«Urge recopilar grabaciones para que no desaparezcan los textos orales»

A young griot is announcing news in a village, using his hand as megaphone, looking up and carrying a little drum under the armpit.

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Entrevista a Vicente Montes Nogales, profesor de Literaturas Africanas
Hace unos meses nos recomendaba que leyéramos Más allá del mar de arena, de Agnès Agboton. Ahora publica su propia investigación sobre Literaturas orales africanas: de África occidental a España, con la intención de seguir cubriendo una laguna del conocimiento en español sobre las letras del continente vecino. Vicente Montes es profesor de Literaturas Africanas en la Universidad de Oviedo, y lleva más de una década publicando sobre narrativa africana, griots y literaturas orales del oeste de África.
¿Cómo comenzó su interés por la literatura africana y la oralidad?

Cuando tenía que decidir qué campo abordar para la tesis doctoral, Carmen Fernández Sánchez, a la que considero mi maestra, me dejó dos novelas, El extraño destino de Wangrin, de Hampaté Bá, y Los soles de las independencias, de Ahmadou Kouroma. Ambas me parecieron muy interesantes, pero me atrajo más la de Hampaté Bá. A partir de ahí, empecé a cruzar los estudios de las literaturas africanas y siempre he tenido una clara preferencia por la oralidad.

¿Cuál es su objetivo con el libro?

Impartiendo talleres en la Universidad de Oviedo sobre literaturas de África, me di cuenta de que lo que se conoce es la novela, y tampoco tanto. El alumnado no sabe nada de la oralidad africana. Además, la novela de África occidental, que es en la que me centro, tiene una evidente influencia de la oralidad. Así que pensé en empezar por las hermanas mayores para luego ver las más jóvenes. Mi intención es dar a conocer a un público hispanohablante la oralidad africana. Quien quiere conocer las literaturas orales sabiendo inglés o francés puede encontrar monografías, pero el lector hispanohablante lo tiene complicado.

En el prefacio de tu libro, Ismael Diadié Haïdara dice que todo conocimiento proviene de la oralidad.

Efectivamente. Hay sociedades en las que se da prioridad a la forma oral sobre la literatura, porque se la considera mucho más custodiada o protegida. Ha sido transmitida de generación en generación, por lo cual contiene todo el saber de los antepasados.

¿Qué es un griot o una griotte (forma masculina y femenina)?

Es un tema complejo. Ya lo es el propio término porque no forma parte de las diversas etnias. He entrevistado a griotssenegaleses que cuando les decía griot, no sabían de qué les hablaba, tenía que utilizar el término wolof o serer. Tendemos a decir que son bardos porque, como occidentales, sabemos lo que son. Pero bueno, yo acabo diciendo que son narradores orales, que es la manera más sencilla, aunque imprecisa; muchas veces son músicos, y no dejan de reunir diferentes artes o conocimientos… Algunos especialistas acaban utilizando el término propio de cada etnia, que no es exactamente equivalente. Luego, hay distintos tipos de griots

Pero comentaba que griot y contador es distinto por el tema de que pertenecen a clanes o familias concretas…

En las sociedades tradicionales cualquiera puede ser contador. En una sesión de cuentos por la noche, o alrededor de un fuego, cualquier miembro de la comunidad puede participar. Luego hay contadores más o menos expertos… Un griot tiene un conocimiento adquirido desde la infancia porque pertenece a una casta. Pero un contador no tiene por qué formar parte de esa casta. Es otra cosa. Un griot es un miembro de la casta de los artesanos, porque son artesanos de la palabra y se especializan desde niños. Después pueden ampliar su conocimiento y acudir a otros griots maestros y hasta a determinadas escuelas.

Literaturas orales africanas, de Vicente Montes.
En el libro cuenta que se centra en África occidental y que, a pesar de sus dimensiones, hay unos elementos comunes precoloniales que han superado el paso del tiempo…

Efectivamente. Es que el colonialismo perjudicó notablemente a la oralidad, porque los griots tenían diferentes funciones, y una de ellas era enseñar a los más jóvenes. En el momento en el que aparecen las escuelas coloniales, apartan a estos jóvenes de los maestros tradicionales. En las aulas, la formación se basaba en esquemas propios de las sociedades europeas, donde se les enseñaba francés, matemáticas… Muchos jóvenes tenían grandes conocimientos de Francia, pero muy pocos de sus costumbres y, mucho menos, de sus tradiciones. Así que, no sé si siempre conscientemente, aunque me temo que sí, se acabó con parte de la tradición oral. Luego, en el siglo XX, aparece otro peligro para la oralidad, que es la electricidad y la llegada de la televisión. Cada vez hay menos tiempo para esas reuniones de todos los miembros familiares para narrar.

¿Son las ciudades y los medios de comunicación los enemigos de los griots?

Efectivamente, la ciudad es un enemigo. Los que viven en el campo, evidentemente en pueblos más pequeños, han tenido conocimiento de las familias nobles a las que se refieren muchas veces desde el nacimiento. El éxodo rural es uno de los enemigos. Y la modernidad, en general, también. No sé si decir que las nuevas tecnologías porque con la COVID-19, por ejemplo, hubo contadores y griots que divulgaron sus cuentos, por ejemplo, en Facebook. Han tenido una función social muy importante dando consejos a las familias de cómo tenían que lavarse las manos, etc. Antes, para los griots, por ejemplo, jugaron un papel importantísimo las casetes. Algunos investigadores pueden corroborar cómo llegaban a casas de los griots y se los encontraban escuchando epopeyas que habían sido grabadas en casete. Hay griots modernos que han sabido cómo adaptarse.

¿Tiene la palabra en África más prestigio que en Europa?

Sí. La sociedades tradicionales depositaban mucha más confianza en la palabra, porque estaba más protegida. Cuando un griot empezaba a narrar una epopeya, no podía alejarse del relato aprendido ni del relato original, porque otros griots alrededor conocían la historia y había una sanción por apartarse de ella. En ese sentido, estaba mucho más custodiada que un texto escrito, al que se le daba menos importancia. En nuestros días, probablemente todavía es así en el entorno rural. Se siguen concediendo más importancia a la palabra. En Europa, lo que no está escrito…

¿Está la literatura oral muriendo o en peligro de extinción?

Yo no diría muriendo pero sí que corre peligro de desaparecer gran parte de la producción oral africana. Urge recopilar grabaciones, o en papel. Porque estoy seguro de que muchos textos orales han desaparecido, y otros corren el riesgo de hacerlo.

Griot de África occidental toca una canción. Ilustración del siglo XIX.
Más allá de la literatura tradicional está el hecho de crear, de contar, aunque sea a través de las redes sociales… ¿Cómo lo ve en este momento?

Hay una adaptación, y esto lo vemos en cierto modo en los contadores que narran en español, como Boniface Ofogo o Agnès Agboton. Ella narra también en catalán. Hay una adaptación, porque si no el público español se perdería. Tienen que utilizar determinadas digresiones, explicar al público determinados códigos, palabras… Luego depende de los distintos géneros orales. La epopeya exige más rigor y ajustarse mucho más al texto original. Al revés que los cuentos, que son más flexibles. Así que las epopeyas o los mitos, son los que corren más riesgo de desaparecer. Y luego está el tema de que hay determinados hijos de griot que buscan fama internacional y acuden a la música y a una combinación de instrumentos modernos con tradicionales. Es ya otro tipo de canción. Tienes el caso de Youssou N’Dour que, por parte materna, forma parte de una familia de griots. Si escuchas sus canciones, estas no tiene nada que ver con las tradiciones orales y, sin embargo, él me decía que todos sus conocimientos de la tradición los tuvo gracias a este entorno. Su camino ha sido otro, obviamente. O está Sidy Samb, del que puedes encontrar algunas grabaciones de afroflamenco en Youtube. Entrevisté a su madre, que es una gran griotte de Senegal. Ella decía que le había intentado inculcar a su hijo todos los conocimientos tradicionales. Pero si tú ves el repertorio de la madre y el del hijo, difieren, y eso es un efecto de la modernidad. Si buscas fama internacional, ¿cómo vas a triunfar con una epopeya o un mito?

Habla de contadores y griots en España…

Esto me resultó muy interesante. Desde hace años entrevisto a contadores y a griots. Es más fácil identificar a los contadores, por ejemplo Boniface Ofogo o Agnès Agboton, que recitan durante todo el año, acuden a bibliotecas, centros de enseñanza, ayuntamientos, etc. El problema es cómo identificas a un griot. Normalmente la sociedad española ni siquiera sabe que lo es. A veces se encuentra en grupos de folklore que puede haber en España. Cuando encuentras a un joven africano tocando un instrumento musical no tienes por qué saber que pertenece a una casta de griots. Y los que yo he conocido tampoco se identificaban ellos mismos. ¿Para qué? Si saben que nadie va a reconocer su función. En Francia, es más fácil observarlo porque hay mucha más inmigración africana que en España y a veces están en las grandes urbes. En ocasiones, si hay una celebración familiar o una boda, la familia les paga un billete de avión, porque en una celebración en África occidental sin griot parece que falta algo.

Dice al final del libro que la palabra es sagrada, y que tiene el poder de dañar y curar.

Claro, porque la palabra necesita una formación, tanto del emisor como del receptor. Es decir, cualquiera no puede decir cualquier cosa, ni cualquiera está preparado para oír cualquier cosa. Obviamente la palabra es benéfica y tradicionalmente se creía que podía curar, pero si no estás preparado para escuchar esa palabra, se decía que corrías un riesgo. Por eso este valor sagrado de la palabra. Y luego la palabra se puede comparar con una lanza, que una vez que se emite no tiene retorno. Cuando una palabra es una ofensa, probablemente ya no se puede corregir; por eso se valora tanto el silencio y a veces es mejor no decir nada o reflexionar mucho antes de hablar, lo que no deja de ser un sabio consejo tradicional.

Y la palabra necesita del silencio, ¿no? Si estamos rodeados de ruidos y estímulos, no surge…

Claro, es que se necesita meditar, y nosotros estamos en una sociedad en la que todo va muy rápido. La inmediatez caracteriza nuestra sociedad occidental. Y el conocimiento se va adquiriendo a fuego lento, muy despacio. Todos sabemos que a medida que van pasando los años, uno cada vez es más consciente de todo lo que desconoce.

En portada, un joven griot anuncia noticias en su pueblo: (Getty Images)

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