Por Enrique Bayo. En 1996, las Esclavas del Divino Corazón asumieron en Luanda la gestión de la escuelita Santa Teresa. Gracias al apoyo de organizaciones como MANOS UNIDAS, el centro se ha ido dotando de estructuras adecuadas.
Por José Barranco. «Llegué a Ecuador en 1983 y aquí sigo, más de 40 años después. Vine con una ilusión que mantengo, pero siento que mis fuerzas disminuyen y al mirar a mi alrededor veo situaciones que me hacen sufrir».
Por P. Fernando Cortés Barbosa. Yo siempre compraba el pescado sin pesarlo. Me dejaba guiar por las opiniones de los trabajadores de la misión. Como solían favorecer a las vendedoras, terminaba pagando más de la cuenta.
Por Hna. Odette Riad Ibrahim Abdelsayd. «Esta misión de Asuán me está enseñando a entender y a vivir cotidianamente la acogida, la esperanza y la fe, porque veo a muchos niños y niñas cristianos y musulmanes que viven juntos sin hacer ningún tipo de distinción».
Por Hna. Natalia Moratinos. Llegué a Marruecos el año 2000 tras una experiencia de 23 años de vida misionera en plena selva de República Democrática de Congo. Al principio, en Tetuán, me veía perdida y los pensamientos e interrogantes se agolpaban en mi cabeza.
Por Zoé Musaka. «Mi vida misionera al servicio del Señor, que me envía en su nombre, ha estado dividida en dos sectores: evangelización directa entre pueblos de frontera y apoyo en la formación de jóvenes en preparación para ser misioneros combonianos. Estos dos campos me han ayudado a madurar en mi fe cristiana».
Por Hna. Ana Julio Ramujane. Soy mozambiqueña, originaria de la provincia de Zambezia, en el centro del país. Allí crecí, estudié, conocí a las Misioneras Combonianas y decidí hacerme una de ellas al ver su modo de vivir y trabajar.
Por Pedro Pablo Hernández. Soy un misionero comboniano mexicano y la mayor parte de los 20 años que he vivido en Etiopía lo he hecho junto al pueblo guyi.