La fuente inagotable de los recursos

17/02/2017

Por Elena Sánchez Novoa

 

La presentación del libro El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales denuncia los perjuicios de la invasión europea del s. XIX y alerta sobre los peligros de una nueva colonización.

 

África fue la respuesta a la crisis finisecular de las potencias europeas del siglo XIX. El continente africano supuso un nuevo mercado al que vender la producción europea y donde invertir el capital del viejo continente, un nuevo destino para el excedente de población fruto del boom demográfico, así como una fuente muy rentable de mano de obra y de materias primas, debido a la ocupación territorial. La existencia de un proyecto exterior común permitió, a su vez, la distracción de algunos problemas internos, como muestra el fortalecimiento de las unificaciones italiana y alemana. Los avances militares, sanitarios y de los medios de transporte hicieron posible el colonialismo en una época de nacionalismo conservador con aspiraciones imperialistas.

La Conferencia de Berlín, celebrada entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, dio el pistoletazo de salida a una auténtica carrera por la conquista del continente africano. En los albores de la Primera Guerra Mundial, África estaba repartida, con la excepción de Liberia y Etiopía, los dos únicos países que no fueron colonizados. En la presentación del libro El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales, Roberto Ceamanos, su autor y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, hizo hincapié en la “gran carga de violencia” que entrañó el proceso.

 

Roberto Ceamanos, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Autor de ‘El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales’ / Fotografía de Elena Sánchez Novoa

 

En el acto, presentado por Pedro Villena, director general de Casa Árabe, y Luis Padrón, director general de Casa África, se destacó la importancia de las consecuencias negativas para los países africanos que trajo consigo no solo la colonización, sino también la descolonización. Ceamanos destaca que “los africanos nunca estuvieron presentes en la delimitación de unas fronteras que separaron a etnias con una misma identidad y, de la misma manera, agruparon a etnias contrarias”. Los trazos rectilíneos rechazaron la diversidad de la realidad africana. La llegada de los europeos tuvo efectos devastadores sobre la demografía, como ejemplifica el caso del Estado Libre del Congo, ya que se estima que la población congoleña quedó reducida a la mitad a causa del dominio extractivo de Leopoldo II de Bélgica. Por otro lado, Europa avivó las llamas de numerosos enfrentamientos previos para hacerse con el control de los territorios. Si bien es cierto que las potencias crearon infraestructuras, estas se dedicaron exclusivamente a la explotación y, de la misma manera que describe Ryszard Kapuściński en Ébano, algunos pueblos quedaron totalmente aislados al carecer de interés económico y esta incomunicación ha llegado prácticamente hasta la actualidad.

Mbuyi Kabunda, profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid especializado en estudios africanos y miembro del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, es el autor del prólogo del libro. En la presentación, Kabunda rechazó la arbitrariedad de las fronteras africanas, ya que “en todo el mundo las fronteras son creaciones de los seres humanos y ninguna frontera es natural, todas las fronteras, incluso en Europa, son arbitrarias y artificiales”. De hecho, resaltó que África se ha mantenido prácticamente inalterable (solo ha habido modificación en los casos de Eritrea y Sudán del Sur) y que dichas fronteras ya no son europeas, sino que “se están convirtiendo cada vez más en fronteras africanas”. Kabunda, que se define así mismo como panafricanista, también aprovechó el acto para apelar a la superación de esa división, ya que “no tiene sentido mantener tantas fronteras, tantos Estados en un continente tan pobre, no en el sentido de riqueza natural, por supuesto, ya que es el continente con más recursos del mundo; sino en términos financieros”.

 

Mbuyi Kabunda, profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid / Fotografía: Elena Sánchez Novoa

 

Hay historiadores que hablan de una segunda colonización o una etapa de neocolonialismo para hacer referencia a la relación de predominio e influencia, fundamentalmente en el terreno económico, por parte de las naciones más poderosas y las empresas multinacionales sobre los países descolonizados o en vías de desarrollo. Caucho, petróleo, gas, diamantes, oro, coltán… Actualmente, en una época de calentamiento global y crecimiento de la población mundial, incluso el agua y las tierras adquieren una importancia capital: grandes compañías internacionales están adquiriendo importantes extensiones de terreno y recursos hídricos en el continente africano. Distintos recursos han sido el reclamo de las potencias mundiales en diferentes momentos del tiempo. Su explotación y los conflictos alimentados por esta “maldición de los recursos” han traído consecuencias devastadoras en Angola, Liberia, Sierra Leona, Sudán del Sur, Nigeria o la República Democrática del Congo.

Aunque han ido cambiando los minerales o combustibles objeto de interés e incluso los partícipes del reparto (China es, a día de hoy, el principal socio comercial de diversos países del continente), África se ha mantenido invariablemente como la provechosa fuente inagotable de los recursos del mundo. Mbuyi Kabunda apela a la justicia y la cordura en su prólogo: “África debe abandonar la lógica de economías rentistas o extractivas que ayer justificaron la colonización y hoy el acaparamiento de sus tierras para empezar a producir para África y para los africanos”.