¿Sirve de algo que Marruecos y el Frente Polisario hablen de nuevo?

Marruecos y el Frente Polisario se han vuelto a sentar en la mesa de negociaciones. El pasado 22 de marzo concluía la segunda ronda de conversaciones entre las dos partes en la ciudad suiza de Ginebra. Esta es continuación de una primera acontecida en diciembre y a la que, muy probablemente, seguirá, al menos, una tercera. Hacía seis años que no sucedía algo similar, ¿qué ha cambiado ahora? Posiblemente, este logro tiene mucho que ver con el nombramiento, el 16 de agosto de 2017, del expresidente alemán Horst Köhler como Enviado Personal del Secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental.

 

«Köhler comenzó su misión con una nueva estrategia basada en contactar a todos los actores internacionales que tienen intereses en el asunto: la Unión Africana, la Unión Europea, Francia y España, entre otros», explica Bashir Mohamed Lahsen, periodista saharaui e investigador de la Universidad de Sevilla que se desplazó hasta Ginebra para seguir de cerca la reunión. Esos contactos se tradujeron en el primer encuentro entre las dos partes en conflicto que tuvo lugar, también en Ginebra, en diciembre de 2018. En él, Argelia y Mauritania, países vecinos, estuvieron presentes en calidad de observadores.

Las dos primeras rondas de conversaciones han tenido una agenda muy similar y han servido para romper el hielo. Pero en ningún momento se trató el fondo del conflicto. Se discutió sobre temas más generales, que también hay que tener en cuenta a la hora de buscar soluciones, como la integridad de los países del Magreb, el terrorismo, la inmigración o los desafíos que afrontan los países de la zona. «En definitiva, se trataron asuntos que pueden ayudar en la construcción de la confianza entra ambas partes», afirma el periodista. «Pienso que la estrategia de Köhler consiste en tratar primero los temas genéricos sobre los que ya existe bastante consenso, y dejar para más tarde los temas en discordia que, en definitiva, son las posiciones finales de cada parte». Estos encuentros, también han servido para que Köhler pueda escuchar a todos los implicados. Con la información recogida «podrá elaborar una propuesta que será la base sobre la cual se pueda negociar una posible solución al conflicto saharaui».

«Hay una cosa que me llamó la atención en este último encuentro», comenta Lahsen, que ha cubierto las dos rondas de conversaciones. «Sabemos que la terminología y el lenguaje juegan un rol fundamental, son como un canal de comunicación. En un encuentro de tal envergadura los términos se eligen al milímetro y en la rueda de prensa del ministro de Exteriores marroquí, este mencionó por primera vez, y más de una vez, las palabras ‘referéndum de autodeterminación’ e ‘independencia’. Sin embargo, cuando pregunté al ministro si podemos considerar este detalle como un avance en las negociaciones, él respondió que no».

Ahora, el siguiente paso será una nueva reunión, con un formato similar, aunque todavía no se ha fijado ni la fecha ni el lugar. Este proceso se puede prolongar hasta que el Enviado Personal considere que es el momento para entrar a discutir las cuestiones de fondo. En ese instante se verá si de verdad Marruecos y el Frente Polisario están dispuestos a negociar. No cabe duda  de que la prolongación de la situación actual favorece a Rabat que considera el Sáhara Occidental como una provincia a la que está dispuesto a dar algo de autonomía pero nunca la independencia. El silencio y complicidad de la comunidad internacional, especialmente de países como España y Francia que respaldan al régimen marroquí, también ayudan a que se mantenga el actual statu quo.

Mientras, el pueblo saharaui «está cansado, no solo por las difíciles condiciones en las que vive en los campos de refugiados de Tinduf, Argelia, y la falta de libertades que sufre en las zonas ocupadas, sino también de este proceso infinito en el que lo único que cambia es el nombre de los intermediarios internacionales. Mientras, el sufrimiento en el terreno sigue igual o peor, y eso hace que los saharauis hayan perdido la esperanza en la ONU y en la posibilidad de llegar a un acuerdo de forma pacífica», se lamenta Lahsen. El periodista afirma que cada vez más los jóvenes reclaman la vuelta a las armas, lo que supone «una enorme presión para el Frente Polisario ya que más del 60% de los miembros del Ejército de Liberación Popular Saharaui son jóvenes».

Si de verdad se quieren conseguir avances en este proceso de negociaciones, las dos partes deberían hacer concesiones. Ahí surge la gran pregunta, ¿están dispuestas a hacerlo? Hasta ahora, solo el Frente Polisario parece haber dado algún paso en este sentido al aceptar la Resolución 2440 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de octubre de 2018 que deja claro que cualquier solución al conflicto pasa por reconocer al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación. También ha aceptado que en un eventual referéndum se pregunte por las tres opciones que están sobre la mesa: independencia, autonomía o integración plena con Marruecos.

«Intuyo, y esta es mi opinión personal, que el Enviado Personal va a intentar la vía económica, es decir, una solución que incluya compartir recursos naturales o que el futuro Estado saharaui pague durante años alguna cantidad a Marruecos. Es posible que en las próximas rondas de conversaciones podamos conocer esta propuesta», apunta el periodista.

Al hablar del conflicto del Sáhara Occidental siempre surge la pregunta sobre el rol que España debería jugar. Lahsen opina que debería desempeñar un papel más activo que el que ha tenido desde 1975. «Creo que Madrid debería tomar parte en las negociaciones como observador al mismo nivel que Mauritania y Argelia porque España sigue siendo la potencia administradora del territorio, según la sentencia de la Sala de lo penal de la Audiencia Nacional de 4 de julio de 2014, presidida por Fernando Grande Marlaska, actual ministro del Interior. España debe implicarse más en este tema por su responsabilidad política e histórica pero también por las relaciones culturales que unen al pueblo saharaui con España y porque cualquier futura solución del conflicto afectará a España para bien o para mal».