El Niño y la hambruna

Ahora mismo, en el continente africano 40 millones de personas luchan contra el hambre y la muerte. Mientras, la zona del Sahel de África occidental disfruta de más lluvias que la media anual, lo cual está dando lugar a grandes cosechas que hace que allí se viva una época relativamente buena con comida para la mayoría de la población a precios asequibles.

El actual fenómeno atmosférico conocido como El Niño es uno de los más fuertes de la historia desde que existen registros. Las sequías, las inundaciones y otras condiciones meteorológicas extremas están obligando a muchas familias a abandonar sus hogares, perjudicando la capacidad de las personas para obtener un ingreso, y provocando escasez de alimentos y amenazas para la salud y la nutrición.

La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET) lleva tiempo alertando de esta tragedia. Señala que Etiopía es el país donde la situación es más preocupante por la severa sequía que padece y alerta de que habrá muchas más personas que necesiten ayuda alimentaria que en cualquier otro momento de los últimos 10 años. En Sudán, la alteración del régimen de lluvias en las zonas oriental y occidental del país ha provocado que la producción agrícola nacional esté por debajo de la media anual, además de grandes déficit de pastos. En el norte de Chad, la falta de lluvias en la zona del Sahel central y oriental, además de la inseguridad alrededor del Lago Chad, debido al conflicto de Boko Haram, están disminuyendo el acceso y la disponibilidad de alimentos. A estos cuatro países afectados directamente por el Niño, FEWS NET añade Sudán del Sur como país en riesgo de hambruna debido a la guerra.

Está claro que los fenómenos atmosféricos no son los únicos factores que influye en esta crisis. La capacidad de un país para hacer frente a una situación de emergencia depende en parte de sus finanzas públicas y de su capacidad para movilizar recursos. Por eso, situaciones concretas que viven algunos de estos países como el debilitamiento de sus monedas tienen como consecuencia que la importación de alimentos sea cada vez más cara o en el caso de que exista un conflicto, este hace muy difícil mover los suministros.

Esto se observa muy bien en Africa del sur, que también está siendo afectada gravemente por El Niño, pero la capacidad de respuesta de cada país consigue que sus efectos sean distintos, sugiere IRIN.

En Zimbabue un cuarto de la población tiene problemas de seguridad alimentaria debido a la sequía (esto no privó a su presidente Robert Mugabe de gastar 800.000 dólares para celebrar su 92 cumpleaños, en una de las zonas del país donde la sequía es más severa y 2.5 millones de personas sufren carestía, el pasado 27 de febrero, justo un par de semanas después de haber declarado el estado de emergencia en varias zonas del país). El Gobierno busca 1.6 millones de dólares para luchar contra el hambre, lo cual sugiere que las arcas públicas están agotadas.

Sudáfrica está experimentando un récord de altas temperaturas además de registrar en 2015 la menor cantidad de lluvias de los últimos 112 años. Cinco de las nueve provincias que tiene el país han sido declaradas zona catastrófica debido a la sequía. Se estima que unas 800.000 cabezas de ganado tendrán que ser sacrificadas. A pesar de ello, el Gobierno sudafricano no va a pedir ayuda a la comunidad internacional e importará entre 3 y 4 millones de toneladas de maíz  para alimentar a su población, y eso a pesar de que su moneda se ha depreciado grandemente con respecto al dólar.

En Malaui la cosecha de cereales del año pasado fue un 24 % más baja que la media de los últimos cinco años. Debido a ello 2.8 millones de personas no tienen acceso a una alimentación suficiente para llevar una vida saludable y activa, y están en riesgo de hambre severa debido a las inundaciones y sequía que el país experimentó el último año. El Gobierno busca 146 millones de dólares para su Plan de Respuesta a la Inseguridad Alimentaria, pero hasta el momento parece que solo ha recaudado un 48 % de esa cantidad.

Las tres provincias del sur de Angola han sido muy afectadas por la sequía, lo que ha llevado a la pérdida de cosechas, muerte de ganado, un gran aumento de las tasas de malnutrición infantil… En todo el país 1.25 millones de personas están viviendo situaciones muy críticas, pero el Gobierno de Luanda parece que no va a necesitar de la ayuda internacional para ir al rescate de su población.

El Niño ha dividido Mozambique en dos: el norte está afectado por inundaciones y el sur por sequías, lo que deja a gran parte de su población en condiciones muy vulnerables. La situación es similar en Suazilandia donde el precio del maíz ha aumentado un 66 %, o en Madagascar donde el 8.6 % de la población se encuentra en situación de inseguridad alimentaria.

La otra cara de la moneda la encontramos en África occidental donde, según FEWS NET, la situación alimentaria es bastante positiva porque se están produciendo cosechas muy por encima de la media debido a que El Niño ha afectado a las corrientes del océano en el Golfo de Guinea. Senegal, Burkina Faso, Malí, y la mayor parte del territorio de Chad y Níger experimentan niveles muy bajos de inseguridad alimentaria. Desde el pasado mes de junio la llegada de cereales a los mercados ha sido continua y esto ha originado una bajada de precios, especialmente desde septiembre, que ayuda a mejorar la alimentación familiar.

También en Liberia se han experimentado cosechas récord este año. Es significativo este dato porque la epidemia de ébola que sufrió el país había reducido considerablemente su producción agrícola. La situación es similar en Sierra Leona y Guinea, los otros dos países fuertemente afectados por la enfermedad.

Ahora, la prioridad es centrarse en resolver los problemas de seguridad alimentaria que afectan a tantos habitantes del continente. Para ello hay que actuar lo más urgentemente posible, pero parece que una vez más la burocracia internacional tiene sus propios ritmos, que no son los de las víctimas, y la ayuda puede llegar, una vez más, tarde. Los expertos estiman que se necesitan 4.5 mil millones de dólares urgentemente, pero muy poco de esa cantidad se ha reunido hasta el momento.

El pasado mes de diciembre Oxfam publicaba una nota en la que recalcaba la necesidad de una respuesta rápida y oportuna en estos países, recordando también que la inversión en programas de construcción de resistencia temprana son mucho más rentables que las intervenciones de emergencia, aunque parece que menos atractivas a los ojos de la comunidad internacional.

En 2013, un estudio del Department for Internacional Development (DFID) de Reino Unido llevado a cabo en cinco países (Etiopía, Kenia, Senegal, Níger, Mozambique y Malaui) estimaba que actuar cuatro meses después de una mala cosecha cuesta 49 dólares por hogar. En cambio si se esperan seis meses, la cifra sube a 1.294 dólares.

Sin embargo, señala Oxfam, los donantes se muestran remisos a responder de forma inmediata a cualquier crisis ya que temen que los gobiernos aprovechen la situación para pedir fondos basados en previsiones que luego se muestran incorrectas.

En el informe de Oxfam queda claro que el cambio a un modelo de respuesta temprana no implica ningún coste adicional con respecto a la respuesta tardía, incluso ahorra dinero y refuerza la resiliencia de la comunidad.

Todo apunta a que el fenómeno de El Niño se prolongará entre 4 y 6 meses más, por lo que sería necesario actuar ya para evitar el sufrimiento de tantas personas. Sin embargo, los donantes internacionales siguen esperando los informes y estadísticas que les aseguren que es necesario intervenir, cuando no que las fotos de niños muertos por la hambruna sean “trending topic» en las redes sociales y se saturen de “me gustas” para actuar.

 

 

Fotografía: SarahTz