
Publicado por Autor Invitado en |
Compartir la entrada "«Mi delito es ser una mujer que no teme soñar, en voz alta, con un futuro mejor para Ruanda»"
A principios de este año, mi hijo mencionó mi encarcelamiento durante el Oslo Freedom Forum y más tarde me enteré de que se habían colocado carteles con mi retrato en las paradas de autobús de toda la ciudad. Estoy orgullosa de mis hijos, que defienden la libertad y la justicia, a pesar de que han tenido que hacer enormes sacrificios por tener como madre a una figura de la oposición. Espero que entiendan por qué me siento comprometida con esta misión, aunque nos obligue a vivir separados.
Mantengo el ánimo, pero también temo por mi vida. La reciente muerte de Aimable Karasira, una voz crítica con el Gobierno, ocurrida en una prisión ruandesa el mismo día en que debía ser puesto en libertad, confirma mis temores.
Me pregunto si volveré a ver algún día a mi familia, o si podré volver a hablar con mis hijos y mis nietos. Pero estoy agradecida a todos aquellos que han alzado la voz en mi favor y han reclamado mi liberación. Aunque me llega poca información detrás de estos muros, sé que no me han olvidado, y os lo agradezco de corazón. Hago un llamamiento a todas las personas, instituciones y Estados que creen en la democracia para que se unan a mí y exijan al régimen ruandés que emprenda reformas en beneficio de sus ciudadanos y de toda la región. Creo en un futuro mejor para Ruanda, pero este no podrá construirse mientras las voces independientes sigan siendo silenciadas.
Por desgracia, esta persecución no parece ni nueva ni sorprendente.
Al contrario de lo que indican los cargos, mi delito es ser una mujer que no teme soñar, en voz alta, con un futuro mejor para Ruanda.
Desde mi detención en junio de 2025, mis solicitudes para hablar con mis hijos han sido rechazadas. Solo he podido mantener contactos breves y esporádicos con mi marido, que se encuentra gravemente enfermo. En varias ocasiones, los guardias de la prisión me han confiscado mis documentos, así como los de mis abogados, lo que ha obstaculizado la preparación de mi defensa. Se me ha impedido reunirme con mis coacusados para preparar mi defensa y se me ha denegado el acceso a los servicios religiosos dentro de la prisión –una posibilidad de la que disfrutan las demás reclusas–.
Siempre he sido una persona profundamente creyente. En los momentos más oscuros, saco una gran fuerza de mi fe. Al privarme, durante mi encarcelamiento, incluso de mi derecho a un alimento espiritual, el régimen busca, en mi opinión, quebrantar mi voluntad. Lo que no comprenden es que, cuando uno sabe que su causa es justa, nada puede quebrantarte.
Traducción Juan Carrero
Fotografía: Carla Fibla García-Sala
Compartir la entrada "«Mi delito es ser una mujer que no teme soñar, en voz alta, con un futuro mejor para Ruanda»"