La reflexión de las imágenes

en |

Bienal de Fotografía de Bamako



La Bienal Africana de Fotografía, el certamen más longevo del continente, cumple 25 años. Un espacio para mostrar el talento detrás de la cámara de artistas africanos y de la diáspora, que este año planteó la acción a través de la fotografía.


«¡Salid de vuestra zona de confort! ¡Pensad en conjunto con otras personas! (…) Esta no es otra de esas exposiciones donde el tema principal es “África”, “el poscolonialismo” o algo por el estilo. La intención es hacer reflexionar», explicó Bonaventure S.B. Ndikung, director artístico de la última edición de la Bienal, a afribuku a mediados de diciembre.

La muestra lleva por título «Corrientes de consciencia», en referencia al álbum epónimo que grabaron en 1977 Abdullah Ibrahim y Max Roach y que recomendamos escuchar –accesible a través del código QR insertado en la fotografía de la derecha– mientras se lee este reportaje para disponer de la fuente de inspiración de Aziza Harmel (Túnez), Astrid Sokona Lepoultier (Malí-Francia) y Kwasi Ohene-Ayeh (Ghana), el equipo de comisarios que seleccionaron a 85 artistas procedentes del continente africano y de la diáspora. «La noción “flujo de consciencia” se utiliza como una metáfora de movimientos de ideas, pueblos y culturas que atraviesan y siguen el curso de ríos como el Níger, el Congo o el Nilo», escribió Lassana Igo Diarra, delegado general del encuentro, en la introducción de la muestra. Y añade: «El instante en el que se realiza la foto es un momento largo que genera corrientes de consciencia. Desde el momento en el que la atención del fotógrafo queda retenida, las asociaciones conceptuales y estéticas ocupan su lugar, muchas referencias son invocadas y situaciones convocadas. Lo que importa es la forma en la que lo que es percibido de forma sensible dispara la visión del ojo interior, de la voz interior, metiendo esta corriente de consciencia en acción».

Desde el 30 de noviembre de 2019 al 31 de enero de 2020 los visitantes de la Bienal han podido recorrer cuatro espacios que fueron titulados a partir de un poema citado en la obra de teatro Dilemme du fantôme, de Ama Ata Aidoo. Le bruissement soudain dans le sous-bois (El susurro repentino en la maleza), sobre la presencia de lo invisible, la distancia y otras preguntas fantasmales; Car la bouche ne doit pas tout dire (Porque la boca no debe contar todo), sobre la política y la poética de los ecosistemas; Nous sommes venus de gauche, nous sommes venus de droite (Venimos de la izquierda, venimos de la derecha), sobre desplazamiento, vagabundeo y diáspora; y La brindille ne nous percera pas les yeux (La ramita no perforará nuestros ojos), sobre la posibilidad de la esperanza y el futuro como promesa.

Una bienal descolonizada

25 años le ha costado a la Bienal «descolonizarse». Esta ha sido la primera edición en la que el Instituto Francés de Bamako ha sido relegado a institución colaboradora, para que sea el Ministerio de Cultura maliense el que asuma el encuentro. Una decisión cuya aplicación es difícil que sea inmediata, tal como explica a MUNDO NEGRO el fotógrafo Mamadou Gomis, presidente de la Asociación de Fotógrafos Africanos, porque la «mano blanca» sigue estando detrás. «Creo que una bienal debe tener lo local, lo africano… Hay festivales por toda África. En el caso de la Bienal de Bamako no es porque somos africanos o por tener una piel africana que se pueda considerar africana».

Varios participantes contemplan algunos de los trabajos expuestos en la Bienal Africana de Fotografía de Bamako. Fotografía: Getty


Gomis pone el acento en la marginalización de la fotografía a pesar de que «está presente en todos los campos, porque la imagen tiene una fuerte designación que nadie puede ignorar». En 30 años de profesión no ha participado nunca en la Bienal, pero sí en los espacios paralelos, fuera de programa, de este tipo de encuentros. «Cuando hablamos de fotografía, la primera regla es proteger la dignidad humana. Por eso no me encuentro entre los fotógrafos que hablan de mostrar una África u otra, hay que ser profesional». Y también rechaza los apelativos de origen para calificar una obra: «No hay fotógrafos africanos, lo que hay es fotografía. Cuando aprendí la fotografía, lo hice sin importarme la procedencia. Mi fotografía hecha en Europa puede ser africana o europea. La imagen que vemos es lo importante, más que la persona que está detrás. Un fotógrafo debe ver, mirar y observar».

El fotógrafo español Rubén H. Bermúdez, autor del libro Y tú, ¿Por qué eres negro? y cofundador del Espacio Afroconciencia en Madrid, sí que acudió a Bamako para participar en un debate sobre la utilización de la fotografía como herramienta crítica y poderosa en las diásporas.«Fue genial, maravilloso. Es lo máximo, más que si me invitan a ir a Paris Photo. Me encantó participar -porque no tenía que explicarle a nadie mi proyecto, sabían lo que éramos, la diáspora, y así se nos reconocía. En Afroconciencia usamos la expresión “lo afro está en el centro”. Y allí, sin duda, era así. He estado en otros lugares donde las dinámicas coloniales están muy presentes, pero en Bamako no vi nada en ese sentido. Quizá sea una mirada romántica de turista, pero todo lo que vi me gustó, los libros que encontré sobre descolonizar la mirada, la cámara como herramienta crítica…», argumenta a MUNDO NEGRO.

El lenguaje de la imagen

El poder de la imagen por encima de los estereotipos, la consciencia –percibir la realidad y reconocerse en ella– marcó muchos de los trabajos expuestos. «Me llevé varios ejemplares de mi libro para regalar y la gente lo miraba, se emocionaba, me daban un abrazo. He estado en otros contextos donde mi trabajo es indiferente, no se entiende, me hablan de la “apropiación cultural” o de cualquier cosa que no tiene mucho que ver con lo que estoy hablando». Preguntamos a Bermúdez si la forma de valorar el trabajo de los artistas africanos y de la diáspora en una muestra como la de Bamako es diferente a cuando exponen en encuentros europeos: «No lo sé. Creo que la forma que tenemos los europeos, los españoles, de pensar en relación a África influye en cómo miramos a muchos artistas. Es una mirada superficial, quizás también la mía, y con prejuicios. La fotografía es una herramienta de vida, en Bamako casi todos se relacionaban con la fotografía de forma muy intensa, para todos era un gran orgullo estar allí».

La oferta era enorme, pero Bermúdez destaca el trabajo de Adjie Dieye: «Sus imágenes me gustan mucho y nos reconocimos enseguida en nuestros trabajos, en muchos elementos». Y el de Eustáquio Neves que, a pesar de haber nacido 30 años antes, tiene un fotolibro muy similar al que ha publicado el artista español. «En la exposición había un vídeo en portugués que empezaba diciendo: “La primera vez que me llamaron negro…”, y pensé: “es igual que mi libro”. Un contexto diferente, pero tenemos muchos puntos en común. Nos encontramos y fue muy bonito».

Para celebrar los 25 años de existencia, además de reivindicar que el espacio geográfico limitado a las fronteras del continente ya no corresponde a África, se ha hecho un esfuerzo por destacar el trabajo de las fotógrafas, como Amsatou Diallo y Felicia Abban. También han ocupado un espacio importante los colectivos de fotógrafos como Depth of Field-Invisible Borders, fundado por Emeka Okerere en Nigeria y que intenta reparar los conceptos erróneos planteados por las fronteras del continente. En The Invisible Borders Trans-African Road Trip Project una docena de fotógrafos, escritores, cineastas y artistas de performances realizan viajes colectivos en los que interactúan con la población y con artistas locales.   

Colabora con Mundo Negro