Ya lo decía Gurnah

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El sistema de discriminación racial que pervivió en Sudáfrica durante buena parte del siglo XX es una fuente inagotable de inspiración o evocación para literatos, periodistas y ensayistas que han tomado aquel período histórico como base para sus relatos. En el 12º aniversario del fallecimiento de Nelson Mandela, recuperamos algunos de ellos en una selección que, a la fuerza, ni es exhaustiva ni minuciosa. 



Si la literatura es una vía fructífera de aprendizaje, como defendió el nobel de Literatura Abadelrazak Gurnah en su discurso de recepción del doctorado honoris causa por la Universidad de Lleida, puede que el apartheid sea uno de los procesos históricos que mayor volumen de conocimiento haya generado en las últimas décadas. ¿Podemos, por tanto, conocer a través de los libros cómo fue la relación entre blancos y negros en la Sudáfrica del apartheid? ¿Y cómo fue después de las elecciones de 1994? ¿Seremos capaces de desentrañar si los cambios que se produjeron arraigaron en el espíritu de los sudafricanos? ¿O fueron solo cosméticos? 

Damon Galgut centra La promesa (Libros del Asteroide, 2022) en una familia blanca. Los Swart viven a las afueras de Pretoria. A la muerte de la madre, los hijos se plantean si cumplir o no el compromiso que adquirió su padre para que Salome, la mujer negra que cuidó de ellos durante toda su vida, herede la casa en la que vivió durante todo ese tiempo. Pero esa trama también nos sirve para atisbar los cambios formales del país tras la llegada de Mandela al poder. Anton, uno de los hijos, camino de la finca familiar, ve los edificios de la Unión, sede del Ejecutivo: «Me pregunto si Mandela estará allí ahora, en su despacho. De la celda al trono, jamás pensé que vería algo así».

Mucho antes que Galgut, Nadine Gordimer propuso en La gente de July (Círculo de Lectores, 1988) un mundo al revés. Ante las revueltas que sacudían el país, July, el criado negro de una familia blanca contraria al sistema de privilegios, propone al matrimonio Smales que se trasladen con él a su localidad natal. La personalidad del trabajador doméstico muta y la comodidad y el estatus de la familia se desvanecen. Gordimer se fija en los pequeños detalles: «No tenía lima para las uñas; con frecuencia se sentaba examinando sus uñas rotas, quitándose la porquería de debajo de ellas, como hacía ahora, con un trozo de alambre». 

El también nobel de Literatura J. M. Coetzee con sus autobiográficas Infancia, Juventud y Verano (Debolsillo, 2004, 2004 y 2011, respectivamente), se retrató a sí mismo, pero también las circunstancias que le rodeaban. En Verano se lee una anotación fechada el 31 de mayo de 1975: «A estas alturas la policía y quienes la dirigen (como los cazadores dirigen jaurías de perros) tienen más o menos libertad para hacer lo que quieran».

La vivencia personal permea una de las últimas aportaciones [si no la última] a esta mirada sobre la Sudáfrica de la segregación. El trabajo lo firma José Carlos Rodríguez Soto en la Editorial Mundo Negro (2025): Insumisos. Un matrimonio mixto en la Sudáfrica heredera del apartheid. El autor recorre la vida de Phillip, miembro de una próspera familia blanca, y Hazel, procedente de la provincia de Limpopo, donde creció en un entorno humilde. Aunque se casaron después de 1994, su historia se fragua en un contexto en el que estaban prohibidos los matrimonios entre blancos y negros [obligado recordar aquí Prohibido Nacer, de Trevor Noah –Blackie Books, 2017–, que ha pasado en varios momentos por estas páginas].

Una de las emergentes escritoras sudafricanas, Kopano Matlwa, relata en Nuez de coco (Alpha Decay, 2020) cómo confluyen y se repelen las vidas de sus dos protagonistas, Ofilwe y Fikile, en los años posteriores a la caída del apartheid. La primera, a la que debe este volumen su título, es una coconut, negra por fuera y blanca por dentro. Miembro de una familia negra que ha prosperado, que ha optado por educar a sus hijos en colegios que antes eran territorio vedado solo para los blancos, Ofilwe no sabe cómo tratar con las personas negras. La segunda, vecina de un gueto, aspira a ser como su amiga. En esa lucha por la identidad se nota una de las cicatrices de la Sudáfrica posapartheid, la diferencia de clase, aunque no haya diferencia de color de piel. Los padres de Ofilwe, en medio de una discusión familiar, le recuerdan hacia dónde debe mirar: «Ahora debes empezar a rodearte de la clase de gente adecuada». 

La pregunta no es baladí: ¿cuál es la clase de gente adecuada? Tendremos que leer para llegar a una conclusión.

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