquí decimos uepa para decir “hola”, o asi nawue, que significa “así es”»,nos enseña Salgado. 

Sin embargo, también surgieron otras vías de comunicación, más discretas y originales: los peinados, que en la época también llevaban consigo un mensaje. Nuestro guía turístico narra cómo «los peinados de las mujeres trazaban mapas y marcaban la ruta a los prisioneros para que escaparan y encontraran el palenque. También aprovechaban sus cabellos frondosos para esconder oro y semillas»,añade. En la actualidad, los palenqueros siguen recordando la importancia de esta técnica de comunicación que tanto ayudó a la creación de su territorio. Prueba de ello es la célebre canción «Los Peinados», de Kombilesa Mi. 

Remedios para el dolor

En 1612, la Inquisición llegó a Cartagena con el supuesto fin de castigar a las personas esclavizadas, acusadas de tener poderes sobrenaturales para curar a los enfermos. Este fenómeno era considerado como brujería a ojos de los españoles. Y es que los palenqueros también cuentan con sus propios métodos para curarse. 

En Palenque hay varios curanderos, pero la más famosa es Rosalina Cañate Pardo, una octogenaria llena de sabiduría. Nos recibe en una casa muy humilde pero fresca pese al excesivo calor, donde cerdos y gallinas se pasean como miembros más de la familia. Un rostro arrugado y unos ojos claros, casi de cristal, cuentan convencidos el poder de su «secreto», transmitido de generación en generación. «Si usted viene con un dolor, yo le hago un masaje con mis plantas y le curo. También conozco la técnica para parar la sangre de una herida»,afirma. La combinación de las plantas medicinales con una creencia particular hacen de estos médicos tradicionales los más fiables y eficaces para los problemas de salud de la población de Palenque. El famoso ñeque, una bebida alcohólica a base de caña de azúcar, además de para el consumo habitual, se emplea también con fines curativos. Mezclado con ciertas hierbas se consiguen los mejores medicamentos para los habitantes de esta tierra. 

Sin embargo, la dolencia más peligrosa para ellos es el mal de ojo, que solo puede eliminarlo uno de estos curanderos. Rosalina asegura cómo sus santiguos y sus rezos «protegen el cuerpo del mal de ojo». 



Un hombre pasa delante de la Inspección de Policía de San Basilio de Palenque. Fotografía Luis Acosta/Getty


Una comunidad paralela 

Además de poner remedio a sus enfermedades de una manera propia, hablar un idioma único y poseer una cultura característica, los palenqueros también se organizan de una forma particular. Su territorio ancestral está administrado por un consejo comunitario llamado Ma -Kankamaná, y que es la máxima autoridad de organización y administración local. Su objetivo es mejorar las condiciones de vida de las 4.500 personas que allí conviven y fomentar un desarrollo integral acorde a sus necesidades. Así se puede leer en uno de los muchos libros de la biblioteca del Hotel San Basilio de Palenque, a la entrada de la localidad, regentado por Elías Antonio Sierra Fernández, un abogado y sociólogo admirador de la sociedad palenquera. «El consejo comunitario funciona como una cámara de diputados donde se toman las decisiones a nivel político y administrativo», explica. «Además, este consejo se rige por sus propios valores, que son la responsabilidad, la honestidad, la tolerancia… Todo ello respetando siempre la cultura e identidad palenqueras», añade. 

Ma Kankamaná fue creado con la intención de administrar la propiedad colectiva de las tierras, que en realidad pertenecen a toda la comunidad. De hecho, se habla de consejo comunitario porque los palenqueros insisten en que ellos son una comunidad. Esta particularidad se refleja, por ejemplo, en el concepto de propiedad colectiva: pese a que los terrenos se obtengan por herencia, en realidad pertenecen a la comunidad con el fin de que cualquiera de sus habitantes pueda cultivar la tierra, sin pagar nada a cambio. 

A nivel particular, a partir de la adolescencia, cada palenquero forma parte de una organización social denominada kuagro; son grupos de personas de la misma edad en los que sus miembros se dan ayuda mutua de cualquier tipo, ya sea económica o sentimental. «Tu kuagro puede ayudarte a pagar una deuda o a encontrar pareja. Es un núcleo más concentrado que la propia familia, es una familia más»,explica Elías Antonio Sierra Fernández desde su hotel, cuyas paredes están llenas de pinturas en honor a la negritud de Palenque. 

La deshonra como castigo 

Una de las partes más sorprendentes de la organización palanquera es, sin duda, su sistema de seguridad, y es que la Policía colombiana no puede acceder al territorio de San Basilio de Palenque salvo por causa extrema, y habiendo solicitado un permiso. Los palenqueros tienen sus propios agentes, la Guardia Cimarrona, que se basa en un sistema de seguridad tradicional. «Son voluntarios, no tienen remuneración del Gobierno. La idea es tener un sistema de seguridad independiente para mantener nuestra tradición»,aclara Salgado. «Son personas muy respetadas. Hacen cumplir las leyes por la persuasión que ejercen sus miembros. Es una herencia directa de sus ancestros», cuenta. 

Lo más curioso de este sistema único es que las sanciones son morales, y se reflejan en el comportamiento social. «A quien roba, se le castiga socialmente y la propia comunidad lo va apartando. Esto genera vergüenza; es un sistema de valores y no de represión, como los tradicionales», explica Elías Antonio Sierra. 

La particularidad del territorio de San Basilio de Palenque ha hecho que «el propio Gobierno colombiano lo regule como comunidad sin intervenir directamente», cuenta Sierra. «Los palenqueros tienen un régimen especial, permitido por las autoridades nacionales, que ven como una manera de compensar los daños causados en la época de la esclavitud», explica. «El colombiano se siente en deuda con San Basilio de Palenque y su comunidad por todo lo que ocurrió en el pasado», reconoce. 

Hoy en día, San Basilio no cumple con los requisitos para ser considerado municipio, pero el Gobierno colombiano está haciendo esfuerzos para declararlo como «municipio especial» con el fin de que las comunidades consigan más autonomía presupuestaria y política, lo que traería consigo una mejora significativa, por ejemplo en las infraestructuras. 

La lucha durante cuatro siglos del pueblo palenquero ha sido una manifestación de resistencia que en su día marcó la ruta de la libertad para las demás personas negras esclavizadas repartidas por todo el continente americano. Mediante sus propias creencias, una lengua diferente, su música e incluso sus propios sistemas de gobierno y seguridad, este «pedazo» de África, declarado en 2005 por la UNESCO como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, resiste en medio del Caribe colombiano.   



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