«La abolición de la esclavitud no impidió que 600.000 personas fueron forzadas a cruzar el Atlántico»

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José Antonio Piqueras, historiador y autor de Negreros. Españoles en el tráfico y en los capitales esclavistas


Casi un siglo, la última fase en la que se practicó la esclavitud en España y América, coincidió con el auge empresarial y financiero que llega a nuestros días y en el que, como demuestra Piqueras, el capital obtenido por la trata de esclavos fue clave.


Ha realizado un minucioso y amplio trabajo de documentación e investigación. ¿Le resultó complejo crear la estructura y el acceso a las fuentes?

Hace diez años publiqué un libro sobre la esclavitud en España y América. Dediqué un apartado a los agentes que hicieron posible el comercio de esclavos y la esclavitud, los que lo promovieron como una empresa, tratando de obtener un beneficio a lo largo del tiempo. Fue un fenómeno que ocurrió en las colonias y en la Península durante mucho tiempo. Un capítulo del libro que la editorial me pidió que ampliara, y quise centrarme en la última etapa del comercio de africanos esclavizados desde finales del s. XVIII hasta que se extingue en 1866-67, que es el último testimonio probado que tenemos de un desembarco. Es casi un siglo que coincide con una fase de modernidad empresarial, financiera, y cuando se produce una escisión enorme entre lo que ocurre en el Atlántico, lo que pasa entre África y Europa, y lo que acontece en América y en los países más desarrollados. Es interesante porque se intuyen las conexiones, que no son dos realidades separadas. Las fuentes son múltiples. Hay una serie de historiadores que llevamos mucho tiempo estudiándolo y que acudimos a fuentes en el Archivo Histórico Nacional, el Archivo de Indias. Hay fuentes generadas por el propio Estado español, también en América, en el archivo Nacional de Cuba, o en el General de la República de Montevideo, uno de los puntos de entrada de esclavos en América del sur durante el siglo XVIII, principios del XIX e incluso después de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas.

¿Es información accesible?

No hay dificultad en la consulta sino en su clasificación porque no ha sido nunca una prioridad clasificar esa documentación. Tenemos clasificada en línea la de 1898, 1912, la Guerra de Independencia, la Guerra Civil, pero no el período de esclavitud. Tampoco los documentos que registraron la actividad de los buques con su carga humana de salida y entrada, el número de bajas, los permisos que se requirieron, los controles que hubo y las mercancías que se llevaron para el intercambio. De todo eso existe documentación. En otras esferas se hace más difícil porque, a partir de 1820, para España se convierte en una práctica ilegal. España firma un acuerdo con Gran Bretaña en el que admite que es una practica ilegal, y años después, en un Código Penal lo tipifica. Pero hay trata ilegal entre 1820 y 1866, lo que supone no poner fin a este comercio.

¿Qué estimación hay de las personas que fueron sometidas a ese tráfico tras la abolición?

Según los datos registrados, unas 600.000 personas fueron trasladadas a lo largo del Atlántico. Se procuró no dejar rastro aunque sin éxito, porque los británicos siguieron haciendo informes, enviando patrulleras para que se cumpliera el tratado… Las tripulaciones de unos 350 barcos acabaron ante tribunales de justicia, fueron expropiados y se abrió un expediente al ser confiscados. Hay información y denuncias confirmadas… como un desembarco con 300 personas, con el nombre del capitán, el del barco. Aparece una enorme corrupción porque los traficantes dedican una parte de la inversión para comprar voluntades, sobornos, y abarca a mucha gente, desde los alcaldes que controlan un pequeño municipio en Cuba y que tienen autoridad sobre los aguaciles, hasta el jefe del distrito, al gobernador del distrito, y finalmente al capitán general que establecía cuotas personales que se remontan a 1828, cuando se introduce este sistema y se centralizan los sobornos. Fue un sistema que corrompió a la Administración.

¿Son sobornos institucionalizados?

Completamente. Como cobraban muchos, el capitán general estableció que se negociara en el despacho o la antesala por su secretario. Así, los más cercanos lo recibían en dinero y las grandes figuras en depósitos en el extranjero, en bancos de Nueva York, París y Londres. Acumulaban cantidades considerables y algunos ocuparon puestos relevantes en el Gobierno de la nación, ministros o presidentes del Gobierno. Es una situación que se denunció en el extranjero, que se llevó al Parlamento inglés, dando nombres y apellidos, comprometiendo la diplomacia del país, pero que no se detiene porque era un comercio ilegal, aunque los beneficios y la demanda de trabajadores para las plantaciones no dejaban de crecer. Había riesgo pero estaba justificado aunque fuera una actividad delictiva.


José Antonio Piqueras durante la entrevista. Fotografía: José Luis Silván


¿Cuánta conciencia hay de ese «pasado incómodo», de la comercialización de seres humanos?

En España es limitada, igual que su conocimiento. No figura en los planes de estudio. En los libros de Bachillerato la esclavitud aparece en el siglo XVI, en sustitución de los abusos sobre la población indígena de América. Y no aparece mucho más porque es como una solución alternativa a la desaparición, hundimiento demográfico de la población indígena, y no se habla más. Es como algo menor, complementario, y solo en algunos debates se señala que hay una esclavitud humanizada que es la hispánica frente a otra que sería la vigente en el mundo británico y en EE. UU. No aparece que el mundo colonial era una realidad muy compleja, contradictoria, y que descansaba sobre el sufrimiento de muchas personas. Formaba parte de un negocio, de una actividad, de un sometimiento, y eso es lo que hace más complicada la situación. En las conversaciones que he mantenido, siempre me distinguen que en ese momento era legal, pero obvian que la trata ilegal en España sobrevivió 50 años, y que la esclavitud que se abole en España es para una de sus provincias, porque la Constitución dice que Cuba es una provincia española de ultramar. Se abole en 1886, cuando solo quedaba Brasil por hacerlo, y todos los demás países de Occidente ya lo habían hecho.

¿Se distingue entre la trata legal y la ilegal respecto a sus beneficios?

La legal es la que nos permite compararnos con otros países que están revisando a qué se destinaron esos beneficios. No hay conciencia de que lo legal puede ser inmoral, que lo legal no responde a un fenómeno de consenso social porque no es un sistema constitucional parlamentario en el que los gobernantes sean elegidos y tengan que exponer sus puntos de vista, estamos hablando de la monarquía absoluta en la cual lo legal no tiene ni busca necesariamente un respaldo social a lo largo de los siglos. Pero cuando lo situamos en el siglo XVIII, donde están desarrollándose las teorías humanistas, la Ilustración condena la tiranía y el sufrimiento humano, y establece horizontes de felicidad, distingue entre quien tiene derecho o no a eso. Es una etapa en la que se refuerzan los elementos de racialización, donde se dice que todos estos valores son válidos para una comunidad en función de una raza y no para otra en función de otra raza. A finales del siglo XVIII, hay una reinvención de la raza porque es útil para marcar estos dos senderos distintos que se espera para la humanidad. Es un tema incómodo que conviene rescatar porque indica que los valores universales, de los que nos consideramos descendientes, se formulan de forma segregada.

En la sociedad actual, con una afrodescendencia más presente… ¿es posible plantear mejor ese debate?

Le falta recorrido, pero si no se hace ahora, ¿cuándo? Nuestra sociedad se ha hecho más diversa y plural, es una tendencia que acaba de comenzar. A diferencia de lo que ocurre en EE.UU., Gran Bretaña y Francia, no porque existan descendientes directos en un número considerable, hay una masa crítica de descendientes de esclavos que en EE.UU. y Gran Bretaña es clara, y en Francia una conexión directa entre un pasado colonial muy cercano o una sociedad con esclavos como la americana; pero en España eso no ocurre. El fenómeno de la presencia afro en el país tiene dos raíces, una muy reducida, que son las colonias del antiguo Golfo de Guinea, y la otra los emigrantes recientes que son africanos, o afrodescendientes de África, que nada tienen que ver con la experiencia de la esclavitud. Su fenómeno, expresión y voz es distinta. Insisten menos en el aspecto de la colonización y la esclavización, y más en los fenómenos propios de un mundo migratorio que sufre y se enfrenta a la discriminación.


Fuente: 123RF


¿Debería plantarse el debate de la esclavitud en España de forma abierta?

Los orígenes son distintos y el debate en España está tardando en plantearse porque siempre parece que le ocurrió a otros y no a parte de los españoles que ahora residen aquí. Ese planteamiento fuerza que se aplace el debate, pero no evita pensar que España es responsable de más de dos millones de africanos que fueron esclavizados y llevados a América. La mitad en el último siglo en la etapa legal-ilegal. Dos millones largos de desembarcados, las tasas de mortalidad en el Atlántico fueron muy altas. La mortalidad de los africanos esclavizados no bajó del 12% (cuando la media de los tripulantes era de un 5%). En el caso español llegó incluso al 20 o 21%. La media de mortalidad de la trata transatlántica se estima entre el 12 y el 14%. Los astilleros que mejor desarrollaban la velocidad de los navíos fueron los de Baltimore y Boston, en EE.UU., donde eran conscientes del fin de esas embarcaciones. En EE.UU. estaba prohibida la trata pero no vender barcos, igual que en Inglaterra, donde los bancos prestaban dinero y financiaban la trata, a pesar de que la prohibición se debatió en el Parlamento, lo que explica que entidades financieras europeas o británicas que lo habían prohibido, participasen con créditos o absorbiendo los beneficios para un proceso de afloramiento de activos, algo que hemos conocido para negocios ilícitos de nuestros días. Y en eso operan casas de banca en Nueva York, Londres conectadas con las de Barcelona y Madrid.

¿Cómo describe al traficante negrero?

No hay un prototipo único, lo hay del capitán de barco, muchos con estudios en una escuela náutica, con experiencia en barcos transatlánticos… No es solo el aventurero de un pueblo de la costa que decide lanzarse a cruzar el Atlántico. Hay un prototipo de marino tosco, sin escrúpulos, que entra en este negocio, otros tienen un pasado de familia de comerciantes, parte de ellos nunca se embarca, son traficantes de tierra firme en Cádiz, Barcelona, Málaga, muchos en La Habana, antes en Montevideo o Buenos Aires. Preparan la embarcación, contratan a la tripulación. Con el capital acumulado compran terrenos y fundan una plantación, son las grandes producciones de azúcar en el siglo XIX. Son agentes europeos y americanos, brasileños, cubanos, criollos, muy mezclados con población africana, que a su vez los compran a jefes y reyes del interior que son los proveedores y que han hecho de la guerra una industria proveedora.

¿Y el perfil del ser humano con el que se trafica?

El esclavo africano ideal tiene entre 15 y 20 años, con plena capacidad laboral inmediata. Su esperanza de vida es corta por lo que es más barato una reposición basada en la restitución con nuevas personas traídas de África. Son la mercancía de un sistema intensivo, muy planificado. Es un negocio arriesgado en el que la negociación es permanente, en una cadena que parte de la demanda no de la oferta.

Hay nombres propios que van dando forma al negocio de la esclavitud… familias, banqueros, realeza… ¿Cómo funcionaba el sistema en esa época?

Sí, algunos nombres no eran los mayores traficantes pero su trayectoria fue simbólica. A Antonio López y López, marqués de Comillas (Barcelona), se le atribuyen en torno a un millar. La trata de personas es el origen de su capital porque empieza como dependiente de comercio y va entrando en el negocio en Santiago de Cuba, se asocia con otros traficantes, traslada a uno o dos a la otra punta de la isla, luego en cantidades más grandes. Lo interesante es que con ese capital inicial entra en otros sectores como la navegación, el tabaco, los intereses en Filipinas, luego un banco y una compañía marítima. La cuestión es de dónde sale el primer capital, qué es lo que desencadena que un hombre sin recursos genere todo eso, y acabe recibiendo un título nobiliario. La familia Comillas se convierte en mecenas, crean una universidad, tienen resonancia en la vida social.

¿Y Joaquín Gómez, apodado El gran traficante?

Es distinto, viene del mundo de la marina pero tendrá una conexión muy estrecha con el capitán general, que le dará una serie de privilegios a la hora de actuar, comprar terrenos en Cuba que utiliza para desembarcos en playas de su propiedad. Le resulta fácil montar un almacén para desembarcos ilícitos, clandestinos, los distribuye y alquila.


José Antonio Piqueras durante la entrevista. Fotografía: José Luis Silván

¿Alquila a los esclavos?

Los tribunales reconocen la entrada ilegal en el país de algunos esclavos, y para diferenciarlos los llama «emancipados», pero no son libres y, en teoría, los alquilan. Eso es lo que hacen Gómez y un sobrino. El beneficio se lo reparten entre ellos y las autoridades, pero él es el intermediario. Se asocia con alguno de los que llegan de España como Zulueta. También busca un negocio en el que invierta capital la reina madre, María Cristina de Borbón. Todos acaban conectándose entre sí y no se niegan favores porque tienen un capital que aportar y aprovechan sus contactos políticos. Así van generando clanes, sociedades. Gómez representa esas conexiones a lo grande.

¿Eugenio Viñas?

Es un capitán de barco que obtiene un porcentaje según el número de esclavos que consiga trasladar con vida. Le interesa que no haya un trato excesivamente cruel. Está vinculado a la trata en la época de los grandes barcos, que pueden trasladar a 500 o 600 esclavos, en los años cincuenta y sesenta del s. XIX. Es valenciano y destina los recursos que obtiene a comprar más barcos, crear un pequeño astillero y se establece en una zona que hoy es de recreo en Valencia, la Malvarrosa. De hecho, hay una gran avenida lleva el nombre de su sobrina, Juana Viñas, que es una de las herederas que debe conocer el origen de su fortuna porque no deja de hacer obras de caridad pagando hospitales…

Y en la realeza… ¿Carlos III sería la figura referencia con los 20.000 esclavos del rey?

Desde el principio, el comercio de esclavos con África se consideró un derecho real, por eso cada embarcación debía un quinto, el 20%, que era el impuesto de la Corona. En aquella época, la Corona y la Hacienda Real eran lo mismo. La participación directa aparece en fechas muy tempranas con Fernando el Católico, que favorece la trata y pide que se le reserven varios de los esclavos para que trabajen para él en la búsqueda de oro. Cuando Felipe V empieza a reinar concede el monopolio a una compañía francesa, como pago por su entronización en España, aunque luego lo perderá a favor de los ingleses. Con Carlos III, desde principios del siglo XVI aparece una figura que son los esclavos del rey, pertenecen al Estado, a la Corona, y se empleaban para el trabajo de carga y descarga, construcción de muelles y de fortalezas… Todo lo monumental en Cartagena de Indias, La Habana, en las ciudades monumentales del área del Caribe fue construido por mano de obra esclava, y casi todos eran del rey. En la Península tiene unos 1.500 en las minas de Almadén, 300 en los arsenales de Cartagena, aparte de los de Palacio para la servidumbre. A cuatro les da su nombre y una profesión (músico, jardinero…) que alojará la llamada «Casa de los negros» en el Palacio Real.

 ¿Qué fue el Código Negro?

El termino negro se usa para referirse a los esclavos. Hasta el siglo XV la esclavitud en el Mediterráneo y en la Península era habitual, pero no estaba racializada. Había esclavos cuyo color de la piel no tenía importancia. Pero, a partir de finales del XV y el XVI se identifica negro con esclavo. Hay documentos en los que se habla de tantos «negros», alguien se refiere a «mi negro, mi esclavo». Y cuando se especifica que alguien es libre, se añade esa palabra o se le cambia el nombre a «moreno» si es un negro o «pardo» si es mulato. El Código Negro es de la época de Carlos III y fue un intento de establecer una reglamentación de la esclavitud para el mundo hispano. Incluye una tipificación de comportamientos, castigos, conductas, es un código sobre los esclavos.

Isla de Gorée, Senegal. Fotografía: 123RF
¿Entró en vigor? ¿Supuso algún cambio en la situación de las víctimas de la trata?

No, nunca entró en vigor. Fue enviado a la Corte, usado como borrador para un reglamento de «Educación y Trato de los esclavos» que se preparó en 1789 y que se aprobó ese mismo año, pero que fue suspendido y suprimido ante la presión de los representantes de las principales ciudades americanas en Madrid que, unos años después, logran que se derogue. Lo consideraban peligroso porque establecía límites, ponía por escrito lo que se puede hacer o no con otra persona. Establecían límites y una jerarquía a la hora de castigar. Lo que podía hacer el dueño, el amo, y lo que tenía que pasar a una autoridad real. Al enumerar el trato se cosificaba al ser humano, algo muy cruel, pero la realidad lo era más.

¿Daba derechos a los esclavos?

Los que se oponían al Código negro así lo consideraban, que introducía derechos y los esclavos no tenían derechos porque son cosas. Y además decía que los esclavos lo interpretarían a su favor, con lo que, reconocían que eran inteligentes porque intentarían limitar la presión que percibían. Y esas limitaciones chocaban con el buen gobierno que tenía el dueño sobre ellos. Solo en 1841, el capitán general de Cuba dicta una norma para la isla de Cuba que nunca fue ratificada por el Gobierno español y que establece que un esclavo puede reclamar su autoliberación mediante la compra.

¿La compra de uno mismo?

Podía pedir ser valorado, tasado y el dueño tenía la obligación de hacerlo. Una vez estipulado el precio, el esclavo pagaba una cantidad y entraba en la categoría de «cortado» porque va cortando en plazos la atadura de su esclavitud. Y será libre cuando haya terminado de pagar la totalidad, aunque la mayor parte moría antes de lograrlo. Eran los «esclavos cortados» o «alquilados».

¿Su libro intenta abogar por una reconciliación con el pasado, conociendo lo ocurrido?

Hay que conocer el pasado para asumirlo, pero es un pasado ingrato. La reconciliación no significa asumir ni los hechos ni las consecuencias, sino aceptar que pasó y que existe una responsabilidad histórica de quienes lo promovieron, y nosotros somos descendientes del Estado español, de quien lo favoreció en la etapa legal y en la ilegal. En la época a la que hago referencia se forman grandes capitales, que en España darán lugar al aspecto más moderno de la economía española del siglo XIX que llega hasta nuestros días. Eso implicó invertir en fábricas modernas, importación de maquinaria moderna, ferrocarriles, bancos con concepto comercial moderno… Una parte muy importante de la sociedad capitalista actual nació en ese momento, con esos capitales.

Siguiendo las pesquisas llega a nuestra sociedad.

Por ejemplo, el Banco Santander cuyos fundadores y el capital que permitió crearlo proviene de la trata; o el Banco Bilbao se forma con Ibarra, al que se cita e invierte directamente; la compañía de cementos Asland que fue la más importante de España y que ahora es la francesa Lafarge, lo mismo. Las razones sociales desde el punto de vista jurídico siguen, porque además dieron lugar a entidades por fusión de absorción.

De hecho, la banca Morgan en EE.UU. ha dado una elevada indemnización a las sociedades de descendientes de esclavos porque entienden que aunque ellos no estuvieron implicados en la trata, en su proceso de crecimiento absorbieron un banco del medio oeste que se dedicó a eso. Asumen así su responsabilidad judicial, que no moral.

¿Están ocurriendo de forma general esas compensaciones económicas?

Sí. La Universidad de Harvard acaba de destinar 100 millones de dólares para formación, becas y reparación porque ha descubierto que todos sus fundadores eran esclavista. La Universidad de Glasgow lo hizo hace tres años, la Universidad de los Jesuitas en Washington también. El origen de esas indemnizaciones está en los siglos XVII, XVIII y principios del XIX.

También hay muchos nombres españoles conocidos cuyas fortunas o posición social son fruto de la esclavitud ejercida por sus antepasados.

Es un pasado reciente que en España permite una movilidad social, la creación de élites económicas, políticas, sociales que siguen vigentes. No se trata de estigmatizar nombres que hoy reconocemos, pero tampoco se puede negar esa afiliación. Abarca títulos nobiliarios, los Medinaceli de Madrid, familias que se instalan en Barcelona como los Goytisolo, y que cuatro generaciones después generarán a tres escritores maravillosos, pero es que esas cuatro generaciones vivieron de lo que acumularon en Cuba, donde tenían 1.500 esclavos. O los O´ Farrill, que durante 150 años se dedicaron a la trata, hasta que una O´Farrill se casa con un asturiano que se llama Rato, y descendiente directo de ellos es Rodrigo Rato, ex director general del FMI, el de la campana de Bankia cuando salió a Bolsa. El general Primo de Rivera se casó con la nieta del general Suárez Agudín, que fue un gran traficante, célebre por crear un criadero de negritos mezclándolos como si fuera una granja. Su biznieto fue José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. La familia de Agatha Ruiz de la Prada hizo su fortuna inicial con la trata de esclavos.

¿Cree que se deberían pedir responsabilidades?

Es un libro de los horrores porque existe una responsabilidad moral cuando descubrimos que nuestros antepasados han sido esclavistas. Eso se tiene que conocer, y esforzarnos por encontrar un entendimiento. No se puede sostener una idea racista cuando se es responsable de haber generado sufrimiento, horror, y además mi familia ha vivido bien, son parte de la élite por haber tenido más opciones para acceder a la cultura.

¿Cuánto de esa mentalidad esclavista hay en el racismo actual?

El racismo claro es cuando se dice que en España no hay racismo. Además, hay formas modernas de esclavitud. Nos situamos más en la negación, pero es fácil encontrar ese lenguaje, son demonios que vuelven a salir. No creo que lo hayan asimilado, más bien lo han borrado. Hay un caso destacado, Alex Vidal Cuadras, un político que fue presidente del Partido Popular en Cataluña y uno de los fundadores de Vox, con un sentido muy xenófobo, antiextranjero aunque no especialmente antinegro, con el que se puso en contacto un investigador para pedirle unos documentos que probaron que sus antepasados no habían tenido plantaciones y esclavos, pero sí una banca que financiaba las expediciones, y el trató de justificarlo diciendo que no eran «tan negreros». La diferencia entre negrero comerciante y esclavista es un sofisma porque se mezclan, se superponen. El que lo financia lo hace posible, se necesitan. Hubo 2.000 barcos en el s. XIX que se dedicaron a la trata, entre 20.000 y 30.000 marinos de muchas nacionalidades.

¿La población estaba a favor de la esclavitud?

No era un sentimiento mayoritario el de favorecer la esclavitud sino lo contrario, al menos desde las Cortes de Cádiz. Pero hay una complicidad, y eso explica lo del lenguaje y la actitud negacionista. Se vio cuando retiraron la escultura de Antonio López del puerto de Barcelona, y en Cantabria la pidieron Comillas y Santander para volver a exhibirla porque era un cántabro. La cuestión es si esas figuras públicas tienen que preservarse de manera señalada. En Madrid frente al Casón del Buen Retiro está María Cristina de Borbón que participó y financió más expediciones que Antonio López, pero en ese caso sobra su retirada.

¿Por qué?

Porque necesitamos una fase transitoria en la que se explique: María Cristina de Borbón, reina gobernadora de España y promotora de la esclavitud. Ponerlo todo. Creo que hay que dejar pasar al menos una generación para que al retirarla se sepa por qué. Llevarlo a un almacén es ocultar la historia. No estoy seguro de que deba desaparecer de forma inmediata. Comprendo el movimiento iconoclasta, pero no los hemos introducido todavía en los currículums escolares y los sacamos de los espacios públicos, vamos muy rápido. Hay que entrar en los temarios escolares, los programas de televisión, los medios de comunicación, y no como algo anecdótico.

¿Va a seguir indagando sobre la esclavitud?

Estoy trabajando en otro libro que abarca desde 1492 a 1810, para mostrar que fue una práctica muy extendida entre los españoles porque los barcos eran pilotados por un español y componían parte sus tripulaciones.

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