septiembre 20, 2016
Por Chema Caballero
Los pigmeos bakas de Camerún están en la encrucijada. Discriminados y sometidos por el Estado, los pueblos vecinos y las multinacionales extractivas encuentran en la educación una vía segura para mantener su identidad. Moïse Kwanbe y André Mikan avanzan rápidos y sigilosos por la selva. El primero porta un fusil que él mismo ha fabricado y cuatro cartuchos; el segundo un machete. Son las cinco de la tarde pero la vegetación casi no deja pasar la luz y una fuerte densidad cubre todo lo que les rodea. Observan las huellas e indican el camino a seguir. “Hay que escuchar a la naturaleza, esta siempre te guía hasta tu objetivo”, dice Moïse.








