Toca industrializar África

Chema Caballero    Por Chema Caballero

 

 

Los países africanos tuvieron un comportamiento desigual con respecto a su evolución económica, social o de gobernabilidad durante 2016, pero las perspectivas para el presente y el próximo año son más favorables, según el African Economic Outlook (AEO) 2017 publicado por el Banco de Desarrollo Africano (AfDB). Esta última edición examina de cerca cómo los empresarios africanos pueden acelerar la industrialización del continente para favorecer el desarrollo e impulsar las políticas necesarias para fomentar un crecimiento más sostenible e inclusivo.

Durante 2016, África experimentó dificultades regionales y mundiales, lo que provocó una nueva desaceleración de su crecimiento. Su economía solo se acrecentó en un 2,2%, cifra inferior al 3,4% del año anterior. Esto se debió a varios factores: los bajos precios de los productos básicos, la desaceleración gradual del crecimiento de China y los problemas políticos del norte del continente, agravados por el conflicto libio.

Las estimaciones del estudio indican que en 2017 y 2018, África se beneficiará de los precios de los productos básicos, que comenzaron a subir a finales de 2016, el aumento de la demanda privada, incluso en los mercados internos y las mejoras en la política económica gracias a las reformas emprendidas por muchos países del continente. También influye en esta tendencia que desde finales de 2016, el precio de las materias primas estén al alza otra vez.

África también ha disfrutado de avances en el comercio y la integración regional, pero el volumen del comercio intrafricano sigue siendo bajo. Sin embargo, en las últimas décadas, el valor del intercambio de mercancías entre África y el resto del mundo se ha cuadruplicado y diversificado. También la cooperación regional está ganando impulso. Todo esto se debe a que los países africanos han implementado reformas políticas y económicas, han empezado a invertir en infraestructuras y han seguido trabajando por la integración regional. Todo esto facilita los negocios al reducir los costos y el tiempo requerido para mover bienes y servicios dentro de los países y fuera de sus fronteras y, al mismo tiempo, atrae más inversores y socios comerciales. Estas son tendencias que el continente debería seguir cultivando para seguir creciendo, opina el informe del AfDB.

Reflejo de esta mejora que experimenta África es que 18 países africanos han alcanzado un desarrollo humano entre medio y alto y la proporción de  personas que viven en la pobreza está disminuyendo, siempre según el estudio. Este también señala que el progreso en el desarrollo humano es lento y desigual, pero que la creación de empleo y el espíritu empresarial pueden ayudar a reducir la pobreza. También influyen las políticas de educación, salud e inversión en jóvenes y en mujeres. Todo ello contribuirá a que África pueda cumplir sus compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2063.

AEO 2017 también resalta que en términos de gobernanza política y económica, los datos más recientes muestran mejoras en África, al mismo tiempo que desafíos a superar. Gracias a las reformas introducidas y la innovación digital, los gobiernos utilizan los recursos públicos de manera más eficiente y prestan mejores servicios sociales. Aunque todavía queda mucho por hacer para apoyar la instalación de empresas y fomentar a los innovadores, como ampliar el acceso a la electricidad o a la financiación, entre otras.

Finalmente, el informe enfatiza el compromiso de los diversos gobiernos con la industrialización del continente. Sin embargo, este sigue siendo el punto más débil y necesita mucha imaginación para despegar.

De la lectura del documento también se extraen algunos datos interesantes que ponen de manifiesto, entre otras muchas cosas, la desigualdad entre países y regiones del continente y alguna que otra sorpresa que ayuda a romper tópicos.

1.- Nigeria y Sudáfrica suman casi la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) de toda África. La desaceleración del continente durante 2016 tiene mucho que ver con el mal comportamiento de las dos primeras economías del mismo. Nigeria y Sudáfrica representan el 48,4% del PIB de África (29,3% y 19,1%, respectivamente). Ambas economías han luchado contra la recesión debido al colapso del precio del petróleo, la sequía y la incertidumbre política, entre otros factores.

2. África del Este es la región que más rápido crece de todo el continente. A pesar de crecer un 5.3% frente al 6.5% del año anterior, sigue liderando el crecimiento de África. Para este año se espera que esta tendencia continúe ya que los países que la componen, sobre todo Etiopía, Kenia, Ruanda, Tanzania y Yibuti tengan un comportamiento económico muy positivo.

3.  10 países -Egipto, Marruecos, Angola, Ghana, Mozambique, Etiopía, Sudáfrica, Nigeria, Tanzania y Kenia- acapararon más del 90% de los nuevos proyectos de inversión extranjera directa (IED). Esta se encaminó, mayoritariamente al sector extractivo, aunque poco a poco se está diversificando, como es el caso de Marruecos con la industria del automóvil, fruto directo del aumento del consumo interno.

4.  África está invirtiendo menos en el mundo exterior. Los flujos de IED de África al resto del mundo disminuyeron en 2016. El mayor inversor del continente en el extranjero, Sudáfrica, ha registrado, en los últimos años, una caída de sus inversiones, igual fenómeno ha registrado Nigeria.

5.  Empresas chinas, de los Emiratos Árabes Unidos y de Italia fueron las que más invirtieron en el continente en el periodo 2015-2016.

6.  África podría albergar muy pronto la mayor zona de libre comercio del mundo. En 2015, se iniciaron las conversaciones para el establecimiento de la Zona de Libre Comercio Continental (CFTA) que integraría a todos los países del continente. Si todo sigue como previsto, empezaría a implementarse en octubre de este año.

7.  Las economías del continente se alejan de los productos básicos que históricamente han sido una de sus principales fuentes de crecimiento (cacao, café, aceite de palma…) y se están diversificando. Igualmente, cada vez más las economías dependen menos de los productos extractivos. De hecho, los países que más crecen en África, Etiopía, Costa de Marfil o Ruanda, no se caracterizan por ellos.

Es importante continuar en esta línea para garantizar el crecimiento de las distintas economías africanas, asegura AEO 2017. Para ello es muy importante invertir en la industrialización del continente. De ahí, que la gran pregunta que se plantea ahora es cómo pueden los gobiernos africanos diseñar e implementar estrategias efectivas que favorezcan esta industrialización. El informe señala que alrededor de la mitad de los países africanos cuentan con estrategias de desarrollo industrial cuyo objetivo es crear empresas que asuman grandes cantidades de mano de obra para incentivar el crecimiento del empleo.

Sin embargo, siempre según AEO 2017, estos planes a menudo no abordan las necesidades de las empresas que tienen un alto potencial de crecimiento. La capacidad de unificar políticas también es difícil, lo que a menudo resulta en mandatos contradictorios entre diferentes agencias gubernamentales. Por ello, el AfDB anima a los gobiernos a implementar estrategias que eliminen las limitaciones que existen para los inversores de alto potencial. Para ello, demanda un compromiso pleno de los distintos países, liderazgo político fuerte y visionario, coordinación eficiente entre las diferentes agencias gubernamentales y participación activa del sector privado.

Finalmente, el informe señala que para conseguir la industrialización de África hace falta invertir en formación: aprendizajes, formación profesional, capacitación.. para satisfacer las necesidades del mercado de trabajo.

Todo lo que señala el AEO 2017 debe ser verdad, pero este tipo de informes, a pesar de su optimismo, siempre nos dejan un sabor amargo porque siguen pidiendo reformas a los países africanos para liberalizar sus economías, de las cuales siempre los más beneficiados suelen ser los intereses de los países occidentales. En cambio, la aplicación de las medidas neoliberales que suelen acompañar a estas reformas suelen repercutir negativamente en la ciudadanía que no termina de salir de la pobreza a pesar del buen comportamiento de las economías de sus países.