octubre 13, 2016
Por Sebastián Ruiz-Cabrera
Cuando el padre Mark Desser aterrizó en un viaje fugaz en enero pasado en Madrid, con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera, le sorprendió el frío. En su equipaje llevaba poca ropa para el invierno castizo. Una chaqueta negra de hilo, una barba semipoblada –y canosa– y cuentos del desierto. Es uno de los pocos misioneros que trabajan en Yibuti.








