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Por Javier Fariñas Martín
El 8 de mayo se celebra la fiesta litúrgica de los mártires de Argelia. Los trapenses de Tibhirine. Las agustinas misioneras Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín, asesinadas cuando se dirigían a misa. El obispo de Orán, Mons. Pierre Claverie. Así hasta 19. Todos ellos muertos en la década de los 90, durante la conocida como Década Negra, y beatificados en 2018 por el papa Francisco. El cardenal Robert Prevost fue elegido sucesor de san Pedro el 8 de mayo de 2025.
En esta tierra de mártires, de comunidades cristianas minoritarias y de encuentro con la mayoría musulmana, en la tierra de san Agustín, arrancó el 13 de abril el primer gran viaje del papa agustino, de León XIV, en el que habló de diálogo interreligioso, de paz y de convivencia. Durante los dos días que pasó entre la capital y Annaba, la antigua Hipona, se reunió con el presidente del país, Abdelmadjid Tebboune, visitó el Monumento de los Mártires Maqam Echahid o la zona arqueológica de Hipona. En la ciudad de san Agustín, durante la eucaristía que presidió en la basílica dedicada al santo argelino, el Papa se refirió a la importancia de la pequeña comunidad cristiana argelina –«Permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día», dijo durante la homilía– y también palpó su obra sociocaritativa. En la residencia de ancianos que las Hermanitas de los Pobres dirigen en Annaba, el pontífice recordó que «el corazón de Dios está con los pequeños».
En una agenda intensa, que incluyó también una visita privada al centro de acogida de las Hermanas Agustinas Misioneras en Bab El Oued o el encuentro con la comunidad agustina en Annaba, destacó también la visita a la Gran Mezquita de Argel. En su improvisado discurso de respuesta a Mohamed Maamun al-Kacimi, incidió en la importancia del conocimiento mutuo para fomentar el respeto y el diálogo compartido: «Con el espíritu, con este lugar de oración, con la búsqueda de la verdad […] y con la capacidad de reconocer la dignidad de todo ser humano, nosotros sabemos […] que podemos aprender a respetarnos mutuamente, vivir en armonía y construir un mundo de paz».
La población argelina es abrumadoramente musulmana y las comunidades cristianas están formadas, en su mayoría, por extranjeros –trabajadores en multinacionales, personal diplomático y emigrantes subsaharianos residentes en el país o en tránsito hacia Europa–. Los agentes de pastoral, sacerdotes y vida religiosa, también proceden de otros lugares del planeta. Por eso, el encuentro que mantuvo León XIV con ellos en la Basílica de Nuestra Señora de África, en Argel, fue un rico mosaico de orígenes, vivencias y experiencias. Aquí el Papa insistió en la necesidad de la convivencia con la mayoría musulmana con la que comparten el día a día: «La fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer con verdadera fraternidad».
Aunque el Papa insistió en Argelia en la oración [«El diálogo con Dios es un elemento indispensable no solo para la vida de la Iglesia, sino para la de cada persona», dijo en Nuestra Señora de África], o en la importancia de la caridad [«Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios», señaló en el discurso que pronunció a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Centro de Convenciones Djamaa el Djazair], tampoco dejó pasar la oportunidad para denunciar las violaciones del derecho internacional y las tentaciones neocoloniales. En este sentido, en su intervención ante las autoridades locales advirtió que «las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás –y África lo sabe bien– destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que viviéramos juntos».
El presidente Tebboune, que a la llegada de León XIV a Argelia le recordó que el país «ha sido una tierra de armonía, interacción genuina y simbiosis fructífera, que ofrece refugio a los oprimidos, perseguidos y desamparados, defendiendo la sagrada dignidad de la humanidad y apoyando firmemente todas las causas justas en el mundo», despidió al Papa al mediodía del 15 de abril en el aeropuerto Houari Boumediane. En Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial esperaba a León XIV una Iglesia más bulliciosa y multitudinaria. Aquí dejaba una más silenciosa que, al menos por unos días, ha sentido incluso el interés por su presencia y actividad de los medios de comunicación locales. Algo poco frecuente en un país en el que la Iglesia trabaja en voz baja o, incluso, en completo silencio.
Por Leila Zaimi y Sonia Moreno desde Argel (Argelia)
El cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, antes de convertirse en el papa León XIV, ya había estado en Argelia, en 2001 y 2013, para actos relacionados con san Agustín. Sin embargo, es la primera vez en la historia que un Pontífice pisa territorio argelino.
La visita se ha visto en el país mediterráneo como un evento «histórico» y una oportunidad para fortalecer «la cultura del respeto mutuo y diálogo interreligioso», confesó a MN Khaled Bentounès, guía espiritual del camino sufí Alawiya. Este religioso musulmán, que propuso en 2017 a la ONU el Día Internacional de la Convivencia en Paz, defiende que el islam y el cristianismo deben «coexistir pacíficamente» y «construir juntos el futuro», además de aportar «respuestas a un mundo tan debilitado». Tras la visita del Pontífice, Bentounès subrayó la importancia demográfica del continente africano y su papel en el futuro, aunque alertó de «la instrumentalización de la religión al servicio de identidades asesinas».
El país magrebí sufrió durante la década de los 90 el terrorismo islamista que dejó, al menos, 250 000 víctimas –entre ellas los monjes del Monasterio de Tibhirine– y miles de desaparecidos. No obstante, la visita de León XIV transcurrió sin grandes incidentes, al margen de dos jóvenes extremistas de 25 años que no la aceptaron y se inmolaron en una comisaría y delante de un policía –que resultó herido– en la ciudad de Blida. Se trataba de bombas caseras sin ningún grupo terrorista detrás, aunque el Gobierno no ha facilitado información oficial al respecto.
En todo caso, el investigador Abdenasser Smail, autor del ensayo San Agustín, un norteafricano universal, defiende que el cristianismo en Argelia no es «un cuerpo extranjero», cuya historia y existencia «nunca se borraron». «El pasado cristiano sigue aquí. Es discreto, poco demostrativo, pero real. Argelia lo lleva dentro y lo asume», resaltó.
Argelia ya conoció la presencia de los cristianos desde el siglo XI y fue cuna de grandes santos y teólogos que siguen marcando el pensamiento cristiano, uno de ellos san Agustín. En la actualidad, se estima que hay alrededor de 100 000 cristianos, entre ellos 10 000 católicos, con diócesis reconocidas por el Estado. La mayoría son extranjeros, ya que no está permitida la conversión al catolicismo. Por ello, el sacerdote español León Blanco Jesús Manuel, en el país desde hace años, reconoció a MN que la «peregrinación» de León XIV a la ciudad de san Agustín «es una oportunidad que sirve para escuchar al otro. Fundamental para entendernos, perdonarnos y acogernos». El propio Papa destacó que es «una gran oportunidad para seguir tendiendo puentes y fortaleciendo el diálogo». En este contexto de inestabilidad geopolítica, clamó desde Argel que «el futuro pertenece a hombres y mujeres de paz» y que «la justicia vencerá a la violencia».
La imagen en la Gran Mezquita de Argel junto a su imán dio la vuelta al mundo como símbolo y ejemplo de convivencia entre religiones. Incluso, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, escribió en la red social X: «Hacer la paz entre civilizaciones diferentes. Este es el camino de la humanidad».
Fotografía: Alberto Pizzoli / Getty
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