«Tenemos la obligación de contarlo y no quedarnos en la superficie»

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Entrevista al fotoperiodista Juan Medina

 

Casa África acoge desde el pasado 29 de enero y hasta el 30 de abril la exposición fotográfica Migraciones en la frontera del Sur de Europa, una muestra del trabajo de dos décadas del fotoperiodista Juan Medina. El autor, nacido en Buenos Aires y residente en Madrid, trabaja para la agencia Reuters y durante los últimos 20 años ha puesto el foco en los movimientos migratorios africanos. Por su labor ha recibido numerosos premios internacionales, entre ellos el World Press Photo o el Pictures of the Year International. MUNDO NEGRO ha conversado con él.



¿Por qué llevas 20 años dedicándote a fotografiar a personas africanas que migran arriesgando sus vidas?
Retrato de Juan Medina. Fotografía: Joan Tusell. En la imagen superior a bordo del Open Arms. Puerto de Algeciras. 9 de agosto de 2018. Fotografía: Juan Medina

Empecé a trabajar en fotografía de movimientos migratorios que partían de las costas africanas hacia Canarias en patera, en condiciones lamentables, de alguna manera porque la gente que arriesga la vida para venir en esas condiciones lo hace por no poder hacerlo de otra forma, evidentemente. A mediados de los 90 me mudé a vivir a Fuerteventura y trabajaba para un medio local. La primera patera que llegó a la isla fue en el año 94, yo todavía no vivía allí. Durante el 98 y el 99 empezaron a llegar más embarcaciones de este tipo, y a partir del 2000 el flujo aumentó. Y así me encontró, trabajando en el lugar donde yo había decidido irme a vivir. No es que fuera a hacer un reportaje sobre personas africanas que viajan en patera. Yo vivía ahí, trabajaba en un medio de comunicación y, en un primer lugar, iba a cubrir una noticia como otras tantas. Lo que pasa es que nos dimos cuenta de que lo que estaba sucediendo era de extrema gravedad y era suma importancia contarlo. Y así empecé a trabajar en fotografía de movimientos migratorios que partían de las costas africanas hacia Canarias en patera, en condiciones lamentables, arriesgando su vida porque no pueden hacer ese viaje de otra manera. Lo que estaba pasando debía tener un lugar destacado, porque era una cosa gravísima. Pasando el tiempo la cosa fue a más. Llegaban más personas, las tragedias iban aumentando, las restricciones iban siendo peores para este tipo de viajes, y era peor lo que sucedía después con las repatriaciones, las expulsiones, los centros de internamiento… Fue cobrando una dimensión muy importante. Y es obligatorio para los periodistas cubrirlo. Es obligatorio hacerlo y, más aún, tenemos la obligación de no quedarnos en la superficie al tratar con un tema de estas características. ¿Por qué sucede esto? ¿Quiénes son las personas que están abocadas a hacer esto? ¿Qué es lo que sucede después? ¿Se acaba todo con la llegada a la playa? Entonces empecé a viajar al continente africano, a hacer seguimiento de algunas de las personas que llegaban a las islas… Y después fui cubriendo otros puntos como Mauritania, Sahara, Malí, Senegal, fronteras terrestres como Ceuta y Melilla, la frontera de Francia por Irún y el Mediterráneo central.



Playa de Gran Tarajal. Fuerteventura. 6 de mayo 2006. Fotografía: Juan Medina


20 años con este tema es mucho tiempo y es un tema delicado a nivel emocional. ¿Cómo te sientes trabajando en esto?

Las personas a las que nos toca trabajar temas como las migraciones en esta forma tan cruel, tan devastadora para un montón de gente, lo primero que tenemos que tener en cuenta es que estamos frente a personas en un momento muy vulnerable. Estamos delante de nuestro igual, de una persona con las mismas características y con los mismos derechos que nosotros. Cuando abordas esto es muy importante cómo lo haces, tener muy en cuenta que las personas que están ahí, por más que haya ríos de tinta sobre «entradas ilegales», «asaltos a la valla» y demás, están ejerciendo un derecho, que es el derecho a migrar. Y hay que tener en cuenta la vulnerabilidad del momento. Son personas que acaban de salvar su vida, en el mejor de los casos, y otras que están viviendo una tragedia porque la mitad del pasaje murió o lo hizo un familiar directo: un hijo, su pareja o un hermano.



Puerto del Rosario. Fuerteventura. 4 de diciembre de 2004. Fotografía: Juan Medina


¿Cómo es ese acercamiento a estas personas? ¿Qué supone el hecho de que acaban de vivir esa experiencia y se encuentren con una persona con una cámara de fotos?

En primer lugar, tenemos que tener claro cuál es nuestra labor. Cuando abordo una situación trágica, vamos a ponernos en la peor circunstancia, estamos ante un naufragio, pérdida de vidas humanas, situaciones muy críticas… Yo tengo claro cuál es mi labor periodística. Creo que es mi obligación y mi deber contarlo. Y, en segundo lugar, por mi experiencia, cuando llegamos para trabajar ante una situación como esta, para los que están sufriendo esa tragedia somos las personas en las que menos reparan. No es su principal importancia si hay un tipo sacando una foto. Están más preocupados por otras cosas. Y luego está el bagaje que pueda tener cada uno para acercarse al otro, para acercarse a la persona en esas circunstancias. Hay gente que no le va a importar absolutamente nada, va a realizar su trabajo como aquel que tiene otro trabajo que no implica riesgo humano, y hay gente que de alguna manera establece un contacto con el sujeto sobre el que va a hacer la información. Yo creo que va inherente a cada persona cómo se acerca a retratar esta situación. Pero lo que tengo muy claro es que hay que hacerlo.



Playa de El Matorral. Fuerteventura. 16 de noviembre de 2006


¿Cómo afectan las fotografías a las personas que aparecen en ellas?

Estamos tratando un tipo de trabajo que no es algo homogéneo, hay un montón de situaciones que se pueden presentar en un hecho tan cruel como el de coger un cayuco, arrancar de Senegal y tratar de llegar a Canarias. O salir del Sahara escapando en una patera, con lo que cuesta salir por las corrientes y los vientos que soplan allí. Luego están las familias, la gente que está trabajando en las peores condiciones en los invernaderos del sur de España y en otros sitios. ¿Cómo pueden afectar las fotografías? Claro, hay personas que están escapando de su país porque son refugiados. Cuando pasa el primer momento de contacto, donde están sucediendo cosas muy rápidamente, puede ser que nos encontremos en un asentamiento donde se establece una comunicación más sosegada. Es muy importante escuchar a todo el mundo qué es lo que tiene que decir y por supuesto tener muy en cuenta la actitud que va a tener cada uno con respecto a nuestro trabajo, porque hay personas que no deben salir en las fotografías porque no quieren, que ya es una razón más que válida, o porque puede correr en riesgo su vida o la de su familia. Es un tema muy delicado. Nosotros hacemos una fotografía y, en mi caso, que trabajo para la agencia Reuters, se distribuye mundialmente. Hay cientos de medios de comunicación en el mundo que van a utilizar esa fotografía con un texto y, depende de la línea que tenga cada medio de comunicación, va a querer significar una cosa o la otra. Es muy delicado, porque estamos hablando de imágenes de personas que estás retratando con una línea editorial y que probablemente con el paso del tiempo, o en esa misma semana, la fotografía se utilice para todo lo contrario. Es un riesgo que corremos todos los fotoperiodistas y que no podemos controlar. Salvo una persona que tenga un blog, que haga las fotos, haga las entrevistas y tenga un control absoluto sobre esa información, lo demás es incontrolable. Es un riesgo que tenemos que medir. Todo el mundo tiene que tener claro que se está corriendo ese riesgo. Cuando uno está trabajando con un grupo de personas y se presenta tiene que hablar de todo esto. Yo tengo que dejar claro que mis fotografías van a salir en cualquier sitio, incluso en el país de la persona que estoy retratando. A partir de ahí hay gente que te dice «Sí, por favor, cuenten esto que necesito que se sepa que estamos en estas condiciones», y otros que te dicen «No, por favor, no quiero salir en esta situación», porque no le apetece o por las razones que quiera.



Punta de la Borriquilla. Fuerteventura 2004. Imagen premiada en el World Press Photo. Fotografía: Juan Medina


Dices que el motivo principal de trabajar en esto es porque te sientes en la obligación de contarlo. Por otro lado, parece que la opinión pública europea se ha acostumbrado a este tipo de noticias y a este tipo de imágenes. ¿Qué poder crees que tiene la fotografía para, aparte de documentar, cambiar las cosas?

Sería bastante pretencioso creer que una fotografía o un reportaje puedan cambiar la historia. Son documentos gráficos, pruebas de que eso está sucediendo, pero no creo que se deba poner en la mochila del fotoperiodismo la carga de que a partir de ahí tienen que cambiar las cosas. Mal vamos si pensamos eso, desde nuestro punto de vista porque seríamos un poco pretenciosos, y desde el punto de vista de la valoración del trabajo que realizamos pensando que para qué vamos a hacerlo si no cambia nada. Nosotros no somos los que tenemos que cambiar las cosas. Evidentemente tenemos un punto de vista, pero en esta sociedad cada uno cumple un rol. Y está claro que el mundo del fotoperiodismo, o del periodismo en general, no está para hacer leyes. Nosotros no creamos las leyes de extranjería, no creamos las fronteras y no ponemos las concertinas… Pedirnos a nosotros que cambie todo eso por nuestras fotos…. Luego, la famosa frase de matar al mensajero. «Mira lo que has conseguido con esto. Que al final la gente lo rechace o se inmunice». Entonces, ¿no hacemos nada? ¿Todo lo que hacemos no sirve para nada? Eso tampoco me parece una salida. Yo me dedico a este trabajo, intento hacerlo con la mayor seriedad posible dentro de lo que considero mi ética. Creo que la labor del periodista y del fotoperiodista fundamental es informar. Hay gente a la que le vas a poner 25.000 periódicos para que lea todo el año y no le va a importar nada de lo que ocurra. Y otras personas tal vez puedan entender un poquito mejor, si se explica bien, o se muestra un poco bien, para que analice ciertos aspectos que no estaba muy acostumbrado a ver, para que pueda llegar a tener un poco más de conocimiento. El conocimiento es una buena herramienta contra la xenofobia y el racismo.

¿Ha cambiado tu forma de abordar el trabajo durante estos 20 años?

En más de 20 años fotografiando vas cogiendo un poco de perspectiva. Vas teniendo más conocimiento de los temas y eso te ayuda a la hora de trabajar. En general la situación no ha cambiado mucho y, si ha cambiado, ha sido a peor.



¿Por qué a peor?

Han ido cambiando, por ejemplo, las embarcaciones. Van siendo más grandes, cada vez que hay una tragedia hay más personas que mueren, hay muchas más personas que se pierden en el mar, que se hundan sus cayucos y sus pateras y ni nos enteramos porque no se encuentran. Pepe Naranjo habla en su libro del pueblo de Kolda, donde casi todos sus jóvenes se perdieron en un cayuco. Si esto pasa una vez es una tragedia y es injusto, pero estamos viendo esto hace más de 30 años. No cabe otra cosa que pensar que estamos peor que antes.



¿Nos horrorizaremos más en el futuro como sociedad cuando veamos estas fotos?

Espero que sea rápido. Espero que nos horroricemos ya. A mí me gustaría que las fotografías que hacemos sirvan como las del Holocausto nazi. Esas fotografías no pararon el holocausto, no pudieron hacerlo. Nuestras fotos no pueden parar un holocausto. Pero sí sirvieron como documento para enjuiciar a las personas que lo perpetraron. Por eso es obligatorio hacerlas. Tiene que haber documento de esto, porque va a haber gente que lo niegue. Y para eso están las fotos. Para demostrar que ocurrió. Me acuerdo que en Fuerteventura una vez estuvo Pedro Zerolo en el albergue de Tefía, que es un sitio en el centro de la isla que en la dictadura franquista se utilizó como campo de concentración, y dentro del campo de concentración había gente que iba por el hecho de ser homosexual. Se hizo un acto de repudio de todo aquello, de reparación, a principios de los 2000. Estuvo muy bien, aunque se tardó mucho en hacerlo, pero se hizo. Por otro lado, está la terminal antigua del aeropuerto de Fuerteventura que sirvió como CIE. Bueno, CIE entre comillas, porque todos los organismos de derechos humanos que estuvieron allí hicieron informes horrorosos de todo lo que sucedía: más de 1.000 personas, niños, hubo gente que murió allí dentro… Aquello fue un escándalo. La reflexión que hacíamos en ese momento era: ¿En qué año, o en qué siglo, se va a hacer un acto como el que se hizo en Tefía?: «Aquí estuvo mi tatarabuelo por ser migrante», simplemente.

Morrojable. Fuerteventura. 16 de enero de 2003. Fotografía: Juan Medina


Tu exposición se titula Migraciones en la frontera del sur de Europa. ¿Qué es lo que muestran esas 41 fotografías?

Es un recorrido desde finales de los 90 hasta 2019. Se muestra el comienzo de mi trabajo en la isla de Fuerteventura, y después otros puntos como Calais, Ceuta, Melilla y unas fotografías que hice a bordo del Open Arms en 2018 en el Mediterráneo central. También hay imágenes de Mauritania y Sahara. Depende de dónde vivamos vemos las cosas desde un punto de vista. Tendemos a decir que hay «crisis migratoria» o hablamos de «el problema que estamos viviendo», pero es siempre desde nuestro punto de vista. Se muere la gente en el mar y el problema lo tenemos nosotros, los que vivimos en las islas. En el estrecho, tres cuartos de lo mismo. Mi idea es decir: aquí está el Atlántico, que sirve como muro, como valla; está la valla de Melilla y de Ceuta; está el estrecho; está el Mediterráneo central, la gente que huye de Libia… Quería poner fotografías de muchos sitios para mostrar que en cada uno de esos sitios sigue el mismo problema, sigue habiendo gente de la que se abusa a lo largo del viaje, que se sigue generando violencia contra ellos. Y no es exclusivo de un sitio, ocurre en muchos sitios.



Ahora la exposición está en Casa África, en Las Palmas de Gran Canaria, hasta finales de abril ¿Se va a mover?

Estuvo en diciembre de 2019 en Fuerteventura, la Asociación Entre Mares organizó la exposición para que se viera en la isla. Fue muy interesante también porque había visitas de colegios e institutos, lo que es ideal. Que vayan los alumnos para que se les explique, que vean y que opinen. Después estuvo en el Festival de Literatura y Viajes Periplo en el Puerto de la Cruz, que fue una apuesta bastante importante por estar en un evento en donde se habla de literatura y de otras muchas cosas y poner este tipo de muestra viene muy bien para hablar de todo esto. Ahora va a estar tres meses en Casa África, una buena oportunidad para que la gente que esté en Gran Canaria la pueda ver. Y así van surgiendo cosas. La idea es que se vea lo más que se pueda.



Una exposición es un formato diferente, es otra forma de enfrentarse a estas imágenes, quizá más sosegada. Cuando uno entra a una sala de exposiciones está muy concentrado en lo que tiene alrededor. No tiene 20 noticias al lado, 20 temas diferentes…

Estamos hablando que es un ámbito periodístico, no es una exposición artística. Es la posibilidad que tenemos de estructurar un relato. Porque una foto perdida, como bien dices tú, entre un montón de noticias, una foto metida entre un montón de otras fotos que no tienen que ver con el tema es una cosa más, es muy efímero. Pero esto es una oportunidad que tenemos, y un riesgo también, de hacerlo bien. De estructurar un relato en donde se pueda ver con un poco más de perspectiva.

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