Medina Huesca, un escritor terco

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El escritor ecuatoguineano Estanislao Medina Huesca publicó en 2020 su tercera novela: Suspéh. Memorias de un expandillero. Según la autora, la lectura de esta obra puede ser útil para entender tanto la reciente visita del papa León XIV al país centroafricano como la política exterior de Estados Unidos en el país, marcada por la explotación de sus recursos naturales, en especial del petróleo y el gas, fundamentales ambos para la economía ecuatoguineana.



Quiero ser como Donald Trump. O mejor. Quiero ser como el papa León XIV. Y si así fuera, tendría poder para situar en la agenda de la sociedad internacional a Guinea Ecuatorial. El caso es que no soy jefa de un imperio terrenal (EE. UU.) ni espiritual (Ciudad del Vaticano). Comulgo con Suspéh. Memorias de un expandillero (Diwan África, 2020), una novela de Estanislao Medina Huesca (Malabo, 1990) cuya trama se vale del petróleo, de las singularidades del español de Guinea Ecuatorial y del pandillerismo, para contar una historia que sí sitúa a la antigua colonia española en la agenda geopolítica internacional. La lectura de esta novela –que recomiendo ­obligatoria– ayuda a interpretar dos fenómenos recientes: la visita de León XIV a este país y su conversión por el presidente estadounidense en territorio para arrojar a la población migrante que expulsa de manera ilegal de su nación.

Si las guerras decretadas por Trump desde que llegara por segunda vez al poder tienen como talón de Aquiles el petróleo y el gas, Medina retrocede en el tiempo con Suspéh. Memorias de un expandillero hasta la década de los 90, cuando las petroleras norteamericanas empiezan a explotar ambos recursos en Guinea Ecuatorial o mucho antes, tras el golpe de Estado de 1979. El período posterior a este año proyecta un país que firma acuerdos con países miembros de la UE y con ­Washington, se desliga de la antigua URSS, y el papa Juan Pablo II, jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, lo visita. El protagonista de la novela de Medina es un hombre adulto que, movido por conseguir un futuro mejor, abandona en esta época la isla de Annobón, se instala en Malabo con su familia y consigue empleo en una petrolera estadounidense. Sin embargo, tropieza con un país dividido en dos estratos sociales: un grupo reducido, formado por personas enriquecidas gracias al nepotismo, y una ciudadanía abandonada por la inacción de las instituciones públicas. El resultado golpea principalmente el hogar del protagonista. Su esposa fallece, su hija se queda embarazada en la adolescencia y su nieto se integra en las pandillas de Malabo –su día a día son los atracos, el consumo de drogas, los asesinatos–. 

La industria del petróleo y del gas, a pesar de la desigualdad social, no solo enriquece a una minoría, también a las petroleras y a una Iglesia católica local conservadora y corrupta, alejada en las formas y en el fondo de las reiteradas recomendaciones de Ciudad del ­Vaticano. 

Suspéh es la tercera novela de Medina Huesca. Se suma a El albino Micó (Letrame, 2019), y Barlock: los hijos del gran búho (autoedición, 2016). Las tres novelas están escritas con acentuada terquedad porque Medina no se rinde. 

Utiliza el español de Guinea Ecuatorial para escribir, una variedad idiomática que integra palabras y giros específicos de las cinco –seis– lenguas étnicas del país, y que funcionaría con autonomía si no estuviera atrapada por un borrado múltiple. En relación al borrado, a un lado se sitúan las editoriales españolas, que con la excusa de que son empresas eliminan contenido de obras que no se adaptan al «español de España». Al otro lado, se posiciona un grupo de intelectuales del exilio ecuatoguineano, compuesto, en su mayoría, por varones integrados en partidos políticos nacionalistas de corte étnico. Este grupo, incluso cuando las obras que escriben –ellos mismos– están en español, utiliza el acceso privilegiado que tienen con el mundo editorial para evitar la publicación de obras narradas en el español «no de España», porque el español de Guinea Ecuatorial obstaculiza sus agendas nacionalistas y «degenera» las lenguas étnicas que desean recuperar. En esta empresa del borrado se sitúa así mismo el régimen político del país, cuyos dirigentes no promueven el español de Guinea Ecuatorial ni una identidad de Estado capaz de cohesionar la diversidad humana que lo fundamenta.

Y Suspéh. Memorias de un expandillero cumple seis años ahora, en 2026. 

Y Donald Trump ya no tiene petróleo que explotar: utiliza las cárceles de Guinea Ecuatorial para arrojar a migrantes. 

Y se sabrá en el futuro por qué visitó León XIV el país de Suspéh. 




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