Todo es dólar

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«Señor, ¿cuánto cuesta esto?». Cinco, diez, cien… dólares estadounidenses. Todos los negocios relacionados con la economía y las finanzas se manejan en dólares. Y por cualquier variación de precios de los productos de primera necesidad se culpa al dólar. ¡Todo es dólar! «Pero, ¿dónde estamos?», se pregunta indignada mamá Hélène, incapaz de soportar los cambios bruscos del valor de la divisa estadounidense, que provocan la depreciación de la moneda local y, por tanto, el aumento de los precios en el mercado.

Estamos en República Democrática de Congo (RDC), uno de los países donde circulan dos unidades monetarias dentro del mismo espacio económico: el franco congoleño, que es la moneda nacional, y el dólar estadounidense. Antes del franco congoleño, puesto en marcha por Laurent Désiré Kabila el 30 de junio de 1998, la moneda era el zaire, que fue la que atrajo al dólar, divisa que irrumpió en la economía congoleña en los últimos años del presidente Mobutu. De hecho, desde principios de la década de los 90, RDC se ha visto sacudida por una inestabilidad sociopolítica que ha provocado un colapso profundo y dramático de su economía. En 1992, un dólar estadounidense se cotizaba a 1,9 millones de zaires. Un año después, a finales de 1993, la hiperinflación alcanzó cotas inimaginables: un dólar estadounidense se cambiaba por 110 millones de zaires. La moneda nacional, al no poder resistir los daños causados por una inflación tan alta y variable, fue rápidamente abandonada en favor del dólar estadounidense, considerado estable.

La llegada del franco congoleño no ha cambiado la situación. Desde su introducción en la economía y las finanzas congoleñas no ha dejado de sufrir las consecuencias de los trastornos socioeconómicos que padece el país desde hace décadas. Hoy, el franco congoleño tiene una tasa de inflación del 41,5 %. Cuando nació, un franco congoleño equivalía a 0,77 dólares. Dos años más tarde, en 2000, el franco congoleño se cotizaba a 0,04 dólares. Una caída que continúa hasta el día de hoy. En septiembre de 2019, valía 0,0006 dólares, es decir, para obtener un dólar había que poner 1.650 francos congoleños. En la actualidad, son necesarios 2.000. Las consecuencias directas de esta inflación son la caída del poder adquisitivo y un aumento constante de los precios. Todo ello desincentiva el consumo en una economía que está en manos extranjeras.

La gente ha perdido la confianza en la moneda nacional, cuyo valor real se ha erosionado con el paso del tiempo. Así, como medida de precaución, los agentes económicos recurrieron al dólar estadounidense, utilizado como refugio seguro para proteger su patrimonio financiero, haciendo de la dolarización un fenómeno providencial. Desde entonces, la divisa americana se ha utilizado como unidad de referencia en la firma de cualquier contrato y en la fijación de los precios de bienes y servicios. Finalmente, la persistencia de la inflación ha llevado a la ciudadanía a utilizar el dólar como instrumento de pago directo, ampliamente aceptado incluso por el Estado en sus transacciones internas.

El Gobierno ha comenzado a reflexionar sobre cómo desdolarizar la economía para preservar la soberanía monetaria y económica del país. Es un tema complejo –y una operación a largo plazo– que no podrá llevarse a cabo solo con ordenanzas presidenciales y decretos ministeriales. Los expertos hablan de entre cinco a siete años para eliminar por completo el dominio del dólar en la economía congoleña. Para Marcelino Bilomba, asesor financiero especial del presidente Tshisekedi, República Democrática de Congo podría desdolarizar su espacio económico en tan solo tres años si existe una voluntad política real y se utilizan las grandes reservas de oro que tiene el país, vendiéndolas para acumular divisas.

Fotografía: JUNIOR KANNAH/AFP via Getty Images

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