Arte africano en casa

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Texto Gerardo González Calvo
Fotografías Javier Sánchez Salcedo

 

tellem varón

Figura de un tellem varón con los brazos alzados y pegados a la cabeza para implorar la lluvia. Los dogón de Malí guardan los tellem en sus graneros y en las concavidades de las rocas / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

Tener algunas piezas de arte africano en casa no es hoy ninguna rareza o extravagancia. Está al alcance de mucha gente y no exige un gran desembolso. Es posible y muy conveniente descifrar el mensaje de estas obras singulares.

 

Mónica Cerrada Macías asegura en la introducción a su tesis doctoral La mano a través del arte: simbología y gesto de un lenguaje no verbal que “en las esculturas y pinturas de personajes, la mano dirige y orienta al espectador en la comprensión de la obra. La imagen siempre encierra un mensaje y las manos aportan muchos sentidos a la imagen global”. Después de leer esta consideración, empecé a observar con atención las estatuillas africanas que adquirí en las últimas tres décadas o me regalaron generosos amigos que conocen mi interés por todo lo africano, y me documenté en algunos libros sobre arte negroafricano. Me he dado cuenta de que en una veintena de estas obras, casi en su totalidad de madera, las manos no tienen en sí una significación muy expresiva; forman parte de los brazos a veces de un modo poco definido. Son un complemento del significado simbólico y ritual de las piezas, una característica común del arte africano.

Existe, por lo general, una diferencia entre los brazos de las estatuillas masculinas y femeninas. Las primeras suelen proyectarse hacia las piernas o los muslos; las segundas, hacia el vientre. Sin embargo, un tellem varón tiene los brazos alzados, pegados a la cabeza, para implorar la lluvia. Según Ramón Sanz Garvín, “en la mitología dogón, es la representación de Anagonno, dispensador de la lluvia y del rayo y guardián de los principios espirituales de los hombres”. Quizá por eso, como asegura Elsy Leuzinger en El arte de los pueblos: África negra, “los dogón guardan los tellem en sus graneros y en las concavidades de la rocas, lejos de la mirada de los profanos”.

Estatuillas fang de Guinea Ecuatorial. El exagerado volumen de las nalgas -la llamada esteatopigia- se asocia a la fertilidad / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

Tres estatuillas fang que me regalaron en Guinea Ecuatorial en 1984 muestran una de las características de las esculturas de este pueblo: piernas muy cortas y un exagerado volumen de las nalgas, que se asocia a la fertilidad. Dos representan a una mujer, tienen las manos en el bajo vientre y una especie de cordón umbilical o conexión vital entre el mentón y el vientre. Se asemejan a los bieri, que son los guardianes de las reliquias de los antepasados del pueblo fang.

 

 

El pensador angolano

Hay dos figuras que me sorprenden cada vez que me fijo en ellas atentamente. Una es una iagalagana del pueblo mumuye de Nigeria. Representa a un antepasado tutelar, tiene un largo cuerpo cilíndrico y unos brazos arqueados. En su libro Arte negroafricano el historiador y africanista José Luis Cortés López reproduce la iagalagana junto a una obra del escultor rumano Constantin Brancusi titulada Señora, realizada en 1914; la similitud es muy evidente. Brancusi trabajó con Amedeo Modigliani, que realizó varias obras tan inspiradas en algunas máscaras fang que parecen réplicas.

El pensador del pueblo tchokwe de Angola; es el símbolo de la cultura nacional angolana / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

La otra figura es El pensador del pueblo tchokwe de Angola, convertido en símbolo de la cultura nacional. Los ‘pensadores’ angolanos no tienen por lo general un gran valor artístico, ni excesiva antigüedad, pues se empezaron a tallar en los años 40 del siglo XX, muchas décadas después de que el escultor francés Auguste Rodin esculpiera su famosa obra en bronce del mismo título, de la que seguramente el angolano tomó el nombre. De todos modos, hay una notable diferencia simbólica. El Pensador de Rodin cavila con una mano en el mentón sobre el destino del hombre, el pensador de este país africano, en cambio, tiene un rostro sereno y mira al frente con las manos apoyadas a ambos lados de la cabeza y cubriendo las orejas, como si quisiera escudriñar o proteger sus pensamientos.

Asegura Cortés en el libro ya citado que “son la dulzura de la expresión y la delicadeza de las formas las que han hecho del arte baulé uno de los más apreciados fuera del continente”. No solo comparto esta apreciación, sino que considero mis dos figuras baulé –un hombre y una mujer– las más bellas de mi colección. No quiero compararlas, de todos modos, con otras estatuas de arte makonde, porque se trata de dos universos artísticos muy diferentes, tanto en la forma como en el fondo.

Las figuras baulé, originarias de Costa de Marfil, están sentadas en taburetes; mantienen el busto erguido y tienen las piernas muy cortas. La mujer apoya las manos en las rodillas, y el hombre en el vientre, en torno al ombligo. Ambas llevan escarificaciones en varias partes del cuerpo: la espalda, la frente, el vientre, por encima de los senos de la mujer y en los hombros del varón. La mujer tiene un delicado tocado semicircular, algo más caído a la izquierda que a la derecha; el hombre lleva una barba rizada partida en dos, signo de autoridad.Ambas estatuillas lucen un primoroso peinado, rematado con moños. Las tallas, muy bien acabadas, desprenden una gran serenidad, como corresponde a lo que representan: los antepasados o blolo.

Pareja baulé de Costa de Marfil. Los rostros desprenden una gran serenidad, como corresponde a lo que representan: los antepasados o blolo / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

Me cautivan los ibeji yoruba (Nigeria). Estas tallas representan a los gemelos difuntos y han sido realizadas según las prescripciones del adivino. Por eso son objeto de admiración y de culto. Entre los ewé de Togo se les llama venawio y son considerados una manifestación del vodú; por eso, los gemelos de padres adeptos a la religión tradicional no se someten al rito de iniciación. Si fallecen, la madre lleva dos toscas estatuillas en la cintura, como observé en el pueblo togolés de Afagnan en el verano de 1977. Mis ibeji tienen el mismo rostro, con grandes ojos almendrados, incisiones idénticas a ambos lados de la cara –que denotan su linaje yoruba– y un tocado igual. Los brazos caen paralelos al cuerpo; solo se distingue la mujer del varón en que esta tiene unos pechos puntiagudos y prominentes. Llevan una coloración de índigo.

Estatuillas fang de Guinea Ecuatorial

Estatuillas fang de Guinea Ecuatorial. El exagerado volumen de las nalgas -la llamada esteatopigia- se asocia a la fertilidad / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

Función social y religiosa

La mayoría de las piezas que poseo no son exclusivas ni tienen un valor excesivo, pero representan la realidad asombrosa, cargada de simbología, del arte africano. Hay otro problema: existe una gran movilidad de máscaras y estatuas por los numerosos mercados de los países africanos, lo que puede inducir a creer que son originarias del país donde se compraron. Descifrar su procedencia y significado es algo que hoy está al alcance de cualquiera; basta con consultar algún libro de arte africano. Subrayo un detalle más: los autores de estas figuras son anónimos. Muy pocas de las obras que conozco, incluso en el Museo Africano Mundo Negro de Madrid, están firmadas. Tampoco firmaron sus creaciones los grandes artistas palatinos de Ifé y Benín, en Nigeria, que decoraban los palacios de los obas o reyes. Esto se debe a que estas esculturas o estatuillas no se realizaban para resaltar la maestría de sus autores, ni para el disfrute de los sentidos o de la mente, como sucede en la mayoría de las clásicas obras occidentales. Cumplen una función social y religiosa en una comunidad. O, como dice Leuzinger, “la escultura es un factor indispensable para la vida social dentro de la comunidad humana”.

¿Son auténticas estas obras? Es probable que casi todas las hayan realizado artesanos para satisfacer la demanda de los europeos. Aunque no cumplan su función ritual, como en la antigüedad, algunas copias son bastante fieles al original y entrañan un gran significado cultural.

Gemelos o ibeji nigerianos con el mismo rostro, grandes ojos almendrados e incisiones idénticas a ambos lados de la cara, que denotan su linaje yoruba / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

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