Caos, comercio y supervivencia

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El Gran Mercado de Kinshasa refleja la presión demográfica y económica que transforma la capital congoleña.




Por Lwanga Kakule Silusawa, desde Kinshasa (RDC)




La historia del Gran Mercado de Kinshasa, la capital congoleña, se desarrolla en paralelo a la historia social y política del país. Construido en tiempos de la colonia, Mobutu lo demolió para construir uno nuevo. La degradación de uno de los polos económicos de la ciudad justificó una nueva reforma que se inició en 2021. Comerciantes y clientes esperan que la rehabilitación finalice pronto.



Quedan pocas familias con una larga tradición en el barrio de ­Madimba, uno de los más antiguos de Kinshasa. Por la presión de los comerciantes, que buscan espacios para la construcción de tiendas o centros comerciales, muchas familias vendieron su patrimonio y se mudaron a enclaves periféricos de la capital congoleña. El valor del terreno en este barrio está en constante crecimiento y el beneficio de los propietarios aumenta sin parar. Para los residentes de Madimba, los ingresos por el alquiler de los locales comerciales son mucho mayores que los de los pequeños apartamentos. Cada vez se instalan más tiendas y puestos enfrente de los solares de propiedad privada. En algunos de estos, tres cuartas partes de su superficie –o, incluso, la totalidad– están ocupadas por edificios separados por estrechos callejones. En realidad, este fenómeno no se produce solo en Madimba. Es algo habitual en todos los barrios cercanos a Zando, el Gran Mercado de Kinshasa, el más antiguo e importante de la ciudad. 



Zando, sin espacio

La historia del Gran Mercado está ligada al desarrollo, en la época colonial, del «barrio indígena» de Léopoldville, y a la necesidad de establecer un mercado para la población africana de la entonces joven ciudad, donde la separación entre las comunidades europea y africana estaba vigente. Al comienzo, la lonja se ubicaba en el lugar donde en la actualidad se encuentra la oficina central de Correos, a lo largo del actual bulevar del 30 de junio, que delimitaba los barrios europeo y africano. Este límite se extendió hacia el sur para dar cabida a la expansión del barrio europeo. El mercado fue trasladado a otro sitio, cerca del actual ayuntamiento. 

Debido al aumento de la población urbana, el Gran Mercado se quedó pequeño y fue trasladado a su ubicación actual, en el barrio de Madimba, que era parte de la zona neutral que separaba la zona africana de la europea. Aquel movimiento no fue gratuito, ya que supuso la reducción del jardín botánico para dejar sitio a la nueva instalación. Según los archivos, a los que ha tenido acceso MN, el mercado fue construido en 1943 y estaba rodeado por una muralla. Duró 25 años, ya que, en 1968, el presidente Mobutu decidió demolerlo para construir en el mismo lugar uno nuevo, más grande y moderno. Se trataba de una edificación abierta que contaba con varios pabellones al aire libre, tal vez por el clima tropical y el calor húmedo de la ciudad. Fue ­inaugurado el 30 de junio de 1971, con motivo de la celebración del Día de la Independencia. Durante cerca de diez años estuvo bajo la autoridad de los servicios de la Presidencia de la República. Luego, en 1982, Zando pasó a depender del Ayuntamiento de Kinshasa, que mantiene la gestión hasta la actualidad.

El Mercado Central, de unos 90 000 metros cuadrados y delimitado por cuatro avenidas, contaba con 20 ­pabellones y unos 7 000 puestos de venta. Pero se quedó pequeño con el paso del tiempo y por la ­presión demográfica. Los puestos se fueron instalando de manera gradual a lo largo de los amplios pasillos, lo que dificultaba la circulación de los vehículos y las personas. Dentro de los pabellones, el espacio de un puesto, antes reservado para un solo comerciante, se dividió entre varios vendedores. Otros puestos se instalaron en las pequeñas terrazas exteriores de los pabellones. Las zonas de aparcamiento fueron ocupadas también por los comerciantes. El incremento de la oferta debido al acaparamiento de espacios vacíos provocó que la afluencia de clientes se triplicara. Esto, sumado a la falta de mantenimiento del edificio, aceleró su deterioro. En 2021, las autoridades decidieron demolerlo para reconstruirlo de nuevo.

Vista panorámica de Zando durante el proceso de rehabilitación, cuyo proyecto fue elaborado por la agencia francesa THINK TANK architecture. Fotografía: Ayuntamiento de Kinshasa y SZTC



Una nueva etapa 

En abril de 2026, Emmanuel Mputu, coordinador del proyecto de construcción del Mercado Central de Kinshasa, declaró a la Agence Congolaise de Presse que el nuevo Mercado Central de Kinshasa cuenta con 10 000 puestos reservados para comerciantes minoristas, 650 tiendas, diez almacenes, más de 300 quioscos y diez cámaras frigoríficas. Las instalaciones aún no han sido entregadas al gobierno provincial porque, según el Ayuntamiento, todavía quedan obras por concluir, como las conexiones al suministro de agua y a la red eléctrica, así como la rehabilitación de las calles que rodean Zando. Al cierre de esta edición, no existe una fecha prevista para su inauguración. Los responsables de la administración del mercado con los que se puso en contacto MN afirmaron que no concederán entrevistas ni permitirán visitas hasta que se abran de manera definitiva sus puertas. Mientras tanto, la población espera.

Papy Kapinga, de 42 años, lleva vendiendo ropa de segunda mano durante dos décadas. Desde que comenzaron las obras de reconstrucción del Mercado Central, instala su mercancía en la calle Rwakadingi, una de las que rodean el edificio. «Seguimos esperando la ­inauguración y la espera se nos hace insoportable», se lamenta. Asimismo, Kapinga denuncia el acoso de la policía, la corrupción y la falta de transparencia en la asignación de los puestos. «A comienzos de abril se lanzó la campaña de inscripción para los vendedores del nuevo mercado. Ya pagamos por los puestos, pero nadie sabe dónde será colocado. Es como adquirir una vivienda sin conocer su ubicación exacta, sus dimensiones ni las garantías reales que ofrece para responder a tus necesidades. Tengo la impresión de que el número de inscritos supera ampliamente la cantidad de espacios disponibles y me temo que el desorden que estamos viendo termine provocando protestas», advierte el ­comerciante.

Puestos vacíos del Mercado Central el 19 de enero de 2021, después de que el gobernador de la ciudad de Kinshasa, Gentiny Ngobila,anunciara el cierre temporal de la lonja. Fotografía: Arsene Mpiana / Getty




Mercado callejero

Zando se refiere tanto al Mercado Central como a una zona imprecisa que abarca al menos siete barrios alrededor de la lonja. Tras la creación de estas instalaciones, comenzaron a proliferar pequeños puestos y tiendas en las calles vecinas. Desde entonces, las vías públicas que lo circundan están siempre abarrotadas de gente. Aquí y allá, uno se encuentra con mototaxis cargados de mercancías, vendedores ambulantes, comerciantes callejeros que gritan o usan megáfonos para llamar a los clientes, policías… El espacio está abarrotado de mercancías, lonas y sombrillas. Un caos. En algunas zonas, la densidad de los edificios ha alcanzado el punto de saturación. La arquitectura de los edificios o las calles solo se puede apreciar paseando por el barrio muy temprano por la mañana, antes de que lleguen en masa comerciantes y compradores.

Los pequeños mercados callejeros, calificados de «piratas», ocupan el espacio público, a veces bloquean algunas calles, impidiendo el tráfico de vehículos y dificultando el acceso peatonal. Los funcionarios de la ciudad luchan contra estas instalaciones provisionales y envían con regularidad a agentes de la Policía para desalojar a los vendedores. En vano. El mercado ha crecido, se ha vuelto permanente y funciona de forma similar al Mercado Central, con alquileres y tasas que gravan la actividad de los vendedores. Los ingresos generados por estos mercados callejeros son la causa de conflictos recurrentes entre el Ayuntamiento de Kinshasa y las barriadas vecinas de Barumbu, Lingwala, ­Kinshasa, Gombe y Kasa-Vubu, que reclaman estos espacios como propios debido a que se extienden más allá de los límites administrativos del Mercado Central. «Los encuentros entre los recaudadores municipales de las dos partes suelen terminar en tensiones», afirma Kambale Siriwayo, comerciante de esta zona desde hace 37 años, quien lamenta que los vendedores sean las principales víctimas de esta situación. Sobre ellos pesan el cobro de tasas duplicadas, la corrupción y la falta de claridad en la gestión fiscal.

Exteriores del Mercado Central de Kinshasa durante el proceso de rehabilitación. Fotografía: Martin Argyroglo



Decadencia

El barrio está muy deteriorado y la situación es mucho peor en período de lluvias. En algunas calles, el sistema de saneamiento y el alumbrado público se encuentran en un avanzado estado de deterioro. Pese a los esfuerzos de las autoridades, la zona del mercado sigue siendo insalubre. La recogida de basura es intermitente y prioriza ciertas áreas en detrimento de otras. Los desperdicios acumulados en las esquinas de algunos callejones a veces permanecen allí durante semanas. Algunos puntos de reciclaje se han convertido en vertederos públicos, dada la cantidad de residuos que se acumula en ellos cada día. 

El pasado 23 de mayo, el presidente congoleño, Félix ­Tshisekedi, recorrió Zando y su entorno. Durante la visita no escondió su enfado ante la presencia de comerciantes informales en los espacios públicos, los desagües obstruidos y la acumulación de basura alrededor del mercado recién reconstruido. El dirigente expresó su preocupación por la incapacidad de las autoridades provinciales para imponer el orden y mejorar la gestión urbana en la capital y advirtió sobre la ocupación de la vía pública. La situación mejoró durante unos días.

Una semana después, una visita a la zona nos permitió constatar que los vendedores habían comenzado a reinstalar, de forma progresiva, sus mercancías en la vía pública. La necesidad de la gente de trabajar para cubrir necesidades básicas como la comida, el transporte, el alquiler o el sustento familiar, así como la falta de espacios adecuados para vender, explican esta vuelta a la normalidad. Además, las autoridades no pueden vigilar todo el entorno de Zando de manera permanente.

Una de las calles aledañas a Zando, donde se concentran compradores y vendedores de todo tipo de mercancías. Fotografía: Lwanga Kakule Silusawa



Un entorno vivo

Más allá del desorden y el mal estado de las calles, Zando es un espacio vital donde conviven las tensiones con el miedo y la alegría. Aquí no solo se ve el caos, también el dinamismo de los comerciantes y compradores o la vitalidad de los voluntarios de todo tipo que buscan lo necesario para vivir. En este espacio reina también la religiosidad: aquí y allá, varios grupos de oración se reúnen por la mañana temprano. Los evangelistas no dudan en predicar y cantar todo el día megáfono en mano.

En Zando conviven cientos de grupos étnicos. Algunos comerciantes son fijos, mientras que otros son ambulantes. Procedentes de diversas partes del país –Congo Central, Kivu-Norte, Kivu-Sur, Kasai, ­Katanga…–, se alojan y almacenan sus mercancías aquí. Hay también comerciantes de otros países de África –malienses, gambianos, nigerianos…–, y de fuera del continente –­chinos, coreanos, indios, pakistaníes, libaneses…–, que venden de todo: ropa, teléfonos, zapatos, vajillas, electrodomésticos, cosméticos o alimentos.

Pero Zando es también la cuna y el dormitorio más grande para los shegues, los niños de la calle que viven y duermen en este lugar. Los baños públicos, los pasillos y los puestos de venta se han transformado en dormitorios improvisados. Algunas personas y familias sin hogar también duermen en el mercado. Zando tiene su propia vida nocturna, muy distinta a la diurna: policías, agentes de patrulla, niños de la calle, personas y familias sin hogar y pequeños delincuentes conviven en este entorno. «Aquí, encontramos desde pequeños carteristas a ladrones experimentados; desde pequeños estafadores a timadores de todo tipo», cuenta J. M., un agente de la Policía que trabaja en la zona desde hace siete años. Por eso, las patrullas policiales y militares son habituales en el barrio.

Los alrededores del Mercado Central son lugares temidos tanto por los residentes de Kinshasa como por los de las provincias. Entre ellos se encuentran los comerciantes de la ciudad o los vendedores ambulantes que acuden con regularidad a comprar mercancías al por mayor y, por consiguiente, llevan consigo grandes sumas de dinero. De día o de noche, quien frecuenta la zona y no la conoce suele estar estresado. Intenta mantenerse alerta, pues nunca se sabe quién puede intentar estafarlo. A esto se suman los numerosos intermediarios. Son de todo tipo y están apostados frente a las tiendas. En este laberinto comercial son de gran ayuda, porque indican a los posibles compradores la ubicación de los productos. Pero no hay que fiarse. Con ellos nunca se sabe. En el mercado impera la ley del más astuto; por lo tanto, hay que espabilar. Aquí no hay salvación para los yuma, como se suele llamar a las personas vulnerables o despistadas. Cada día, la zona atrae a decenas de miles de individuos que vienen a buscar algo. Zando es el punto central para encontrar lo que buscan: ganarse la vida o, simplemente, sobrevivir.   





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